SOCIEDAD
VERANO 2026

Por qué realmente nos sentimos agotados en enero y cuándo preocuparse

El calor, el regreso a la rutina y factores biológicos explican el cansancio emocional de comienzos de año. Qué es el Trastorno Afectivo Estacional, cómo actúa el bajón posvacacional y en qué casos conviene consultar a un especialista.

Agotamiento
Agotamiento | Freepik

Enero suele llegar con una contradicción difícil de explicar: el calendario marca un nuevo comienzo, pero el cuerpo y la mente parecen ir en sentido contrario. Cansancio, irritabilidad, falta de motivación y una sensación de vacío se repiten en muchas personas, incluso después de haber descansado durante las vacaciones. Lejos de ser una falla individual, se trata de una combinación de factores psicológicos, sociales y biológicos que atraviesan a millones de personas cada año.

Uno de los conceptos que suele aparecer en estas discusiones es el Trastorno Afectivo Estacional (TAE). Se trata de una alteración del estado de ánimo vinculada a los cambios en la exposición a la luz solar, que afecta principalmente a personas que viven en el hemisferio norte durante el invierno, cuando los días son más cortos.

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La menor cantidad de luz impacta en la producción de melatonina y serotonina, hormonas clave en la regulación del sueño y el ánimo. Aunque en el hemisferio sur enero no presenta estas condiciones, el fenómeno ayuda a entender cómo la biología puede influir de manera directa en el bienestar emocional.

Más cercano a nuestra realidad, en el hemisferio sur, aparece el llamado bajón posvacacional. El regreso a la rutina laboral o académica, la pérdida de la sensación de libertad y la reaparición de responsabilidades generan un contraste abrupto con el tiempo de descanso.

A esto se suma, en muchos casos, el estrés económico de las vacaciones, las altas temperaturas y la presión social por “arrancar el año con energía”, una expectativa que no siempre coincide con lo que realmente sentimos.

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Es clave diferenciar este malestar transitorio de una depresión clínica. Mientras que la tristeza pasajera suele estar asociada a un contexto específico y mejora con el paso de los días, la depresión se caracteriza por síntomas persistentes que duran semanas o meses: apatía profunda, alteraciones del sueño y el apetito, sentimientos de culpa excesivos y pérdida de interés en actividades cotidianas. La duración, la intensidad y el impacto en la vida diaria son las principales señales de alerta.

Entender que el agotamiento de enero tiene causas reales y compartidas permite bajar la autoexigencia y evitar diagnósticos apresurados. Ajustar expectativas, retomar rutinas de manera progresiva y prestar atención a las señales del cuerpo son pasos clave para transitar el inicio del año con mayor equilibrio. Y, cuando el malestar no cede, consultar a un profesional de la salud mental sigue siendo la mejor herramienta para cuidar el bienestar emocional.