COLUMNISTAS

Yo, Cleto

Qué quieren que haga? ¿Por qué tantas acusaciones y tanto enojo? No encuentro respuestas satisfactorias. Me hago cargo. Creí en ellos y los acompañé, pero se necesitan dos para bailar el tango. Acepté acompañarlos. Me llaman traidor cuando se trataba de una “concertación”. Ahora, dos años largos después de ser elegido vicepresidente, resulta que soy un “traidor”.

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Qué quieren que haga? ¿Por qué tantas acusaciones y tanto enojo? No encuentro respuestas satisfactorias. Me hago cargo. Creí en ellos y los acompañé, pero se necesitan dos para bailar el tango. Acepté acompañarlos. Me llaman traidor cuando se trataba de una “concertación”. Ahora, dos años largos después de ser elegido vicepresidente, resulta que soy un “traidor”.
Yo no los embauqué, fueron ellos quienes me propusieron un acuerdo. Mentira. No querían concertar nada, hoy lo sé. Necesitaban un rostro diferente para darle credibilidad a esa idea del “cambio” que ella divulgaba.
Los radicales nunca fuimos enemigos de los acuerdos. Del radicalismo siempre han surgido proyectos transversales. Gente del yrigoyenismo se acercó a Perón en los años cuarenta. Radical era Frondizi, que en los años cincuenta se asoció a Perón. ¿Se olvidan que Balbín se abrazó con Perón en Gaspar Campos en 1973 y que el 4 de julio de 1974, en las exequias del General, dijo, junto al cadáver: “Este viejo adversario despide a un amigo”? ¿De qué se asombran ahora los que me acusan de pactar con los Kirchner?

Está bien, tienen razones para recelarme o no creerme. Cuando acepté la candidatura en la fórmula con Cristina, los Kirchner ya habían ninguneado el juicio a las juntas, ejecutado por Alfonsín. En marzo de 2004, Kirchner dijo en la ESMA que la democracia había hecho silencio durante veinte años sobre los derechos humanos. Es verdad que entonces no dije una palabra. También admito que cuando hice campaña con ella, ya los Kirchner venían profundizando sus ataques a los medios, levantando programas, boicoteando a periodistas al negarles la pauta oficial y cortando con la prensa todo contacto que no fuera de compraventa. También es cierto que, en complicidad con Chávez, hicieron una anti cumbre contra los Estados Unidos en 2004, con Bonafini, D’Elía y Maradona.
No lo puedo negar. Todo eso sucedía. Pero denme el beneficio de la duda. ¿Acaso no tenía razones para suponer que ella sería diferente? ¿El lema de la campaña no era “Cristina, Cobos y vos”? ¿No decían que el cambio recién comenzaba?
Tal vez haya sido muy crédulo para tragar el argumento de que ella traería superior calidad institucional. Soy mendocino. No sólo vivimos al lado de Chile, sino que nos parecemos a ellos, o al menos queremos parecernos; somos ceremoniosos y serios, tuvimos buenos gobernadores y nuestros políticos han sido superiores a la media del país. Para los mendocinos acordar, dialogar y consensuar está en nuestras costumbres. Tal vez eso primó en mí. No podía desechar un ofrecimiento que parecía generoso.

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Acepto mi cuota de ambición personal. ¡Ser vicepresidente no era una tontería! Debería haber pensado un poco más en la historia del peronismo: Quijano, Teissaire, Solano Lima, Isabel, Duhalde, Ruckauf, Chacho Alvarez y Scioli fueron vicepresidentes peronistas, ¿no?
Me debo haber obnubilado. Me olvidé por completo de mi partido y me fui junto a los Kirchner. Pero tuve sensibilidad para reaccionar a tiempo y evitar lo irreversible. Votar en contra de la 125 pacificó al país y desactivó la bomba de los Kirchner y sus retenciones agropecuarias. ¿Traición? No lo veo así: voté en conciencia. Hacerlo por ellos y permitir que se incendiara el país habría sido irresponsable, pero los Kirchner me hubieran adorado.
Me la jugué. Ya se sabe cómo son ellos: se sienten traicionados. Pero no soy un traidor. Yo soy yo. En 2007, con Cristina, fui yo, al margen de toda disciplina partidaria. Y cuando en 2008 les volteé la 125, también fui yo, no un títere del matrimonio.
Comprendo a muchos radicales, que salieron magullados de las elecciones de 2007. Hoy tengo afecto y reconocimiento por lo que hicieron, cuando yo me fui del partido, dirigentes como Morales y Sanz se pusieron la UCR al hombro en la hora más amarga y ahora me permiten volver al partido y aspirar a ser el presidente de la Nación en 2011.

No engañé a nadie. Estuve con los Kirchner. Me desilusionaron. Seré ingenuo. Me acuerdo de una conferencia de prensa que di en 2008, antes de mi voto “no positivo” en el Senado. La moderaba Alfredo Leuco, y ya se me terminaba el tiempo del que disponía. Desde la concurrencia levantó la mano Pepe Eliaschev y me hizo una última pregunta. No le podía decir que no, porque recordaba que cuando los Kirchner lo echaron de la radio, en 2005, yo no abrí la boca y me avergonzaba ese silencio mío. Pero al mirar mi reloj, y ver que se me hacía tarde, le dije a Leuco: “Bueno, pero muy breve respuesta, porque la Presidenta me está esperando y si llego tarde, ¡me mata!”. ¡Para qué! Leuco, con su típica tonada cordobesa, dice: “¿Se da cuenta, ingeniero, que ése será el título mañana, que si usted llega tarde, Cristina lo mata?”.
Tengo aspiraciones legítimas. Me votaron tanto como a ella y si me quieren echar (como hicieron con otros vicepresidentes peronistas o aliados de ellos), que me hagan juicio político, si se atreven. Es inaudito que Lilita proclame a los cuatro vientos su bronca porque en 2007 fui con los Kirchner. ¿Acaso ella no se fue del radicalismo en 2000, se lavó las manos del destino de la Alianza y armó otros partidos? Me acuerdo muy bien qué opinaba de ella el Dr. Alfonsín: guiñaba un ojo y decía: “Cuidado con Lilita, porque ella habla con Dios…”.

Lo dicho, pues: yo soy yo. Cuando corresponde, soy no positivo. Hoy de aquí no me muevo. Me asombra que se la pasen acusándome de conspirador, porque si yo desapareciera de los medios, el Gobierno ganaría muchísimo. Tal vez yo no sea el padre de la patria que muchos quieren ver, pero tampoco soy un Judas. Es lo que hay, ¿no? Pero ahora lo importante es que los argentinos tengan opción el año que viene, sin caos. Quiero ser esa alternativa. ¿Cómo haré? No niego que cada día se me hace más insoluble seguir en el cargo, y querer ganar la presidencia dentro de 700 días. Ya veremos. No soy un tipo de arrebatos y en la Argentina nunca se sabe. (El autor de esta columna jamás cruzó más de dos palabras a solas con el ingeniero Julio Cobos.)