INTERNACIONAL

Así serán las primeras horas del nuevo Papa tras su elección

Cómo será el ceremonial y protocolo alrededor de la elección del sucesor de Benedicto XVI.

Cardenales en la misa en la basílica de San Pedro, antes de dirigirse al cónclave para elegir el nuevo Papa.
| AFP

Cuando, de un momento a otro, las campanas de Roma doblen de alegría y de la chimenea de la Capilla Sixtina salga humo blanco, el mundo sabrá que la Iglesia católica tiene un nuevo líder. Sin embargo, los pasos para llegar a ese instante y los posteriores son muy complicados, requieren de larga elaboración y siguen un protocolo estricto y basado en tradiciones y leyes canónicas de varios siglos de antigüedad.

La Capilla Sixtina, embellecida por las obras de Miguel Ángel, es el escenario de este Cónclave donde los "príncipes de la Iglesia" elegirán al sucesor de Benedicto XVI. Cuando un cardenal obtenga dos tercios de los votos, se habrá producido la elección del nuevo pontífice, el número 265 de la historia. En ese instante, uno de los cardenales diáconos electores abrirá las puertas selladas de la Capilla Sixtina y llamará al Secretario del Colegio de los Cardenales y al Maestro de las Ceremonias Pontificias, más dos ayudantes suyos.

Hasta ese entonces, solamente los 115 cardenales electores, más los escrutadores de votos y sus ayudantes, habrán permanecido en el más estricto secreto para elegir al Sumo Pontífice, sin cámaras de televisión, sin teléfonos y bajo juramento. Quien develara un solo dato sobre lo ocurrido en la Capilla Sixtina, será sencillamente excomulgado.

Presentándose ante el cardenal elegido, el Cardenal Decano, Angelo Sodano (o, en su defecto, el Cardenal Vicedecano), deberá preguntar al elegido: “Acceptásne electiónem de te canónice factam de Summum Pontificem?” (“¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice?”). Si el cardenal elegido acepta ser el nuevo Papa, de nuevo el cardenal decano, preguntará: “Quo nómine vis vocári?” (¿Cómo quieres ser llamado?) y éste responderá “Vocábor…”.

¿Por qué deberá elegir un nuevo nombre? Un sacerdote español, doctor en Teología y profesor de la Universidad de Navarra, Juan Luis Llorda, explica que "los sumos pontífices adoptan un nombre diferente del suyo original, entre otras cosas, siguiendo la idea de que una persona, al ser nombrada Papa, tiene que cambiar, debe ser un hombre nuevo, con una trascendencia más elevada”.

Esta tradición se inició en el siglo VI cuando un religioso llamado Mercurio -nombre de un dios griego- fue elegido Papa pero no quiso asociar ese nombre considerado pagano a la Cristiandad, por lo que adoptó el nombre de Juan II. Desde entonces, todos los "Sucesores de Pedro" eligieron un nombre nuevo -o ya utilizado por un antecesor- para dar sentido de continuidad o bien por razones sentimentales.

¿Cómo se llamará el próximo Papa? Los nombres más utilizados por los papas fueron: Juan (23 veces), Gregorio y Benedicto (16 veces), Clemente, León, Inocencio o Pío. Otros 43 nombres (como Pedro, Anacleto, Ponciano o Eusebio), fueron utilizados una sola vez, mientras que los papas Juan Pablo I y Juan Pablo II, ambos elegidos en 1978, fueron los únicos papas en utilizar un nombre compuesto. Así, es muy posible que el próximo papa adopte el nombre de Juan XXIV, Pío XIII, Gregorio XVII, Pablo VII, o bien el nombre de alguno de sus antecesores más cercanos: Juan Pablo III o Benedicto XVII.
 
Una vez que el nuevo Papa haya elegido su nuevo nombre, el Maestro de las Ceremonias Pontificias elaborará un acta en que dejará asentada la aceptación y el nombre del pontífice, y en ese instante el elegido pasará a ser "Su Santidad, Obispo de Roma, Sucesor del Primado de los Apóstoles, Vicario de Cristo, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, Siervo de los Siervos de Dios, Primado de Italia, Arzobispo de la Diócesis romana, Soberano de la Ciudad-Estado del Vaticano". De forma extraoficial, será también "Rector del Mundo, Padre de los Príncipes y Reyes y Pontífice Máximo".

Tras la aceptación, los ayudantes del Colegio Cardenalicio quemarán las papeletas del escrutinio (así como todos los apuntes que hubieran tomado los electores) para no dejar rastros sobre lo que se habló en el Cónclave, y se preparará la “fumatta bianca" que saldrá desde la chimenea instalada en la Capilla Sixtina. En pleno siglo XXI, será el humo -y no los mensajes de texto, ni Twitter ni ninguna otra tecnología- el encargado de dar semejante anuncio.

El nuevo Papa, acompañado del Maestro de Ceremonias Pontificias, se dirigirá a la "Sala de las lágrimas" -llamada así porque muchos pontífices lloraron en ella al tomar conciencia de la importancia del cargo-, donde vestirá una de las tres sotanas blancas confeccionadas por la satrería romana "Gammarelli", el solideo blanco, el pectoral y un crucifijo de oro. 

De vuelta en la capilla, los cardenales prestarán juramento de obediencia al nuevo Papa mediante el "abrazo de la paz" y se entonará un “Te Deum”, y posteriormente, el Papa recibirá el saludo del Sustituto de la Secretaría de Estado, del Secretario para las Relaciones con los Estados, del Prefecto de la Casa Pontificia y otros jerarcas eclesiásticos. 

A continuación y mientras el protodiácono (cardenal diácono de mayor edad, que en este caso es el francés Jean Louis Tauran, de 69 años) acompañado de los ceremonieros, se dirige hacia el balcón central de la Basílica de San Pedro para anunciar la elección. La fórmula, en latín, en la misma que se utiliza desde los primeros siglos de la cristiandad: "Annuntio vobis gaudium magnum; Habemus Papam; Eminentissimum ac reverendissimum Dominum,Dominum (nombre del cardenal), Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalem (apellido), Qui sibi nomen imposuit (nombre papal)".

Por fin, unos quince minutos después del anuncio, el nuevo Papa acompañado de tres cardenales -el primero del orden de los obispos; el primero del orden de los presbíteros; y el decano de los diáconos-, saludará desde el balcón y bendecirá a los católicos impartiéndo su primera bendición “Urbi et Orbi”. En 2005, antes del anuncio de la elección de Benedicto XVI, el protodiácono agregó un saludo a los feligreses en cinco idiomas, algo nunca visto en la historia.

La suite número 201 de la casa Domus Sanctae Marthae (el palacio donde vivirán los cardenales durante el Cónclave) está reservada para alojar al futuro Papa durante las próximas semanas, hasta instalarse definitivamente en la Cámara Apostólica, (ahora sellada) del palacio Vaticano. ¿La razón? Cada pontífice puede acondicionar la recámara según sus preferencias, por lo que desde el momento del "Habemus papam" comenzará una serie de obras de reacondicionamiento para el nuevo huésped. Como es de esperarse, en Sanctae Marthae, el nuevo papa disfrutará de un departamento muchísimo más cómodo del que ocuparán los cardenales electores.

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