En Buenos Aires viven 3 millones de personas, a lo que se suman otros 3 millones más que ingresan y egresan a diario. Este no es un dato menor ya que son pocas las ciudades en el mundo que duplican su población todos los días. Administrar sistemas complejos, como el de la movilidad, es una de los grandes desafíos que tienen las ciudades.
El 17 de abril se conmemora en todo el mundo el Día Mundial del Transporte Público, una iniciativa impulsada por la Unión Internacional de Transporte Público (UITP), con sede en Bruselas. Su objetivo es resaltar la importancia de este sector en nuestra vida cotidiana, en el éxito de nuestros ciudadanos, en nuestra prosperidad económica y en el desarrollo sostenible.
El transporte público no es sólo movilidad; es también el desarrollo y la infraestructura que sostiene el crecimiento cotidiano de una ciudad y brinda mayores oportunidades para quienes la habitan. Permite acceder al empleo y a la educación, al mismo tiempo que potencia el entorno urbano. Es la mejor herramienta para integrar comunidades, ordenar el territorio y promover hábitos más saludables. Es un sistema que brinda previsibilidad, autonomía y pertenencia, y funciona cada día gracias al compromiso silencioso de todos los que lo hacen posible.
Ese es el rumbo que ha seguido la Ciudad de Buenos Aires en las últimas dos décadas. Bajo la gestión de Jorge Macri como Jefe de Gobierno, se creó el Sistema Integrado de Movilidad Urbana, donde decantan todas las políticas públicas, para unificar todos los medios de transporte y ver la red como una sola. Además de priorizar este sistema, toma a la seguridad vial y la movilidad sustentable como sus nuevos pilares.
Uno de nuestros grandes hitos es la licitación de la Línea F, actualmente en curso. Hace casi 25 años, que la Ciudad de Buenos Aires no iniciaba un proceso de esta magnitud. Esta nueva línea será la tercera que unirá el Sur y el Norte de la Ciudad, junto con las C y H. Está proyectada para transportar a casi 350.000 pasajeros diarios y conectar con las restantes 6 líneas de subte, consolidando una red en forma de malla conectiva, siguiendo modelos de las grandes capitales del mundo.
Con la mirada puesta en la sustentabilidad, también se puso en marcha el Sistema TramBus. Sus unidades, 100% eléctricas, combinan tecnología de vanguardia: son silenciosas, con un diseño moderno y un equipamiento que garantiza seguridad vial y confort. Estos buses circularán de manera más ágil por carriles exclusivos, y contarán con prioridad, con un sistema que detecta su aproximación para prolongar la luz verde a su paso.
La electromovilidad es uno de los grandes desafíos urbanos de la próxima década, y Buenos Aires decidió abordarlo con reglas claras y visión estratégica. A través de una nueva normativa y del programa Electromovilidad Porteña se facilitará el despliegue de infraestructura de carga en el espacio público mediante la articulación con el sector privado.
Mientras las empresas invertirán, instalarán y mantendrán los cargadores, el Gobierno porteño fijará los estándares técnicos, brindará permisos y ordenará el territorio. Para los próximos dos años se prevé la instalación de 400 puntos de carga en estaciones de servicio, garajes comerciales, parques, plazas y frente a edificios públicos de la Ciudad.
El microcentro porteño, conocido por su intensa actividad comercial y su vibrante vida urbana, experimentó una transformación sin precedentes a raíz de la pandemia. El auge del teletrabajo, y por lo tanto la reducción del flujo de personas, dejaron un vacío notable en esta zona emblemática. Sin embargo, entendiendo que en cada desafío reside una oportunidad, hoy, Buenos Aires tiene la posibilidad de revitalizar su corazón urbano con una iniciativa innovadora: la implementación de un e-Bus.
La electromovilidad es uno de los grandes desafíos urbanos de la próxima década"
Estos buses ofrecen una solución ideal para el Casco Histórico, al proporcionar un medio de transporte limpio, eficiente y silencioso. Al no generar emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), contribuyen significativamente a la reducción de la huella de carbono de la Ciudad.
Según el Instituto de Recursos Mundiales (WRI), el transporte representa el 25% de las emisiones de GEI a nivel mundial, y en las áreas centrales de las grandes metrópolis, esta cifra puede ascender hasta un 40%.
Otro engranaje esencial del transporte público porteño son los colectivos. A partir del acuerdo alcanzado con el Gobierno Nacional en septiembre de 2024, acordamos que la Ciudad asuma la competencia total de las líneas que operan exclusivamente dentro de su territorio. Esto incluye el control, gestión de subsidios, fijación de tarifas y definición de recorridos. Significa un salto de calidad para los usuarios que se mueven en unidades más modernas, seguras, multipago y tarifa integrada.
¿Qué pueden hacer las ciudades para mitigar y adaptar los efectos del cambio climático?
De esta manera, las 27 líneas y los casi 1.400 colectivos que circulan a diario por la Ciudad, han optimizado sus recorridos y frecuencias. Esto permitió un ahorro de dinero para los contribuyentes, pues logramos que la Ciudad abone subsidios exclusivamente a los pasajeros transportados, con el sistema de demanda. Dejando atrás el antiguo sistema de oferta que subsidiaba la cantidad de viajes realizados, generando una mala administración de los recursos.
Así, Buenos Aires se alinea con las tendencias globales en movilidad, impulsada por el Jefe de Gobierno, Jorge Macri. Simplificar los viajes cotidianos, acercar hogar y trabajo en una ciudad policéntrica y aprovechar la tecnología y la innovación para una mayor eficiencia, que ya no es una opción, es un compromiso. Porque cuando el transporte público mejora, mejora la calidad de vida de todos.