OPINIóN
Balotaje 2023

El voto en blanco es jurídicamente válido

Lejos de debilitarla, el voto en blanco “robustece a la democracia”. Es un derecho del ciudadano y tiene plena validez jurídica. Representa la insatisfacción de quien, cumpliendo con su deber constitucional, decide no votar positivamente por ninguno de los dos candidatos.

Voto en Blanco
Voto en Blanco | Agencia Shutterstock

En toda elección presidencial, surgen temas vinculados con el derecho constitucional. En los debates en los medios de comunicación como en las charlas de café, se explica el sistema de balotaje que incorporó la reforma de 1994 a nuestra constitución.

Se trata de una modalidad diferente a la del balotaje clásico de cuño francés. Este último requiere que, para que un candidato o fórmula ganen en la primera vuelta, uno de ellos obtenga la mayoría absoluta de votos, esto es el cincuenta por ciento más uno de la totalidad de los sufragios emitidos. En otros países que lo han adoptado, el cálculo se toma sobre el padrón electoral.

En otro orden, hoy se discute cuál es la consecuencia de quienes no votan o lo hacen en blanco o cuando se anulan votos. Aparece la necesidad de saber si en estos casos el efecto es neutro.

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Frente a los comicios, algunos manifiestan solapadamente que quien vota en blanco no estaría haciendo un aporte para el sostenimiento de la democracia representativa. Disentimos con esta opinión.

El voto en blanco es jurídicamente válido

El voto en blanco es un derecho del ciudadano y tiene plena validez jurídica. Representa la insatisfacción de quien, cumpliendo con su deber constitucional (recordemos que sufragar es un derecho/deber) de ir a votar, lo hace “en blanco” es decir, en esta instancia de balotaje decide no votar positivamente por ninguno de los dos candidatos que han llegado a “la final”.

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A nuestro entender,  esta actitud, lejos de minar la democracia o de no sostenerla, la está robusteciendo y lleva implícito un mensaje a las autoridades y a los dirigentes políticos y partidarios (formulamos esta aclaración porque algunos candidatos no tienen partido): la oferta al pueblo debe ser mejor, integral y más completa (nótese que, de entre los dos candidatos posibles para el 19 de Noviembre próximo, uno tiene una carrera académica y profesional – en la actividad privada -, que podríamos considerar respetable, pero casi nula experiencia estatal, y el otro tiene una trayectoria de años en los más altos cargos elegibles del Estado, pero casi nula experiencia en la actividad profesional en el área privada y ninguna en el área académica).

Por eso consideramos que, votar en blanco implica un acto de civismo que expresa un profundo descontento por quienes siendo parte del pueblo proceden de esta manera con los dos candidatos “en danza”.

La crítica también la hacemos extensiva a la idea que se plasma en la frase: hay dos formas de NO elegir gobernantes, una es absteniéndose de ir a votar (sin sanción en la práctica, agregamos, cuando debería haberla, excepto que la misma sea justificada. Así está previsto normativamente y debería cumplirse) y la otra es votando en blanco o haciendo de tal modo que ello lleve a que la autoridad competente luego lo anule.

También disentimos con esta idea. Votar en blanco expresa la indignación y ofuscación de una parte del pueblo para con los candidatos que las fórmulas ofrecen. Puede leerse como una especie de advertencia, que podría traducirse en: me encanta la democracia, no me gustan estos candidatos y no estoy obligado, bajo ninguna interpretación, a votar, sí o sí, por uno de ellos. 

Lejos de constituir un “error cívico”, votar en blanco es un derecho inalienable de los ciudadanos y colabora a construir civismo. Votar en blanco es un verdadero ejercicio del derecho subjetivo a sufragar.

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La Cámara Nacional Electoral, en relación con el voto en blanco, ha sostenido que es “una herramienta con la que cuentan los electores para manifestar su disconformidad con todos los candidatos y con las propuestas formuladas por los partidos políticos”.

Por los argumentos vertidos concluimos que votar en blanco fortalece la democracia, es un mensaje para la clase  política y constituye un modo, quizás indirecto, para reavivar la vida interna y los debates dentro de los partidos políticos, para revitalización del rol que tienen de formadores de cuadros políticos.

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El voto en blanco es cívicamente consistente, ya que tiene por objetivo mantener la vigencia de la democracia representativa, pero elevando la vara, a través de una muestra cabal de descontento, en cuanto a las cualidades (políticas y morales – no agregamos profesionales -, porque un candidato idóneo podría no tenerlas) de los postulantes.

En suma, lo que cuenta en una democracia constitucional es manifestarse, ya sea votar por una de las opciones que se ofrecen o haciéndolo en blanco.

Tildar a quienes se comportan de esta manera de “traidores a la patria”, es una forma de macartismo, fenómeno que nos remonta a momentos muy oscuros. Recordemos que así fueron consideradas figuras de la estatura de Charles Chaplin, Ingrid Bergman y Arthur Miller, entre muchas otras luminarias de la historia de la cultura universal.

No es aceptable caer en tan baja actitud en nombre de la democracia, cuando en realidad se la está desconociendo.

* Abogados