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COLUMNISTAS / DIVERSIDAD
domingo 28 mayo, 2017

Grieta y unidad

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por Jaime Duran Barba

ALEGRIA. Los votantes de Macri sienten que la economía empieza a mejorar. Foto: Marcelo Escayola
Tanto la grieta como el intento de uniformar a todos los habitantes de un país en una visión política única son expresiones de una mentalidad autoritaria. La democracia no funciona cuando hay grupos que combaten a muerte para conquistar el poder, y tampoco terminando con las contradicciones de la sociedad para que nos gobierne un líder o un partido destinados a someternos. Ni Maduro es un dios eterno ni es indispensable que Argentina sea gobernada por determinado partido.

En la sociedad occidental la idea de que la sociedad se divide entre ángeles y demonios se volvió anacrónica. Muy pocos festejan la Shoa, el asesinato de los treinta millones de soviéticos que se resistían a la estatización de sus tierras, o el exterminio de un tercio de la población de Camboya a manos de los comunistas liderados por Pol Pot.

Quedan sin embargo elementos de la sociedad maniquea, algunos tienen delirios mesiánicos, creen que sus verdades son únicas y eternas. En el colmo del fanatismo, explican la historia por la participación del demonio en alguno de los bandos de la Guerra Fría. En casi todos los países la mayoría cree que el diablo militaba en la guerrilla. En Guatemala tuvieron que cambiar la Constitución para impedir la reelección indefinida del represor General Ríos Montt, que ganaba las elecciones, especialmente en las zonas en donde su dictadura produjo más muertos y desaparecidos. En Perú están por derrocar un mausoleo en el que pretendían enterrar a guerrilleros de Sendero Luminoso que murieron en un motín carcelario. La construcción de sitios para guardar la memoria de los insurgentes está penada con 12 años de cárcel. Algo semejante pasa en Colombia, en donde la inmensa mayoría demanda que se castigue sin piedad a los revolucionarios.

Cuando que acabó la Guerra Fría todos los países de América maduraron, desaparecieron tanto las guerrillas como las dictaduras, que eran los instrumentos con los que se enfrentaban los soviéticos y los norteamericanos. En casi todos nuestros países se impuso algún tipo de democracia, aunque algunas, como la venezolana, esté cerca de ser una dictadura marxista, inspirada en Groucho Marx.Por otro lado, está la tentación totalitaria de lograr la unidad, interpretando equivocadamente  la experiencia de los Pactos de la Moncloa. En la campaña electoral algunos querían que la oposición hiciera un acuerdo así contra el kirchnerismo y ahora quisieran que se logre la unidad nacional, entregando medio gabinete a la oposición con el mismo fin.

Los acuerdos de unidad nacional se han celebrado en circunstancias especiales, como cuando acabó la dictadura de Franco en España, la de Pérez Jiménez en Venezuela o la de Rojas Pinilla en Colombia. Incluyeron a todos los partidos y fuerzas sociales, no fueron alianzas en contra de un determinado partido. Si se hace un pacto de ese estilo en Argentina, debería tomar en cuenta una representación del porcentaje de ciudadanos que votó por Scioli o que respalda a Cristina Kirchner, incluyendo en el gabinete a un canciller como Héctor Timerman, un ministro de Economía como Axel Kicillof o un ministro de Producción como Guillermo Moreno. Esto no sería coherente con lo que la mayoría de los argentinos votó por el cambio que proponía Mauricio Macri en 2015. Esos votantes están orgullosos del lugar que Argentina recuperó en el ámbito internacional, siente que la economía empieza a mejorar, cree que viene un gran futuro. Otros quisieran que vuelvan al poder Cristina o que lo hagan sus ministros renovados. Unos pocos querrían revivir la década del 1970 para instaurar la dictadura del proletariado o para que los militares recuperen las islas Malvinas. Algunos quieren cambiar Argentina defendiendo las ideas de Trotsky en la polémica con Stalin.

La democracia no se construye con enfrentamientos maniqueos, ni persiguiendo a disidentes. Se necesita simplemente una sociedad en la que los diversos respeten la diversidad, en la que se alternen en el poder quienes tengan el respaldo de una mayoría que se exprese periódicamente en elecciones libres.

* Profesor de la GWU, miembro del Club Político Argentino.

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