martes 28 de junio de 2022
OPINIóN Hartazgo y hastío

Seguridad pública: "El valor de la palabra"

Es muy importante para toda esa población ocupada en esquivar balas y de sobrevivir al sacar la basura a la calle o salir con su motito, el valor de la palabra de nuestros políticos y de aquellos con cargos ejecutivos en la seguridad pública.

12-11-2021 07:00

A lo largo de los años, en mejores y peores épocas económicas del país, hemos asistido a diferentes ideas políticas encabezadas por los mas diversos dirigentes elegidos democráticamente.

Hemos tenido la suerte y supimos construir una democracia que, aun joven, sigue enraizando con la tierra para hacerse cada vez mas fuerte, aun a costa de los yerros magnánimos en diversos órdenes que han tenido nuestros dirigentes.

Todos tenemos algo o muchas cosas que festejar, como así también muchas otras de que quejarnos a lo largo de nuestras vidas. Uno puede estar contento o alegre por cosas que le suceden, cuando la misma situación a otra persona no le causa alegría ni regocijo. Diría mi abuela, todo es cuestión del cristal con que se lo mire.

Pero, qué sucede cuando algo nos alegra a todos o casi todos por igual, o nos enoja o indigna también a todos o casi a todos de la misma forma y al mismo tiempo.

Quién es responsable de la seguridad

Podemos poner sobre la mesa los más diversos temas a consideración de la sociedad. Salud, Economía, Trabajo, Educación, Inflación, Política Exterior, Seguridad, etc., etc.

No hace falta decir que como grandes opinadores que somos, tendremos las más variadas posturas sobre los temas mencionados. Porcentajes a favor, porcentajes en contra, sostenidos por ideas acorde a situación y vivencias de cada uno.

 

Seguridad pública: hartazgo y hastío

Ahora asistimos a una situación de hartazgo, entendido la misma como sufrir una mala situación repetida en exceso, o hastío entendiéndose como disgusto, cuando las situaciones que causan ese hartazgo no son atendidas o la atención que le dan no es la debida y complica a toda la población en general, sin distinguir unos de otros.

En unión y comunión observamos en las últimas décadas la degradación de la seguridad pública, por donde se lo mire. Cada funcionario escribía en su librito aquello que consideraba hacer con las fuerzas de seguridad, con el delito, con el narcotráfico internacional, con el narcomenudeo, etc etc.

Generalmente ese librito no traía nada escrito, ninguna historia ni reglas a seguir, ni hacía mención de procesos exitosos de seguridad en América Latina. No hace falta, somos autodidactas y así nos va.

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Sería muy desconsiderado decir que la inseguridad arrecia en todo el país. Eso no es así. Hay amplias y hasta nefastas diferencias entre lo que pasa en provincias del sur o del norte de nuestro país con Buenos Aires y el Gran Buenos Aires. En aquellas lejanas, recordar la pérdida de vida de un policía en acto de servicio, debe ser tarea de muy memoriosos, o ver un asalto a comercio o Kiosco con pérdida de vida de un ciudadano a manos de delincuentes, casi inexistente.

Esa sensación de dolor de no sentirse cuidados y protegidos, sumados a la Percepción de captar que uno puede ser un futuro habitante del cementerio si la lotería delictual le canta bingo, produjeron el estallido y desahogo del ciudadano común, ocurrido en Ramos Mejía, La Matanza.

Esa juntada espontánea de doña Rosa, con comerciantes, profesionales, padres, hijos y madres de familia,  etc, pareciera decir Nunca Más. No más. Basta de atropellos e inacción. Basta de palabras huecas de funcionarios (funcionales a sus intereses) que hablan de narcotráfico sin combatirlo, que hablan de combate al delito sin tener un Plan de Seguridad y Convivencia.

Nadie acepta más, el ciudadano del común ya no lo acepta, que, a lo largo de todas estas últimas décadas en la Provincia de Buenos Aires, la seguridad se halla usado como herramienta política, existiendo más política con la seguridad que políticas profesionales en seguridad, que gobierno tras gobierno se entregue una peor seguridad pública o policía que la que se recibió. 

El Estado y las respuestas a la demanda de seguridad

Que aquellos que ocupan cargos ejecutivos no se hallen preparados para ello, que no sean coherentes, que se cierren los ojos al tráfico de cocaína, que subvierte valores, corrompe a la tríada Judicial, Política y Policial, y que tanto daño hace muy especialmente a los jóvenes.

Los narcos no están regresando como escuchamos por ahí, porque en definitiva al centrarnos en el narcomenudeo en esta provincia, nunca logramos sacarlos de escena, ni siquiera les complicamos el negocio. Los jefes de los clanes siguen exportando desde nuestro país toneladas y toneladas de cocaína a Europa y Oriente, que pasan por aquí ante nuestros ojos, bien cerrados.

Es muy importante para toda esa población ocupada en esquivar balas y de sobrevivir al sacar la basura a la calle o salir con su motito, el valor de la palabra de nuestros políticos y de aquellos con cargos ejecutivos en la seguridad pública.

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Ramos Mejía, La Matanza, no se puede convertir en Fuenteovejuna. No dejemos que eso pase. Contengamos a los vecinos, demos respuesta, entendamos el dolor de esos ciudadanos angustiados, que quieren seguir viviendo en paz, sin miedos, antes que ellos mismos den paso a los sistemas duales de seguridad, ya que si siguen observando que el estado nos los cuida ni protege, tomarán la seguridad en sus manos y aplicaran equivocadamente justicia callejera. No falta nada para que eso suceda.

Acerquemos las fuerzas de seguridad a la población. Están alejadas de ella, aun siendo parte, ya que son una institución “civil” armada que en forma proactiva debe velar por nuestras vidas y nuestros bienes. Claro, el robo o apoderamiento de banderas en las que se escriben lágrimas de dolor, no ayuda a ese acercamiento.

Las convocatorias genuinas y espontáneas tienen que llamar la atención de las acciones de los funcionarios y de los políticos en general. El pueblo sabe a quién reclamar, y no es justamente a la policía en general. Ramos Mejía, gritó. Escuchen y entiendan.