OPINIóN
El más freudiano

Jacques Lacan, el apasionado que convirtió el piscoanálisis en una lectura de la civilización

El 13 de abril de 1901 nacía Jacques Lacan, el más “oscuro” de los psiquiatras del siglo XX, cuyo único propósito, sin embargo, fue rescatar al psicoanálisis del oscurantismo al que lo habían sumido los postfreudianos.

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Lacan. Definió la “pasión por la ignorancia” de quienes no quieren saber las causas de su padecer. | cedoc

En 1938, el ascenso del nazismo obligó al Dr. Sigmundo Freud, judío austríaco residente en Viena, a exiliarse en Londres, donde murió. En 1932 el Dr. Jacques Lacan, joven psiquiatra, había publicado en París su tesis de doctorado sobre un caso de paranoia. 

Llamado al frente, después de la Segunda Guerra Mundial prosiguió una intensa formación en el campo de la filosofía y las ciencias. Miembro de la Sociedad Francesa de Psicoanálisis inició, en 1955, en su 1º seminario público, una lectura de los textos de Freud como jamás se había hecho antes, Retorno a Freud.  Sus consecuencias, desplegadas en las enseñanzas hasta su muerte, transformarían la teoría del psicoanálisis y la práctica de los analistas.  

Ante la invitación de la Clarck University y frente a la célebre estatua que ilumina al universo, Freud le dijo a Carl Jung: “No saben que les traemos la peste”.  

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Lacan advirtió que Freud se había equivocado ya que creyó que el psicoanálisis sería una revolución para América cuando en realidad fue América la que devoró su doctrina retirándole su espíritu de subversión. 

El deseo de Lacan consistió en reintroducir “esa plaga” en el espíritu de un freudismo aletargado que, después de haber sobrevivido al fascismo, se había adaptado al extremo de olvidar la virulencia de sus orígenes.  

Poco ya quedaba de la idea de su mentor, quien expresaba en esta frase la connotación inquietante de su descubrimiento: “Si los dioses no se dejan doblegar apelaré al infierno”.  Lejos de su afinidad con esa gesta, el psicoanálisis se había puesto al servicio de una adaptación al orden vigente tan duramente criticado por Freud. 

Al gran pueblo, argentino, ¡salud (mental)!

Lacan considera que ese hecho no obedece solo a un avatar coyuntural; el psicoanálisis está amenazado desde su nacimiento mismo y diría que toda su enseñanza parte de no haber olvidado nunca este principio. Cuanto mayor es la fuerza de una verdad, mayor será la fuerza que intentará ahogar esa verdad para transformarla en un saber digerible, compresible, liviano, fácil. 

 

Jacques Lacan, un apasionado 

Lacan quiso que su escritura no fuese un hueso sencillo de roer como no lo es nuestro inconsciente, como no lo es nuestra singularidad allí donde el mercado pretende hacernos domesticables, subordinables. A Lacan se lo acusa de críptico, de barroco, no se entiende que su propósito de que el psicoanálisis  no fuese amordazado por el saber libresco hizo a un estilo no fácilmente comprensible. 

Se lo tilda de oscuro, cuando su propósito más acuciante fue justamente el de rescatar al psicoanálisis del oscurantismo al que lo habían sumido los postfreudianos, liberar los conceptos del embrollo sombrío en el que estaban sumidos, conmover la comodidad intelectual del silencio de las verdades no discutidas. La obra de Lacan florece en la aurora, es en el debate de las luces que interpela a los analistas a demostrar las razones de su práctica.

Sigmund Freud
Jacques Lacan desarrolló una escuela propia para rescatar el auténtico Sigmund Freud.

Mucho puede decirse de las grandes influencias que habitan en su obra: fue un excelente psiquiatra formado con la mejor tradición francesa representada por Clérambault, fue un lector detallista de la obra de Freud al extremo de encontrar aristas insospechadas en esa obra, se codeó con los surrealistas, apreció la tradición de los moralistas humanistas, conoció muy bien la modernidad filosófica de la mano de Koyré y de Kojève. 

Lector infatigable, hombre ávido, curioso, hizo de ese apetito una pasión. Se interesó por Occidente y aún más por Oriente, por la historia y por los saberes de su época, a punto tal que pueden reconocerse infinidad de  improntas en su obra, camino que considero infructuoso si se elide el voto que las convoca: que el psicoanálisis tuviese una incidencia en la cultura que sobrepasase su lugar como tratamiento curativo de las neurosis para poder afirmarse como una lectura de la civilización que trazase su marca en ella. 

Sus detractores lo acusan de infidelidad respecto a los autores citados, de poca rigurosidad respecto al real contenido, de traición en suma. Pero es que no se tiene en cuenta que Lacan no quería ser un profesor y que tampoco circunscribía su lugar como analista a los confines del consultorio.

 

Psicoanálisis, una lectura de la civilización

Así, su lectura de los textos guarda proximidad con la de un relato clínico donde encuentra un dicho que sobrepasa lo que se intentaba decir. Lacan interpretó la cultura desde el psicoanálisis y para poder hacerlo tuvo siempre muy claro que no debía ser reabsorbido en ella, diría que se identificó  con la esencia del psicoanálisis mismo. 

Fue expulsado de la Asociación Psicoanalítica Internacional por haber cuestionado hasta qué punto los encuadres vigentes atentaban contra los principios mismos del psicoanálisis. 

“Soy freudiano -decía Jacques Lacan- a ustedes les tocará ser lacanianos”

Fundó una Escuela que quiso fiel a esos principios, inventó un dispositivo llamado "pase” con el objetivo de que aquellos que atravesaron una experiencia analítica testimoniaran de sus efectos, ambicionaba que esos relatos enseñasen que esa experiencia no se yergue en lo incognoscible y que puede demostrarse, en un acercamiento al orden científico que la cura no es ajena a la lógica ni opuesta al rigor. 

Lacan
Jacques Lacan fue el lector más fervoroso de la obra de Sigmund Freud.

Disolvió su Escuela cuando la vio alejarse de estos principios, amaba el psicoanálisis por sobre todo y no iba a renunciar a él en aras del confort, ese confort que según sus palabras era la raíz de toda corrupción.  

El 23 de septiembre de 1939 murió Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis

“Soy freudiano -decía- a ustedes les tocará ser lacanianos”. Miller encarna ese “ustedes” y es –sin duda- su mejor intérprete. Sus oponentes lo acusan de haber simplificado la enseñanza de su maestro, de haberla aclimatado para volverla accesible. 

Creo que más bien Miller combate a ese lector que sólo tomó de esa enseñanza un aforismo al extremo de repetirlo a cuatro vientos. Miller nos lleva a leer a Lacan a partir de sus preguntas, lejos de haber simplificado a Lacan, nos muestra a un Lacan que se da réplica a sí mismo y no al profeta que clama sus certezas.

*Analista Miembro de la Escuela de la orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis