Concebir el trasplante como algo milagroso, sin embargo, impide dimensionar cabalmente el valor social y la complejidad científica que entraña. La mayoría de estas intervenciones se realizan mediante técnicas quirúrgicas minuciosas y ampliamente estudiadas; pero el avance verdaderamente decisivo se produjo en el campo de la inmunosupresión. Hace cuarenta años, los fármacos destinados a prevenir el rechazo acarreaban numerosos efectos adversos; en la actualidad, una persona trasplantada goza de una calidad de vida plenamente normal y, sobre todo, se reintegra a la sociedad como un ciudadano más, en condiciones de desarrollar su vida con plenitud.
En el contexto sudamericano, la Argentina ocupa el primer lugar en procuración de órganos y tejidos, posición que se apoya en la reforma legislativa de 2018. Desde entonces, toda persona mayor de 18 años que reside en el país es considerada donante presunta, salvo que haya manifestado en vida su voluntad en contrario, trámite que puede realizarse a través de la aplicación Mi Argentina. No obstante, mientras que Estados Unidos y España registran alrededor de 50 donantes por millón de habitantes, nuestro país aún no alcanza los 20. Reducir esa brecha es precisamente el desafío del Instituto de Trasplante de la Ciudad de Buenos Aires, organismo dependiente del Ministerio de Salud porteño y supervisado por el INCUCAI.
Qué órganos y tejidos se pueden donar y cómo es el proceso médico
En materia de procuración de córneas, se alcanzó un hito trascendental. Si se mide la proporción de potenciales donantes que se convierten en donantes efectivos, la Ciudad pasó del 0,1% registrado al inicio de la gestión, en 2024, al 2,6% actual. Este crecimiento permitió reducir en más de un 50% el número de inscriptos en la lista de espera. Pero el cambio más importante se refleja en los tiempos de espera: hace tres años, una persona que necesitaba un trasplante de córnea aguardaba casi un año y medio; hoy, esa demora se redujo a apenas dos meses y medio, un plazo equiparable al que transcurre entre la indicación de una cirugía convencional y su realización.
Además, se impulsó la conformación de tres nuevos equipos de trasplante: dos renales —uno de adultos en el Hospital Fernández y otro pediátrico en el Hospital Gutiérrez— y uno de médula ósea en el Hospital Ramos Mejía. A su vez, la Ciudad continúa alcanzando logros de relevancia nacional e internacional: recientemente se llevó a cabo el primer trasplante cardíaco pediátrico de Sudamérica con donante en asistolia, una modalidad que gana terreno a nivel mundial como alternativa para ampliar la disponibilidad de órganos.
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Estos avances son fruto de una política pública sostenida, del compromiso de los equipos de salud, del actual apoyo del jefe de Gobierno, Jorge Macri, y de una sociedad cada vez más consciente de la importancia de donar. Todavía queda un largo camino por recorrer, pero la senda es la correcta. La tarea pendiente consiste en seguir fortaleciendo la detección de potenciales donantes, ampliar el acceso equitativo al trasplante y consolidar una red sanitaria capaz de brindar respuestas oportunas.
Porque detrás de cada trasplante hay un trabajo colectivo que transforma la solidaridad en oportunidades concretas de vida.
* Cirujano cardiovascular y presidente del Instituto de Trasplante de la Ciudad de Buenos Aires.