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Ser presidenciable: realidades y posibilidades del gobernador

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Suele decirse que los políticos están siempre en campaña.  Como en otros órdenes humanos, un político puede vivir de modo dual: anclado al presente y proyectado al futuro. Aspirar a ser presidente es un deseo legítimo que anima la pasión de quien dedica su vida a la política. Daniel Scioli forma parte del reducido grupo que aspira a suceder a CFK. Aunque no lo exprese de modo taxativo, aunque juegue a la ambigüedad o al disimulo; resulta evidente que trabaja en pos del sueño presidencial. En su reciente gira en Nueva York, el gobernador volvió a mostrarse como potencial presidente. ¿Podrá Daniel Scioli llegar a ser presidente en 2015?, ¿cuáles son sus reales chances?, ¿qué aspectos juegan a su favor y cuáles en contra?

Fortalezas. Para el electorado que más lo valora, Daniel Scioli es un político serio, previsible, trabajador y hacedor. Su figura pública resulta indisoluble de su imagen personal, percibida como la de un luchador autodeterminado que supo sobreponerse a la adversidad y alcanzar posiciones exitosas. La acentuación de ese ideal positivo lo diferencia del ADN K. En efecto, a Scioli se lo percibe más concentrado en el hacer que en competir contra enemigos reales o imaginarios. A diferencia de Néstor y Cristina, que apelaron a la construcción de un relato épico basado en la acción política, Scioli no necesita construir algo análogo, en la medida en que tal relato es su biografía misma. Quizás eso explique su recurrencia a encarar la política desde su cosmovisión valorativa personal.
Debilidades. Para el electorado que no lo valora, Scioli es una especie de predicador módico que ha tenido la inteligencia de transformar debilidades en fortalezas. Su enigmático éxito político se basaría en la habilidad para disimular su carencia de ideas a través de latiguillos insustanciales repetidos hasta el hartazgo. Scioli carecería entonces de un auténtico proyecto de país, al que sustituye por un discurso voluntarista vacío de contenido. No obstante, la reserva mayor radica en su recurrente ambivalencia y/o sumisión ante el kirchnerismo. Así, parte importante del electorado opositor que supo ver en Scioli una alternativa no le perdona su obediencia ciega a un poder que nunca ha terminado de aceptarlo. Lo que para los simpatizantes del gobernador es una actitud de estoicismo constructivo, para sus detractores es apenas autoflagelación cercana a la indignidad.

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Síntesis. Daniel Scioli representa un candidato más emocional que conceptual. En 2011, si hubiera sido candidato, probablemente habría sido presidente. Pero no era su momento para presentarse. En 2015, quizás sí llegue ese momento. Pero sus chances de ganar entonces ya no resultan tan ciertas. Muchos acontecimientos ocurrieron desde 2011. Pero la emergencia de Sergio Massa animándose a hacer lo que Daniel Scioli no pudo resultó –sin duda– decisiva para el futuro del gobernador

*Director de González-Valladares Consultores.