SOCIEDAD
Proteccin o explotacin

Polémica por el empleo de animales en los acuarios

Las denuncias de organizaciones defensoras de la fauna acuática aumentan. Dicen que en los shows utilizan mamíferos recuperados, en contra de la legislación que los protege. También alertan sobre los intentos de algunos oceanarios de cazar y comercializar sus cetáceos-estrellas. El rol que no cumple el Estado. La explicación de los “dueños del circo”.

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Los bilogos marinos aseguran que el hbitat reducido acorta la espectativa de vida de los animales. | Cedoc

La clave para comprender el eje de la polémica podría estar en el rostro de los delfines. Para el público que observa desde las tribunas o pegado al cristal de una pileta, estos mamíferos marinos parecen sonreír cada vez que la comisura de su boca deja al descubierto esa extensa hilera de dientes cónicos. Pero los expertos explican que sólo se trata de una idea humana sobre los rasgos de este cetáceo, otros agregan que difícilmente se esté riendo. Así, mientras hay quienes defienden la tarea de los oceanarios, otros sospechan y denuncian. Es parte de la discusión en torno a que delfines, orcas, elefantes marinos y otras especies acuáticas sean exhibidas en un escenario que intenta recrear la ingeniería del mar.

En el país existen tres oceanarios. Dos se encuentran en ciudades balnearias de la costa atlántica: el Aquarium, en Mar del Plata, y Mundo Marino, en San Clemente del Tuyú. El tercero, menor tanto en tamaño como en ejemplares, es parte del Zoo de Buenos Aires. “Con la legislación actual, sería prácticamente imposible que existiesen oceanarios, porque no tendrían forma de obtener los animales, salvo los nacidos en cautiverio y por la importación, pero también sería bastante limitado qué ejemplares se autorizarían”, dispara Enrique Matías Viale, presidente de la Asociación de Abogados Ambientalistas. Desde 1995, un reglamento nacional prohíbe la caza, captura o apropiación y tránsito de muchas especies de cetáceos (delfines y orcas) y pinnípedos (lobos y elefantes marinos).

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En varias oportunidades esta ONG realizó denuncias administrativas por lo que consideró infracciones cometidas por los acuarios en el manejo de los animales, en especial en lo que respecta a mamíferos marinos que llegan a estas entidades para ser rehabilitados, pero al estar cautivos un tiempo prolongado, ya no pueden volver a la naturaleza. El abogado es representante legal de la ONG Fundación Fauna Argentina, históricamente enfrentada a los oceanarios, que recurrió a la Justicia para tratar de impedir la exportación e importación de animales. Tal vez el caso más conocido es el de Kshamenk, la orca que Mundo Marino quiere enviar a los Estados Unidos, pero que ya se ha obstaculizado en dos oportunidades.

Permisos. En diálogo con PERFIL, Claudio Tutundjian, dueño del Mar del Plata Aquarium (hoy asociado a un poderoso grupo español que le permitió reabrir su parque luego de estar cerrado seis años) respondió: “ Puede visitar el acuario y ver que está todo bien, conocer el trabajo que hace la fundación, con biólogos y veterinarios. Se reciben controles periódicos y está todo perfecto”. Al igual que Mundo Marino, el Aquarium posee una fundación encargada de tareas educativas y de rehabilitación de animales enfermos o lastimados que llegan a las costas. Qué pasa con estos ejemplares es uno de los puntos polémicos. El reglamento de oceanarios de Buenos Aires dice que no pueden ser exhibidos en espectáculos. “Todo animal que entra por recuperación sale por recuperación y no hace shows ni es expuesto al público. Olvídese. Son todos inventos”, se queja Tutundjian y agrega: “Invierto una fortuna en rehabilitación y nadie me lo devuelve. Lo hago porque es una obligación moral”.

En 1998, el Juzgado Federal de Mar del Plata dejó sin efecto el permiso que había obtenido el Aquarium en 1994 para capturar 4 ejemplares de orca y 12 delfines nariz de botella. “Entre gallos y medianoches el entonces Ministerio de la Producción de la Provincia de Buenos Aires había dado la autorización, pero pedimos que se revoque”, señala Viale. “Presentamos un informe del Laboratorio de Mamíferos Marinos del Museo Argentino de Ciencias Naturales que aseguró que la población local de orcas no es suficientemente conocida y alertó sobre la falta de un estudio previo del impacto ambiental que las capturas podrían originar”, cuenta el abogado. Consultado por PERFIL, Tutundjian reconoció el pedido: “Inauguramos un parque en 1993 y necesitábamos animales. Solicitamos el permiso de captura, nos lo dieron y después lo denegaron. Nada más”. El empresario agregó que el permiso nunca fue utilizado y que todos sus animales son comprados.

El último choque entre Fauna Argentina y el Aquarium fue en 2003, mientras el oceanario estaba cerrado. La ONG denunció que la empresa intentó trasladar a Europa, en el marco de un convenio de cooperación, nueve lobos marinos que habían ingresado a la entidad para su rehabilitación entre 1992 y 1995.

Orca. Gloria Méndez, una de los cuatro propietarios de Mundo Marino SA, el zoológico acuático más grande de Sudamérica, también asegura que los animales rehabilitados no se quedan. “ En 2006 fueron casi 1.000 los ejemplares que se recuperaron, y se vuelven a soltar. La gente debería ver eso. El trabajo que se hace es mucho”. Sí admite que, a veces, hay animales que no pueden ser liberados “porque están ciegos o les falta una aleta y sabemos que no van a sobrevivir en esas condiciones”, argumenta.

Según Méndez, “los que ingresan para recuperación no forman parte de los shows. Se los puede ver de lejos pero la gente no llega a las jaulas”.

El caso del show de la orca Kshamenk, que llegó al oceanario luego de quedar varada, es una excepción que explican porque el reglamento de oceanarios fue creado después de su cautiverio. Sin embargo, para Viale “ la empresa adhirió en infinidad de oportunidades de manera libre y voluntaria a la ley nacional y provincial”, lo que excluiría de discusión el tema de que el mamífero ingresa antes de la vigencia de dichas normas. “Las críticas dependen de quien las haga –se defiende Méndez–. Mundo Marino es muy respetuoso de las fundaciones responsables y serias.”

La alusión es al expediente N° 1-5351-0007-003350/01–0: una papa caliente que tramita el pedido que el oceanario hizo en 2001 a la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable. Allí se solicita permiso para que Kshamenk viaje a un acuario en Ohio, Estados Unidos. “ La operación se ampara en un supuesto convenio de reproducción. Sería por 7 años, plazo renovable por otros 7 más”, dice Viale, que ya en dos oportunidades frenó este traslado.

Kshamenk volaría para reproducirse con Shouka, una orca francesa. La firma dice que se trata de un “ préstamo temporario” y agrega que hace tiempo busca que este ejemplar tenga compañía pero que “ personas desinteresadas de su bienestar tratan de impedirlo e intentan difamar a Mundo Marino”.

Para Viale, hay chances de que la orca, por ser un animal en cautiverio de edad avanzada, no sobreviva al viaje. Además, el abogado cree que “permitir la exportación vaciaría de contenido las normas que protegen la fauna silvestre”. Hoy el expediente está en la Subsecretaría de Planificación y Política Ambiental, y se le adjuntó el informe de expertos internacionales que, según Mundo Marino, muestra la buena salud de Kshamenk. “ Lo traban personas que creen que la conservación es un hobby cuando es un tema para profesionales. Esto ocurre en nuestro país y espero que se revierta”, estima Gloria Méndez.

Controles. Si bien existe una normativa nacional, la jurisdicción sobre los oceanarios es provincial, en este caso, de la Dirección de Desarrollo Pesquero del Ministerio de Asuntos Agrarios de Buenos Aires. “ Nosotros intervenimos cuando hay tráfico entre jurisdicción o con el exterior”, explica Daniel Ramadori, director de Fauna Silvestre de la Nación. Reconoce que no tiene inspectores especializados, pero que consulta a las autoridades científicas locales, como al Museo de Ciencias Naturales. Por su parte, Mauricio Remes Lenicov, director de Desarrollo Pesquero provincial, explica que “ en la inspección se piden datos biológicos, historial del animal y si fue rescatado o comprado. Luego, se coteja con nuestros datos”.

En diciembre pasado, Aquarium pidió permiso para importar una beluga y un delfín. “ Le fue negado porque no entran en las instalaciones. Con los animales que tiene y los que ya fue autorizado a incorporar, no hay espacio”, concluye el funcionario. El biólogo entiende que “ los oceanarios tienen muchos animales rehabilitándose que no están en los espectáculos, y cumplen una función social importante”. Reconoce que “ tal vez el Estado debería tomar un rol más activo”, pero que para eso “ tendría que disponer de gente e instalaciones, e invertir mucho dinero”.

En el mundo, el debate sobre el cautiverio de animales marinos no está cerrado. Quizá la Argentina se deba una discusión seria y comprometida entre los actores de la polémica, ante todo por respeto a esos seres acuáticos que fascinan al hombre.