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cine argentino

Apuntes sobre la batalla cultural

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El cine nacional es uno de los espacios culturales más dinámicos de los últimos años. Tanto por la cantidad como por la calidad de sus realizaciones, y es un ejemplo del potencial que tenemos en un terreno fuertemente competitivo a nivel internacional.

La cantidad de premios obtenidos desde el comienzo de siglo fueron creciendo con el transcurrir de los años. En ese período obtuvimos cuatro nominaciones al Oscar a la mejor película extranjera. De todas, El secreto de sus ojos obtuvo la famosa estatuilla. Pero Relatos salvajes, que fue nominada pero no ganó, obtuvo más de 24 premios internacionales, entre otros de los grandes galardones ansiosamente esperados, como son los Premios Goya.

Esto es apenas la punta del iceberg, ya se cuentan por cientos las películas de todos los géneros, formatos y modelos de realización que han sido galardonadas en los más importantes festivales de todo el mundo. Y se lo puede apreciar, en su prolífica variedad temática, en los distintos abordajes que eligen los directores.
Esta realidad ha sido la consecuencia de un exitoso modelo de gestión estatal basado en el impulso de la industria cinematográfica local, que se consolidó a través de un vigoroso crecimiento.

Los cambios motorizados en el Incaa podrían derivar en un proceso de desfinanciamiento del organismo, en beneficio de quienes hoy aportan un canon destinado al fondo de fomento del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Sin estos aportes el futuro de nuestra cinematografía y miles de puestos de trabajo estarán en riesgo.

Las manifestaciones en defensa del modelo que le ha permitido al cine argentino desarrollarse han sido masivas y concitaron el apoyo de referentes del oficialismo y de la oposición. Salvo en los Estados Unidos, donde los grandes tanques del cine pueden realizar millonarias inversiones recurriendo a aportes privados, en el resto del mundo, incluidos los países europeos, requieren del apoyo económico de sus respectivos Estados.

Más allá de los agrupamientos regionales actuales, la defensa de la identidad nacional nunca es caprichosa, y nunca se abandona. Y esa identidad consolidada generación tras generación tiene que ver con la cultura de un pueblo, que se va forjando a través de los años, en procesos de transformación constante, metabolizando los cambios que se vayan sucediendo en el tiempo pero sin olvidar jamás la savia de las raíces que sustentan, nutren y enriquecen el proceso de evolución de los pueblos y las naciones.
A nadie en las monarquías o repúblicas del Viejo Continente se le ocurre negar su pertenencia plena, por ejemplo, a la identidad italiana, francesa, inglesa. Nunca deberíamos olvidar este comportamiento.

Otro aspecto de la cultura y la comunicación a tener presente es el de garantizar el acceso democrático no sólo a los contenidos culturales sino a la producción de éstos. A mayor pluralidad de voces, más fuerte, más igualitaria. tiende a ser la sociedad en la que vivimos.

Todo modelo que tienda a concentrar en pocas manos el control de qué se hace y quién lo hace sólo contribuye a empobrecer los resultados de la cosecha.
Quizás sea hora de revisar algunas cuestiones y trabajar para evitar que temas tan importantes como la comunicación queden en muy pocas manos, y que la mayoría de los argentinos nos convirtiéramos sólo en convidados de piedra. Por eso, la cultura del trabajo sigue latiendo fuerte en las grandes mayorías nacionales y concibe al Estado como un protagonista principal de la vida política, económica, social y cultural del país.

*Presidente del PJ de la Ciudad de Buenos Aires. Director editorial del Grupo Octubre.