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OPINIóN / Historia política
sábado 17 agosto, 2019

San Martín y el valor de la política

Hoy conmemoramos que hace 169 años ascendía a la inmortalidad, después de largas fatigas y desvelos en servicio de su amada tierra nativa.

Prof. Matías Dib*

San Martín Foto: Cedoc

“Los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca” (fragmento de una carta de San Martín a Tomás Guido, el 10 de mayo de 1846, desde Grand-Bourg, refiriéndose al fracaso del bloqueo anglo-francés al litoral argentino).

Este sábado 17 de agosto de 2019 conmemoramos que hace 169 años (en Boulogne-Sur-Mer, Francia), el General José Francisco de San Martín y Matorras, descendía a la tumba, o mejor dicho ascendía a la inmortalidad, después de largas fatigas y desvelos en servicio de su amada tierra nativa.

Pese al paso irreductible del tiempo, la figura excepcional del Libertador San Martín siempre nos sale al cruce. Abrevar en su trayectoria vital, que es recordar la etapa fundacional de la historia argentina, nos permite justipreciar algunos de nuestros rasgos identitarios.

Padre de la Patria (junto a Manuel Belgrano), representa cabalmente al hombre con capacidad de proyecto político, en aras de la integración hispanoamericana.

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Estratega convencido de la necesidad de generalizar la revolución rioplatense por toda América y, por ello, ardiente partidario de la independencia política y de la libertad civil; empresas de difícil consecución en los comienzos del siglo XIX. No en vano habrá de exclamar Don José: “mi causa es la causa de América”.

Ríos de tinta han corrido para homenajear su perfil moral y estatura ética,su capacidad organizativa y de gobierno, sus conocimientos profesionales castrenses y su voluntad de vencer a los enemigos interiores y exteriores. No menos elogios merecieron sus renunciamientos personales: a las riquezas, que pretenden los comunes mortales, a la gloria, que le cabía como general victorioso y al poder, que anhelan las figuras públicas.

San Martín fue, antes que nada, un hombre político. Dicho ello, pese a su expresa intención de mantenerse en el plano vocacional propio (que era el de militar) y a desdeñar los cargos de gobierno que no fueran los necesarios para concretar su proyecto político. Si la Política es la ciencia del obrar en lo contingente, en lo cambiante, su benemérita actuación en los complejos y azarosos años de las guerras por la emancipación sudamericana, atestiguan tal aserto.

El hecho político es, asimismo, una opción entre dificultades. Así lo revela la concepción del denominado “Plan Continental” de San Martín. Merced a haber tomado contacto personal con su amigo Belgrano al reemplazarlo en el Ejército del Norte y haber alternado con los oficiales veteranos de las campañas del Alto Perú, se convenció de la inutilidad de la lucha ofensiva en aquellas regiones. San Martín descifrará la clave de la independencia sudamericana, eligiendo una operación alternativa para vencer al enemigo, a través de la Cordillera y del Pacífico. En ese marco se produce el célebre Cruce de los Andes (entre el 12 de enero y el 8 de febrero de 1817), hazaña de carácter épico en la historia militar internacional. Organiza San Martín en Mendoza el Ejército Libertador (con 5.423 hombres, 9.280 mulas, 1.500 caballos y 18 piezas de artillería) que atraviesa la cordillera de los Andes desde Cuyo, a través de seis pasos (en las actuales provincias argentinas de San Juan, Mendoza y La Rioja) hasta Chile, para batir a los realistas y proclamar la Independencia del país trasandino.

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Vale añadir, a este punto, que la UNESCO acaba de inscribir a las “Rutas Sanmartinianas” del Cruce de los Andes en una lista preliminar que debe culminar, en febrero de 2020, con la consagración de ese legado como Patrimonio de la Humanidad.

El siguiente movimiento en su plan de operaciones incluía el ataque del Ejército Libertador Unido Argentino-Chileno, por tierra y por mar, para tomar Lima, centro del poderío realista y liberar Perú.

Cuando San Martín, a través de sus oficios, proclamas, arengas, circulares y epístolas interpelaba a sus compatriotas americanos, instándolos a combatir por la independencia, salvar la causa de la libertad y asegurar la unión, obraba en términos políticos. La asiduidad y circunstancias con las que San Martín utilizaba los vocablos Independencia, Libertad y Unión en sus escritos es indicativo de su accionar político, cuyo fin era el bienestar general. Así, pues, la política al servicio del bien común se nos muestra como un valor incólume e imperecedero.

San Martín estimaba, a su vez, la experiencia que emana de los hechos y saberes previos. “El mejor general nada vale si no tiene los conocimientos del país donde ha de hacer la guerra”, le respondía al Gobierno en su carta del 13 de febrero de 1814. Le aconsejaba, por ello, la grave inconveniencia de separar al insigne general Belgrano del Ejército Auxiliar del Perú.

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El valor superior que asigna San Martín a los libros como vehículos del saber es prueba que comprendía como el conocimiento de las costumbres de los pueblos y del pasado de los países (la Historia), esclarece el obrar de los hombres públicos y los acerca a la prudencia, virtud esencial en política.

Inteligente y conspicuo ilustrado, San Martín trasladó su colección personal (“librería”, al decir del siglo XIX) que rondaba en los 800 volúmenes. Desde Cádiz viajaron sus libros a Buenos Aires, Mendoza, Santiago de Chile y Lima, promoviendo la fundación de bibliotecas en aquellos sitios claves de su trayectoria libertadora. En marzo de 1817 destina los 10.000 pesos en oro con que el Cabildo de Santiago de Chile lo había premiado por la victoria de Chacabuco para la creación de una biblioteca.Primaba en el prócer el concepto que la ilustración es la “llave maestra” para abrir la puerta a la felicidad de los pueblos y que siendo estos más cultos, mayores eran las posibilidades de defender su libertad y no caer bajo el despotismo.

La obra cultural de San Martín, entroncaba, ineludiblemente, con la Educación. En la Circular dirigida a los preceptores de las escuelas públicas cuyanas, redactada el 17 de octubre de 1815 en el Campamento de Plumerillo, sentenciaba: “La educación forma el espíritu de los hombres [...] A ella han debido siempre las naciones la varia alternativa de ser político”. Y en el decreto ereccional de la Sociedad Patriótica de Lima del 10 de enero de 1822, comenzaba afirmando: “La instrucción pública es la primera necesidad de las sociedades: el gobierno que no la fomenta comete un crimen, que la más distante posteridad tiene derecho a vengar, maldiciendo su memoria”.

Independencia, Libertad, Unión y Educación son ideales que aparecen amalgamados y no disgregados en el pensamiento político de San Martín. Porque lo esquemático no encaja en lo histórico y aún hay legados inexcusablemente a cumplir por las generaciones actuales.

Docente en la cátedra Historia de la Política Exterior Argentina para la Licenciatura en Historia de la USAL. Investigador histórico del Instituto Nacional Belgraniano (Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Nación).


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