OPINIóN
Elecciones, 4 de octubre

Lula, por Brasil y por todos nosotros

Lula Da Silva planteó en la ONU que “los países deben recuperar soberanía frente a las corporaciones digitales”. “En las urnas brasileñas se juega buena parte del margen de autonomía con el que América Latina puede moverse en la disputa entre Estados Unidos y China”, advierte el autor.

Elecciones en Brasil
Elecciones en Brasil | AFP

Las elecciones del próximo domingo en Brasil definirán quién gobierna al gigante sudamericano durante los próximos cuatro años, y también algo más amplio. En las urnas brasileñas se juega buena parte del margen de autonomía con el que América Latina puede moverse en la disputa, cada vez más tensa, entre Estados Unidos y China.

Donald Trump afirmó que "quien gane la IA, gana". Detrás de su rechazo a los marcos globales para la inteligencia artificial hay una postura ideológica y una estrategia de negocios, pero sobre todo una batalla por la hegemonía mundial.

En ese tablero, con su versión remozada de la Doctrina Monroe, Washington considera a América Latina su "patio trasero", una reserva de recursos cruciales para ganarle la carrera a China. Pekín, sin la crudeza del trumpismo, también pone la tecnología al servicio de una competencia por la supremacía global.

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Cuando unos pocos controlan los algoritmos y la infraestructura digital, no estamos hablando de innovación, sino de dominación' (Lula Da Silvia, en la Cumbre sobre el Impacto de la IA, celebrada en India)"

Lula tiene otra idea. En su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas planteó que los países deben recuperar soberanía frente a las corporaciones digitales, cuyo poder ya excede la capacidad de los Estados nacionales para imponerles condiciones, y reconstruir espacios de gobernanza internacional donde el Sur Global tenga más peso.

La soberanía se convirtió en un eje de su campaña, en un país donde el Tribunal Superior Electoral fijó normas sobre deepfakes y desinformación"

Esas empresas hoy hablan de igual a igual con los líderes mundiales, como se vio en la reciente cumbre del G7 y en la visita de Xi Jinping a la Casa Blanca.

Ya lo había advertido en la Cumbre sobre el Impacto de la IA celebrada en la India, donde afirmó que "cuando unos pocos controlan los algoritmos y la infraestructura digital, no estamos hablando de innovación, sino de dominación".

La soberanía se convirtió en un eje de su campaña, en un país donde el Tribunal Superior Electoral fijó normas sobre deepfakes y desinformación y el Supremo Tribunal Federal obligó a X y a Elon Musk a rendir cuentas por desafiar sus órdenes.

Su gobierno impulsó además legislación para proteger a niñas, niños, adolescentes y mujeres en el entorno digital, prohibió las apuestas en línea y fortaleció el PIX, el sistema de pagos público y gratuito que se volvió una herramienta de inclusión financiera.

Si Lula fuera derrotado, la llamada "marea azul" de gobiernos de derecha se extendería sobre casi toda la región"

En esa agenda pesan también la injerencia extranjera en el proceso electoral y la manipulación de la ciudadanía a través de las plataformas, fenómenos que ponen en duda la capacidad de las urnas para reflejar el interés de las mayorías.

América Latina vuelve a encontrarse ante una disyuntiva frente a una revolución tecnológica. La región es rica en tierras raras, energía y agua, y cuenta con centros de investigación de calidad. Sin embargo, la mayoría de los países se muestra, en el mejor de los casos, pasiva.

Brasil levanta así una bandera distinta, la de una América Latina que se niega a convertirse en una gran "república bananera" de la era digital"

En otros, como la Argentina de Milei con el Súper RIGI, la apuesta es de sumisión completa a la agenda de Washington y de Silicon Valley. Sin espacios regionales de coordinación, la creciente demanda de cobre, litio y energía amenaza con profundizar el histórico patrón de dependencia latinoamericano.

La posición de Brasil levanta así una bandera distinta, la de una América Latina que se niega a convertirse en una gran "república bananera" de la era digital. Por eso estas elecciones importan tanto para el resto de la región, además de todo lo negativo que significaría para la democracia brasileña el regreso de otro Bolsonaro al poder.

La campaña transcurre en un clima de fuerte polarización y todo indica que habrá segunda vuelta, ya que desde 1998 ningún presidente brasileño se impuso en primera vuelta. El balotaje estiraría tres semanas más una campaña expuesta a la desinformación, en una región donde crece la desconfianza hacia la democracia.

Si Lula fuera derrotado, la llamada "marea azul" de gobiernos de derecha se extendería sobre casi toda la región, y los proyectos soberanos y democráticos perderían un bastión decisivo. Y volvería a cobrar fuerza aquella vieja ironía atribuida a Charles de Gaulle, según la cual América Latina es la "región del futuro", condenada a seguir siéndolo para siempre.

*Politólogo de la Universidad de Buenos Aires, MSc en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Oxford, MPA y PhD en Ciencias Políticas del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po).