OPINIóN
ECONOMISTA DE LA SEMANA

La política, el principal problema de la economía

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Ruidos. Hay oportunidades económicas para la Argentina pero se dilapidan. | cedoc

En un contexto internacional complejo, donde el foco en el covid pasó a la guerra de Rusia contra Ucrania, la Argentina permanece en las mismas recetas que ya fallaron. A poco más de un año de las elecciones presidenciales, es difícil advertir señales positivas en cuanto a inversión empresarial, aumento del empleo genuino y, lo más palpable, un descenso de la inflación.

Despejada la incidencia del covid en la economía mundial, no puede cantarse aún victoria. Todavía hay países con problemas severos. Aparece en el horizonte un shock sobre el sistema, como es el enfrentamiento militar de Rusia con Ucrania. Este pareciera ser un conflicto de larga duración, donde Rusia −el país invasor− lleva la delantera por su poderío militar.  

Se ha revitalizado en estos días una disciplina aparentemente pasada de moda y muy asociada al mundo militar: la geopolítica. Alianzas, intereses comunes, tratados de apoyo, cuestiones de territorio, geografía que importa, etcétera, complementan en estos tiempos las charlas de economía a empresas.

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El conflicto hasta ahora impacta en nuestro entorno por el precio de los granos al alza y por la energía más cara. Este segundo punto está afectando recientemente −y con consecuencias graves− al mercado del gasoil, clave en el interior, ya que es un insumo crítico para la cosecha y las diversas labores del campo. Se está armando la “mesa del gasoil”, como en los 80 se constituyó la denominada “mesa del crudo”, administrada por YPF.

La situación económica es crítica: estamos con una inflación que tiende al 75% en el año, con una actividad medida entre puntas en 2022 muy acotada. El Ejecutivo parece muy confundido, con un sistema decisorio trabado por la dinámica de las internas políticas y de poca claridad en cuanto al rumbo. En vez de dinamizar la innovación y la inversión del sector privado sigue dando señales antiempresariado, que declaman como anticapitalistas. Con este estilo se abroquela en el conurbano profundo −donde están los votos− y pierde el apoyo de espacios como el de emprendedores, muchos de ellos fijando destino en Uruguay para evitar el impuesto a la riqueza de los bienes que tienen en el extranjero.

La economía actual, jaqueada por la política. Es un lugar común en la economía argentina su condicionamiento político. Para el caso del oficialismo, la ruptura Juncal-albertismo es notoria, influye en el primer nivel decisorio y en las decisiones de los ministerios que están loteados: hay competencia de espacios al interior de la gran coalición que es el Frente de Todos. El ala que no interviene en estas disputas se expresa −entre otros− por Sergio Massa, clave en el Gobierno por su cargo en Diputados y por contar con propia tropa. Las expresiones lógicas de centro, con un peronismo federal que asomaron con Manzur, están opacadas. El jefe de Gabinete no está en el centro del ring. Los potenciales hombres fuertes del justicialismo federal se recluyen en sus provincias mostrándose poco y sin un proyecto nacional que sea agenda de gobierno: los Schiaretti, los Uñak, entre otros. ¿Quién ganará las PASO en el Frente? ¿Una expresión K? ¿Alberto con su vocación de permanencia? ¿Algún peronista de centro? ¿Massa? Final abierto. Es claro que Cristina querrá seguir teniendo fueros y es probable que vaya como senadora por la provincia de Buenos Aires. Kicillof es un candidato ideal para ella, pero se ha desgastado con una gestión oscura. No aparece un candidato nítido del Frente. Cristina podrá disputar la presidencia, pero ha perdido popularidad y tiene mucha imagen negativa.

En Juntos, muchos candidatos disputan el 23. Lo más claro desde el PRO es el propio Macri con señales ambiguas, pero con ganas de jugar el segundo tiempo: una revancha para un futbolero de alma como el ex presidente. Bullrich ha crecido, es sólida y no le saca el cuerpo a la jeringa. Larreta es candidato natural por su alta exposición a cargo de una Ciudad de Buenos Aires bien gobernada con un estilo de empresa de servicios. Santilli es un cuadro últimamente más apagado. Está siempre Vidal, coherente, pero con menos pilas.

Desde el radicalismo, Gerardo Morales es el más activo en mostrarse en la cancha. Otros nombres aparecen para el 27 con proyección como Lousteau, de Evolución, o como Cornejo. Manes es otra incógnita de cuánto puede tallar en el 23, fue buena su elección de fin de año de medio término, pero no se le caen ideas novedosas, repite lo mismo en su argumentación. Asumo en este análisis que la Coalición Cívica está en baja por el retiro sui generis de Elisa Carrió, la líder del partido y pieza medular en que haya una alternativa electoral al kirchnerismo. Hay diez personas idóneas para pelear el sillón de Rivadavia en Juntos, más potencial que el del Frente, pero no es bueno que tengan tanta interna sin un proyecto común.

Fuera de esta suerte de bicoalicionismo que ya no es bipartidismo −el clásico UCR-peronismo o aun antes conservadores y radicales− cabe considerar otros espacios. La izquierda está fuerte en el país con alta capacidad de movilización. Sacó en medio término más votos que el liberalismo, que es otra fuerza en ascenso que contrasta con el esquema regulatorio existente, asfixiante para la actividad privada. Es valioso el aporte de Milei, en este sentido, con un discurso de estilo marxista por lo binario y elemental, preparado, mediático en una campaña hecha íntegra desde la televisión. Se cumplirá seguramente el teorema de Baglini mientras Milei se vaya acercando a posiciones de mayor poder. Si Milei entra en el Conurbano movilizando jóvenes pobres es una cuestión política para seguir muy de cerca. Entraría por cuestionamiento a la política y no por ideas que seduzcan a los pobres de la villa que quieren básicamente comer mejor y educarse y no leer a Von Mises o a Hayek.

Variables que no mejoran. La inversión y el empleo privado son dos indicadores, junto con la inflación, de que está herida la economía. Sin que se haya desatado una crisis, se procura llegar a la orilla que son las elecciones para en todo caso, en un segundo gobierno del Frente, corregir el rumbo. Ya se verá con qué candidatos.

La inversión externa directa complementa, pero suma poco en el total: la inversión china es particularmente relevante. El consumo sigue flojo dado que el salario real está en un tobogán en los últimos 6 años y no recupera terreno. La inflación, que se proyecta en 75% para 2022, en marzo da muy alta y destruye el consumo real. Las paritarias, que se han adelantado, siempre corren de atrás. El Gobierno quiere hacer crecer las exportaciones, pero es meramente voluntarista si no se toman medidas que incentiven la venta al exterior de bienes y servicios. Sería deseable ahora mismo exportar mucho gas por el contexto internacional, pero no es viable por la falta de infraestructura para sacar el gas de Vaca Muerta que es un proyecto que marcha lento por la falta de un marco jurídico estable y promercado. De hecho, se necesita importar gas.

El oficialismo tratará, en esta carrera por la presidencia, de no tocar tarifas y muy poco el dólar oficial. Este debate es un clásico y el populismo cambiario se impone: el retraso cambiario es la receta tradicional que Cristina empujará a fondo. Esto sigue haciendo funcional al cepo, que por ahora llegó para quedarse.

El tema energético es crítico y son una novedad para la coyuntura −desde los cortes eléctricos de Alfonsín a los hogares− los faltantes graves de gasoil que perjudican principalmente al campo. En lo referente a gas se prevé el corte a las industrias, una restricción a la oferta increíble para un país que flota en gas desde 1978, primero con el descubrimiento de Loma de la Lata y después con el yacimiento de Vaca Muerta.

No hay margen para ninguna reforma estructural, para nada que suene a política de shock: falta confianza en los mercados y en el Gobierno. La Universidad Di Tella, que lleva índices de consumidor y de gobierno, los observa dentro de lo peor de la serie. Se percibe mucho pesimismo a futuro, a 12 meses vista la visión es dura.

Para bajar la inflación, que es hoy el principal problema porque genera voto castigo, lo más práctico es independizar el Banco Central del Ejecutivo, como recientemente reafirmó Perú. En Argentina insiste el diputado Martín Tetaz en este esquema. Es una decisión que requiere mucho consenso.

Como conclusión: dentro de una mirada política no es viable adelantar la entrega de mando como plantea Castells ante la inoperancia de Alberto Fernández.  Es clave aprender de los seis países exitosos de la región en macro e instituciones. No hay que mirar Europa ni a los Estados Unidos: el objetivo es la región donde muchos lo están haciendo bastante bien.

*Director del área económica del IAE Business School, escuela de negocios de la Universidad Austral.