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OPINIóN / Análisis
viernes 8 noviembre, 2019

El futuro de la relación entre Brasil y Argentina

El autor hace un análisis sobre el vínculo entre ambos países en los últimos años a propósito de la posición de Jair Bolsonaro sobre Alberto Fernández.

por Jonatan Brunetti

Alberto Fernández Foto: AFP

Los recientes intercambios mediáticos entre el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro y el presidente electo Alberto Fernández comenzaron a generar ruido respecto al futuro de las relaciones bilaterales entre nuestro país y Brasil, sobre todo a partir del tweet en que Bolsonaro aseguraba que tres empresas multinacionales (Honda, L'Oreal y MWM)  bajarían sus persianas en Argentina para radicarse en su país. Tras la desmentida oficial de dichas firmas, Bolsonaro borró el tweet. Subrayar lo que dejan estos hechos no es menor, ya que Brasil es nuestro principal socio comercial en la región. Así lo indica claramente un informe publicado por CEPAL (Comisión Económica para América Latina y Caribe) en mayo de 2018, y escrito por Anahí Amar y Fernando García Díaz, titulado “Integración productiva entre la Argentina y Brasil. Un análisis basado en metodologías de insumo-producto interpaís”. Allí subrayan las principales características del comercio bilateral entre ambos países: “En lo que hace al comercio bruto, la Argentina tiene como contraparte a Brasil en casi la cuarta parte de sus flujos comerciales externos, país que de ese modo se constituye como su principal socio(..). La participación en el sentido inverso es sustancialmente menor (La Argentina es la contraparte en un 7% del comercio exterior brasileño); pero aún así la Argentina constituye para el Brasil el tercer mercado en importancia, después de China y los Estados Unidos”. Dicho esto, conviene pasar revista a cómo fueron progresando los momentos más relevantes en las relaciones entre ambos países desde el retorno a la Democracia en el continente.

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Raúl Alfonsín-José Sarney(1985-1989): En 1983, Alfonsín fue electo presidente por Argentina. Sarney (quien había sido electo vicepresidente) asumió la Presidencia en 1985 tras el repentino fallecimiento de Tancredo Neves, quien no llegó a tomar el mando. El entendimiento fue absoluto y sembró la semilla de una buena relación bilateral y comenzó a marcar el camino para la convergencia en un futuro bloque comercial. Ambos presidentes rubricaron su compromiso con un documento de vital importancia: La Declaración de Foz De Iguazú (30 de noviembre de 1985) donde se comprometieron a profundizar las relaciones entre ambas naciones, tanto a nivel diplomático (por ejemplo, el apoyo de Brasil al reclamo argentino de soberanía por las Islas Malvinas) como a nivel comercial y regional. Destaca el punto 7 de dicha declaración, donde afirma que: “Los presidentes coincidieron en el análisis de las dificultades por las que atraviesa la economía de la región, en función de los complejos problemas derivados de la deuda externa, del incremento de las políticas proteccionistas en el comercio internacional, del permanente deterioro de los términos del intercambio, y del drenaje de divisas que sufren las economías de los países en desarrollo”.

El 29 de julio de 1986 se firmó el Acta para la integración Argentino-Brasileña cuyo primer punto indica “Establecer el Programa de Integración y Cooperación económica entre la República Argentina y la República Federativa del Brasil” y el tercero “Establecer una comisión de ejecución del programa”. El cuarto punto indica que dicha comisión sería integrada por funcionarios de ambos países. El avance fue fundamental, pero la realidad complicó la situación de ambos gobiernos, que intentaron planes económicos apostando a bajar la inflación congelando salarios, reformando signo monetario y estableciendo un margen de tipo de cambio controlado (Plan Austral en Argentina, Plan Cruzado en Brasil), y los resultados fueron catastróficos en ambos países.

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Carlos Menem - Fernando Collor de Melo/Itamar Franco/Fernando Henrique Cardoso (1989-1999): durante este período, las relaciones se profundizaron no sólo entre Brasil y Argentina sino con Uruguay y Paraguay, dando inicio definitivo a la conformación del Mercosur con la firma entre los cuatro países del Tratado de Asunción (firmado el 26 de marzo de 1991 en Asunción, capital de Paraguay) cuyo primer artículo establece: ”La libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países, a través, entre otros, de la eliminación de los derechos aduaneros y restricciones no arancelarias a la circulación de mercaderías y de cualquier otra medida equivalente; entre otros puntos. Pero lo que destacó a ambos gobiernos fue la adopción de medidas con enfoque “mercado-céntrico” a partir de la aceptación de los principios del “Consenso de Washington”, ideados por John Williamson, un economista del Instituto Peterson (con sede en Washington) pensado para los países en vías de desarrollo que atravesaban fuertes crisis económicas, sugiriendo disciplina fiscal, liberalización financiera, desregulaciones, privatizaciones, cambios en el esquema de gasto público, entre otros. La respuesta a esta idea surgió en Brasil, más precisamente en San Pablo: La conformación del “Foro de Sao Paulo” en dicha ciudad, organizado por el PT (Partido de los Trabajadores) para lograr una confluencia estratégica entre todos los partidos de izquierda latinoamericanos. Las relaciones de Menem con el país vecino se mantuvieron estables aunque no exentas de alguna que otra rispidez (críticas a Itamar Franco por respaldar el reingreso de Cuba a la Organización de Estados Americanos; diferencias con Fernando Cardoso por la candidatura brasileña como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas).

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Los últimos 20 años volvieron a acompañar cambios de clima político en la región. Tras la caída del gobierno de De La Rúa y la crisis y fin abrupto de la Convertibilidad, la victoria de Néstor Kirchner pareció en consonancia con el triunfo histórico de Luiz Ignacio Lula Da Silva del PT en Brasil en 2002. La convergencia político-ideológicos formaron un bloque sólido con el avance de otros triunfos de centro-izquierda en la región (el socialismo chileno, el Frente amplio uruguayo, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, sumado al fuerte liderazgo de Hugo Chávez en Venezuela) y coincidió con el rechazo a la conformación del área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) durante la IV Cumbre de las Américas (Mar Del Plata, 2005). Brasil también fue sede de la firma del Tratado constitutivo de la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), en Brasilia, el 23 de mayo del año 2008. La continuidad en Argentina de Cristina Fernández de Kirchner y en Brasil del PT en manos de Dilma Rousseff continuó el mismo camino, que comenzó a tambalear con la derrota de Scioli, candidato de Cristina Kirchner  y la victoria de Mauricio Macri en Argentina en 2015, y la implementación del juicio político a Rousseff en Brasil en 2016, que la destituyó del cargo y fue asumido por su vicepresidente Michel Temer. Un dato no menor: el gobierno de Macri fue el primero en reconocer a Temer como nuevo presidente de Brasil. El cambio de color político-ideológico nuevamente se dio en paralelo y respondió también a modificaciones en el resto de la región, como el retorno de Piñera en Chile (hoy sorteando una crisis social tremenda) y el ascenso de Iván Duque en Colombia. La consolidación de lo que suele llamarse el resurgimiento de esta “ola conservadora” resultó con la victoria de Jair Bolsonaro en las elecciones de Brasil en 2018.

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Desde su visión estratégica, Fernández apunta a consolidarse dentro del “Grupo de Puebla”, un foro recientemente conformado por una treintena de líderes progresistas que apunta a responder con fuerza  ante lo que denominan el asedio de “la derecha neoconservadora”. El lugar elegido para la ocasión fue Puebla (12 al 14 de Julio de 2019, y coincide con la primera visita del presidente electo a López Obrador, Presidente de México (quien el año pasado había desbancado a la tradicional centroderecha del PRI, Partido Revolucionario Institucional).

La ausencia de Bolsonaro para la futura asunción de Alberto Fernández (también desmintió el envío de su Vicepresidente para la ceremonia, con lo cual hoy es un enigma si terminará enviando algún funcionario menor) revela otra foto extraña para una histórica bilateralidad que siempre se exhibió incólume. El reciente fallo del Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil dejó a Lula en libertad, declarando inconstitucional su condición de preso por no tener condena ratificada en segunda instancia . La situación coloca a Fernández en una circunstancia parecida a la de López Obrador con su par estadounidense, Donald Trump. A futuro, soplarán vientos tan tensos como inquietantes desde Alaska hasta la Patagonia.


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