COLUMNISTAS
Elecciones 2015

Ganó Macri: El juego que viene

Por primera vez, el presidente electo no contará con apoyo legislativo pero los principales distritos serán del mismo signo político.

Mauricio Macri al llegar al búnker.
| Prensa Cambiemos

Las elecciones presidenciales terminaron de configurar el entramado político institucional del país para los próximos cuatro años, proceso que se había iniciado el 12 de abril con las elecciones PASO en la provincia de Salta.

Pese a la contundencia de su triunfo en el balotage, éste dista mucho de tener una correlación en el apoyo institucional.

Por primera vez en la historia de la Argentina reciente el Presidente electo no contará con el acompañamiento directo en el Poder Legislativo nacional ni en los entes subnacionales.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

A su vez, y paradójicamente, por primera vez en la historia de la Argentina reciente el Presidente de la Nación y los titulares de los dos principales distritos del país serán del mismo espacio político, lo cual hace prever mayor sintonía entre sus políticas.

En síntesis, Mauricio Macri contará con un apoyo dispar. Los dirigentes de su sector gobernarán a más del 59% de los argentinos, pero en sólo el 20% de los distritos del país. Y en ambas Cámaras legislativas nacionales estará en marcada minoría. En el Senado de la Nación sus apoyos directos reúnen tan sólo el 20% de los parlamentarios y en la Cámara de Diputados apenas el 35% de los legisladores. En otras palabras, deberá negociar con la oposición cada una de sus iniciativas legislativas.

Se abre entonces, obligada por las circunstancias históricas, una etapa de diálogo y consenso.

Mauricio Macri deberá convocar a la oposición. Deberá gobernar junto a la oposición. Suya será la responsabilidad de los lineamientos de gobierno y las principales políticas a implementar, pero dados los equilibrios de poder resultantes, deberá impulsar amplios acuerdos interpartidarios que permitan llevar a buen puerto sus propuestas.

La historia argentina, tan afecta a la lógica dicotómica exacerbada en los últimos años a partir del schmittiano amigo-enemigo, no se caracteriza por alcanzar este tipo de acuerdos, y el sistema presidencialista conspira contra la formación de coaliciones de gobierno.

Está Macri, entonces, ante una oportunidad histórica.

Es la primera vez que accede a la primera magistratura una persona que no pertenece ni al PJ ni a la UCR, pero por el entramado electoral e institucional argentino, deberá acordar con ambos partidos. Así es que deberá construir mayorías, al menos durante sus dos primeros años de gobierno, que le permitan transitar con la tranquilidad suficiente para encarar las reformas que planteó durante su campaña electoral.

No será una tarea sencilla, y la historia no está de su lado. En su rol opositor el peronismo nunca se caracterizó por el acompañamiento sino por la confrontación, y esta vez, en ambas Cámaras legislativas será la primera minoría o la mayoría.

En este escenario, la capacidad de diálogo y de negociación de Mauricio Macri y su equipo se juegan las cartas fundamentales de la partida que viene. La historia dirá como las jugó.

(*)  Politólogo (UBA). Investigador corresponsal en Argentina del equipo de investigación «Intégrations dans les Amériques Latines» del Centre de Recherche et de Documentation sur l’Amérique latine (CREDAL) - Université de Paris III - Sorbonne Nouvelle.