OPINIóN
Frustración y falsas expectativas

La volatilidad “animal" de la economía argentina

La tensión entre “equilibrio social y el equilibrio macroeconómico” puede vincularse con la perspectiva de Daniel Heymann sobre las expectativas surgidas en “contextos inestables”. Los autores aportan un nuevo enfoque centrado “en el conflicto distributivo estructural”.

La ballena de Daniel Heymann
La ballena de Daniel Heymann | MPRA

Este artículo discute la inestabilidad macroeconómica argentina a partir de dos enfoques complementarios. Por un lado, retoma la perspectiva de Daniel Heymann sobre la formación de expectativas en contextos inestables y la toma de decisiones en base a percepciones que pueden malinterpretar las tendencias macroeconómicas de mediano plazo.

Por otro, introduce nuestro enfoque centrado en el “conflicto distributivo estructural”, que destaca la tensión entre un equilibrio social —asociado las aspiraciones de bienestar de los sectores populares— y el equilibrio macroeconómico. El trabajo busca vincular ambos enfoques en la interpretación de los ciclos de la economía argentina y sus recurrentes crisis desde mediados del siglo XX.

Desde mediados del siglo XX, la economía argentina se ha caracterizado por una inestabilidad macroeconómica persistente, marcada por ciclos de expansión acelerada seguidos por contracciones bruscas, muchas veces en forma de crisis cambiarias, financieras y/o fiscales.

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El crecimiento sostenido ha sido la excepción, no la regla. La inflación crónica, los desbalances externos recurrentes, los problemas de deuda soberana y la volatilidad del tipo de cambio real —que durante muchas décadas fueron común entre los países latinoamericanos— continúan siendo parte del día a día de nuestro país.

Los macroeconomistas argentinos hemos intentado ofrecer explicaciones a estos fenómenos y su recurrencia. Las contribuciones han sido muchas y muy variadas, pero solo unos pocos han conseguido la atención de la mayoría. Dentro de ese selecto grupo está Daniel Heymann.

Con su obra, Daniel nos ayudó a entender el delicado entramado de la toma de decisiones de los individuos, su interacción y el resultado agregado, y mostrarnos cómo las limitaciones cognitivas de los agentes, los costos de recolectar y procesar información, así como las fallas de coordinación de decisiones individuales aisladas, pueden explicar la volatilidad y las crisis más allá de apelar a shocks inesperados. Este artículo busca dialogar con la obra de Daniel.

Discutimos dos formas, probablemente complementarias, de pensar la excepcional volatilidad macroeconómica argentina. Por un lado, la explicación heymanniana, basada en agentes que forman expectativas en contexto de alta inestabilidad y toman decisiones que muchas veces se basan en percepciones erradas de las tendencias macroeconómicas.

Por otro, nuestro enfoque centrado, no en los errores de percepción individuales, sino en el conflicto distributivo, poniendo el foco en la tensión entre aspiraciones de bienestar material de los sectores populares de la sociedad y la capacidad productiva de la economía para satisfacerlas.

Creemos que la comparación de los dos marcos analíticos puede contribuir a un entendimiento más rico de la persistente y marcada volatilidad macroeconómica que ha mostrado la Argentina a lo largo de casi un siglo, y acentuadamente desde el último cuarto del siglo XX. El artículo está estructurado de la siguiente manera.

El 'conflicto distributivo estructural' destaca la tensión entre un equilibrio social —asociado las aspiraciones de bienestar de los sectores populares— y el equilibrio macroeconómico"

En la sección que sigue a esta introducción, reconstruimos el contexto teórico en el que se inscribe la obra de Daniel Heymann y presentamos sus principales aportes al análisis de la volatilidad económica argentina. En la siguiente, introducimos nuestro enfoque del conflicto distributivo estructural y explicamos cómo se relaciona con los fenómenos de apreciación y crisis cambiaria observados a lo largo de la historia económica argentina. Finalmente, cerramos con algunas reflexiones sobre las aspiraciones sociales en la Argentina y su posible vínculo con la inestabilidad crónica del país.

La volatilidad y crisis en Argentina: Daniel Heymann y sus “animales” Se dice que la obra de un autor deja de pertenecerle una vez que encuentra un lector. Muchos lectores buscan ser lo más fiel posible a lo que el autor “realmente quiso decir”. Otros usan su obra como inspiración para pensar, dejando en un segundo plano si su interpretación es la “correcta”.

Nosotros pertenecemos al segundo grupo. Para nosotros no hay un solo Daniel Heymann, sino muchos. Este es el nuestro. La historia que queremos contar comienza entre fines de los años setenta y principios de los años ochenta.

En esa época, la teoría macroeconómica estaba experimentando una transición desde la síntesis neoclásica-keynesiana, desarrollada centralmente por Hicks, Samuelson, Modigliani y Tobin, hacia la revolución de las expectativas racionales liderada por Lucas, Sargent, Kydland, Prescott y Barro. La punta de lanza de esta transformación es la crítica de Lucas (1976), que cuestiona la validez de los modelos macroeconómicos tradicionales para evaluar políticas económicas: las relaciones empíricas que surgen en estos modelos —como la curva de Phillips— no están sustentados por parámetros estructurales (deep parameters), sino que dependen de las reglas de política vigentes y, por lo tanto, se alteran cuando cambian dichas reglas.

La revolución teórica que nace con Lucas promueve que los nuevos modelos estén “microfundamentados”: el comportamiento agregado debe derivarse explícitamente de decisiones optimizadoras de agentes representativos bajo restricciones bien definidas y con expectativas racionales.

El supuesto de las expectativas racionales es clave en esta historia. Parte de la idea de que los agentes económicos, al tomar decisiones, utilizan toda la información disponible de manera eficiente y, más importante aún, conocen el verdadero modelo que gobierna el funcionamiento de la economía.

No se trata simplemente de que anticipen el futuro con precisión, sino de que sus errores sean, en promedio, no sistemáticos: no hay sesgos persistentes en sus previsiones.

Bajo este nuevo paradigma teórico, el comportamiento macroeconómico es derivado de decisiones deliberadas (goal-oriented), coherentes y consistentes intertemporalmente, en el que la inestabilidad no resulta de errores sistemáticos en la formación de expectativas ni de fallas en la coordinación de decisiones individuales tomadas de forma aislada, sino de cambios exógenos en los parámetros del modelo.

Estos parámetros incluyen variables como la productividad, las preferencias, la tecnología o la dotación de recursos, pero también —y de manera central en esta tradición— las decisiones de política económica. De hecho, uno de los argumentos centrales de esta visión es que las propias intervenciones del Estado, al alterar los incentivos de los agentes y modificar las reglas del juego, son una fuente relevante de volatilidad macroeconómica.

Así, la política económica discrecional se vuelve no solo ineficaz, sino potencialmente desestabilizadora, al generar expectativas que cambian constantemente y al inducir comportamientos que refuerzan los ciclos en lugar de amortiguarlos. Es en este contexto que Daniel Heymann, un joven economista y físico de la Universidad de Buenos Aires, influido por el pensamiento cepalino-keynesiano, viaja a UCLA a hacer su doctorado en Economía. Lleva una pregunta crucial en la valija: ¿cómo interpretar la enorme volatilidad de la economía argentina en un mundo de expectativas racionales?

Daniel no viaja por casualidad a Los Angeles. Va en busca de Axel Leijonhufvud. Los trabajos clásicos de esta literatura son Lucas (1976), Sargent y Wallace (1975), Barro (1976) y Kydland y Prescott (1977), destacado economista keynesiano que, como Lucas y sus asociados, era crítico de la teoría macroeconómica de la síntesis neoclásica-keynesiana. Pero su crítica toma un camino distinto.

En su influyente obra, Leijonhufvud (1968) argumenta que el verdadero aporte de Keynes no radicaba en introducir rigideces de precios —un aspecto clave en la síntesis neoclásica-keynesiana— sino en mostrar que las economías podían quedar atrapadas en estados de desequilibrio persistente debido a fallas de coordinación, expectativas inestables y restricciones financieras.

Crítico del emergente paradigma de expectativas racionales, Leijonhufvud creía que los nuevos modelos macroeconómicos debían capturar las dificultades de ajuste, la descentralización de la información y los procesos institucionales que median las decisiones de los agentes. La volatilidad macroeconómica de la Argentina y la visión de Leijonhufvud necesitaban un eslabón que los uniera.

Ahí aparece nuestro protagonista. En la obra de Daniel Heymann, tanto en sus artículos como en sus clases, los agentes tienen capacidades cognitivas limitadas (bounded rationality), construyen expectativas inductivamente, con información limitada y bajo incertidumbre.

Tienen dificultades para identificar la naturaleza transitoria o permanente de los cambios observados en variables macroeconómicas clave como la actividad, el empleo, la inflación y los precios relativos; especialmente uno: el tipo de cambio real, que influye decisivamente en el valor del ingreso y la riqueza medidos en moneda extranjera. El desafío de entender el modelo que gobierna el comportamiento de la economía aumenta en economías inestables o con trayectoria histórica errática, como Argentina.

En ambientes como éste, los agentes pueden fácilmente formar expectativas y tomar decisiones a partir de percepciones erróneas sobre las tendencias de las variables clave. Estas misperceived trends, centrales en el pensamiento de Daniel, inducen decisiones de gasto, inversión y endeudamiento que pueden amplificar los ciclos, especialmente si shocks transitorios son mal interpretados como permanentes, generando fases de expansión y contracción (Heymann y Sanguinetti, 1998).

Esta lógica vale también para la interpretación de la trayectoria de la cuenta corriente del balance de pagos.

Si los agentes malinterpretan la tendencia de su ingreso en dólares y subestiman la necesidad de generar superávits para repagar deuda, la trayectoria observada de la cuenta corriente puede expresar no una “buena respuesta” de equilibrio, sino un desequilibrio no percibido (Heymann, 1994).

Tras la salida de la hiperinflación de los años ochenta y la estabilización con la convertibilidad en los noventa, los agentes pasaron de una situación de extrema incertidumbre a otra de confianza excesiva en la estabilidad"

En estos casos, déficits financiados voluntariamente no implican necesariamente solvencia intertemporal, sino que pueden deberse a errores de percepción respecto a cuál será la trayectoria futura del ingreso en dólares de la economía; o, dicho de un modo más próximo a nuestro enfoque, a tener una estimación errada del tipo de cambio real de equilibrio de mediano plazo.

En la visión de Daniel, la percepción errada de las tendencias conduce a la construcción de expectativas que sobreestiman —en algunos casos subestiman, pero no nos vamos a enfocar en ello— los ingresos y riqueza en dólares y, en consecuencia, a asumir compromisos que tal vez no puedan cumplirse.

Cuando las expectativas no se verifican, el rompimiento de contratos es inevitable. Si las expectativas frustradas y los defaults son masivos, las crisis cambiarias conllevan crisis financieras y de deuda soberana (Heymann, 2009). La historia macroeconómica argentina ha sido un campo fértil para aplicar el marco analítico de Daniel.

Una economía con dinámicas de stop-and-go hasta mediados de los años setenta y luego, con la reinserción en los mercados internacionales de crédito, de goand-crash, puede ser retratada como una economía habitada por agentes que tienen dificultad para identificar su ingreso y riqueza en dólares en esos ambientes tan inestables.

Por ejemplo, tras la salida de la hiperinflación de los años ochenta y la estabilización con la convertibilidad en los noventa, los agentes pasaron de una situación de extrema incertidumbre a otra de confianza excesiva en la estabilidad y el crecimiento sostenido.

En ese tránsito, construyeron decisiones de consumo e inversión en función de una percepción de ingreso en dólares que parecía permanente, pero que dependía críticamente de condiciones frágiles: acceso fluido al crédito externo, precios favorables de exportación y continuidad en las reformas estructurales que eventualmente aumentasen la productividad sistémica de la economía (Heymann et al., 2003).

La dificultad de los argentinos para identificar correctamente su ingreso intertemporal en dólares fue elocuentemente ilustrada por Daniel a través de uno de sus famosos “animales”.

El gráfico de la "ballena" (foto de apertura), es un diagrama de fase del PIB per cápita en dólares, que muestra las muy amplias oscilaciones de los ingresos de los argentinos medidos en moneda extranjera. La fluctuación más significativa ocurrió durante el intento de estabilización de Martínez de Hoz que arranca con la “tablita” en diciembre de 1978 y termina con la crisis de 1981-82.

En esta experiencia, la trayectoria del PIB per cápita —puntitos anaranjados en la Figura 1— arranca de casi U$S 13.900 en 1978, toca un máximo de U$S 26.100 en 1980 y cae bruscamente hasta U$S 10.100 en 1982.

Otros ciclos de “ilusión y desencanto” respecto a verdadero nivel de ingresos en dólares de los argentinos se observan en los “rulos” que componen a la “ballena”. Los puntitos verdes, por ejemplo, describen el auge y colapso de la convertibilidad entre principios de los años noventa y principios de los dos mil. Leer el artículo completo.

*profesor titular de Macroeconomía Avanzada de la UBA; investigador del CONICET y CEDES; miembro fundador y Director Ejecutivo de @_equilibrio
** investigador principal y profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella; investigador Principal del CONICET; profesor Honorario de UBA; ex becario de la Fundación Guggenheim