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Malabares para subsistir

Cierres, endeudamiento y fusiones: colegios privados bonaerenses en crisis y familias sin consuelo

Este informe muestra qué están haciendo algunos colegios para no cerrar sus puertas. El Niño Jesús de Praga, de Olivos; el Sagrado Corazón de María, de Arturo Seguí y el Complejo Educativo Vicente F. Saperi, de Monte Grande, son ejemplos de escuelas en una situación límite que piden más apoyo estatal para desendeudarse.

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En un marco de constante aceleración inflacionaria, muchos colegios privados de la provincia de Buenos Aires se encuentran en una situación crítica por el constante aumento de costos, que a su vez no pueden trasladarlos a las cuotas por la decaída capacidad de pago de las familias. 

Algunos colegios bonaerenses anunciaron cierre, otros dieron de baja turnos o se fusionaron, pero el nivel de endeudamiento que atraviesan los hace depender de una solución gubernamental para subsistir, que muchas veces no llega.
 
La situación no sólo afecta a los fundadores y dueños de las instituciones sino que también a las familias de la comunidad educativa, que se ven obligados a explicarle a sus hijos por qué no van a volver a su colegio.

La crisis económica de las escuelas privadas bonaerenses

Desde la órbita de las escuelas aseguran que uno de los principales problemas que enfrentan es que, mientras los salarios docentes aumentan por encima de la inflación, los incrementos en los aranceles autorizados se encuentran por debajo de dicho índice. 

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Según estimaciones de la Asociación de Instituciones Educativas Privadas de Buenos Aires (Aiepba), que agrupa a más de 2.300 centros de enseñanza de todos los niveles en la provincia, mientras que la inflación fue del 311% entre diciembre de 2021 y octubre de 2023, los salarios del sector acumularon un aumento del 364%, al tiempo que los aranceles lo hicieron un 268%.
 
"Hay que recordar que entre el 80% y el 90% de la composición de la cuota de un colegio privado es costo laboral, y este se fue incrementando de una manera muy elevada, muy rápida, y prácticamente todos los meses", señalaron desde la entidad.
 
Si bien el gobierno provincial autorizó una suba de los aranceles del 11% en promedio para noviembre, el secretario Ejecutivo de Aiepba, Martín Zurita, afirmó: "Otra vez esta autorización para una mejora en los aranceles queda debajo del aumento de los costos de los servicios en general y de los salariales en particular, que deben afrontar las escuelas”.
 
Cabe recordar que, si bien a principios de año, el gobierno acordó que las cuotas de los colegios formen parte del programa Precios Justos para ponerle un tope a los valores, la aceleración inflacionaria llevó a que se tengan que autorizar incrementos por encima de lo pactado.
 
En aquel momento, se definió una suba de aranceles del 16,80% para marzo y un 3,35% mensual para abril, mayo y junio. Sin embargo, frente a los reclamos del sector, el gobierno determinó en junio un aumento del 7,5% en la Provincia. En julio, alcanzaron el 4%.
 
En tanto, en agosto pasado el gobierno bonaerense autorizó un incremento del 18%, mientras que en septiembre los aranceles subieron un 14,4%.

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“Cada vez se amplía más la brecha entre lo que pueden cobrar los colegios y los incrementos en costos de las instituciones que presentan severas dificultades para funcionar. En menos de dos años, la capacidad operativa económica de los centros educativos de gestión privada perdieron 43% en relación con la inflación de ese período", explicó Zurita. 

Perspectivas de cierre y aumento de la morosidad

En este marco, el secretario Ejecutivo de Aiepba, Martín Zurita, advirtió que por lo menos 30 colegios están en peligro de cerrar y de suspender la prestación de los servicios educativos por la imposibilidad económica de afrontar los costos.
 
“Hay muchos otros que no cierran, pero sí se achican, dan de baja cursos, y lamentablemente esto tiene que ver con la situación económica en general del país, de las familias. La morosidad en el pago de las cuotas está en el 20%”, agregó Zurita.

Los colegios en riesgo


Por caso, el colegio Niño Jesús de Praga, de Olivos, institución con casi 90 años de antigüedad y que cuenta con más de 400 alumnos, decidió fusionar su primaria con el Instituto Jesús en el Huerto de los Olivos, ubicado a una cuadra y también dependiente del Obispado de San Isidro. 
 
“Lo que se fue viviendo en la pandemia, más las fuentes de trabajo que se fueron perdiendo en los hogares, fueron llevando a que las familias no puedan pagar cuotas”, explicaron desde la institución.

Sin embargo, antes de resolver el cierre, decidieron continuar uniéndose con otro colegio. “Esto es lo que mejor pudimos hacer”, agregaron.

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Un caso más extremo es el del Instituto Modelo del Sur Avellaneda (IMSA), que anunció su cierre en 2024 por razones económicas. Esto afectó a 700 familias que envían sus hijos a esa escuela. Los directivos expresaron que “la institución ya no cuenta con la espalda económica para sostenerse y continuar funcionando con el nivel de compromiso que la responsabilidad nos ha dado y amerita”.

Colegio Sagrado Corazón de María, de Arturo Seguí
Uno de los colegios que se mantiene en alerta por el peligro de cierre.


 
“La escuela no llega a cubrir sus costos y mes a mes aumentan sus deudas”, señaló el comunicado del IMSA y destacó que no lograron “recuperar la matrícula necesaria los años posteriores a la pandemia” y la gran cantidad de “deudores, morosos e incobrables”.
 

Otra institución que estuvo a punto de cerrar fue el Colegio Sagrado Corazón de María, de Arturo Seguí, en las afueras de La Plata, que, gracias al apoyo de la comunidad, logró obtener un subsidio para seguir funcionando.


El cierre de una escuela no es solo un trámite

La situación es cada vez más alarmante y dolorosa tanto para las familias como para los dueños de los colegios. “A veces quiero desistir porque es duro y es muy doloroso porque este es el trabajo de mi vida, es mi proyecto educativo”, lamentó en diálogo con PERFIL Silvia Saperi, psicopedagoga y fundadora del Complejo Educativo Vicente F. Saperi, de Monte Grande.

Complejo Educativo Vicente F. Saperi

La institución fomenta un programa educativo con mucha libertad para los estudiantes y apuesta por la creatividad. La formación primaria se orienta al arte y la secundaria a la comunicación y las artes audiovisuales. Además, "es la única escuela de la zona con un alto cupo de inclusión", detalló su fundadora.

También, expresó que incluso a veces siente remordimiento porque en la iniciativa está implicada toda su familia. “Yo abuela, mi nieta, mis hijos, mi nuera, todos trabajamos en el colegio, es nuestra fuente de laburo. Somos personas comunes con un proyecto, con ganas de progresar, con ganas de vivir en la Argentina”, dijo.

Complejo Educativo Vicente F. Saperi


 
En su caso, como en casi todos, las dificultades comenzaron durante la pandemia y desde ese momento, las deudas no pararon de crecer. “Hubo fuga de matrícula porque nosotros atendemos una comunidad de comerciantes, de profesionales, de personas independientes, gente que no podía pagar la cuota, así que fue una fuga muy importante de 200 familias que en un colegio es mucho”, explicó.
 
En esta circunstancia, priorizaron mantener el pago de sueldos pero se endeudaron con el Instituto de Previsión Social (IPS). “Son deudas millonarias y es algo a lo que no estábamos acostumbrados porque nosotros siempre tuvimos todo en orden”, aseguró. 
 
Además, contó que desde el principio de la crisis vienen pidiendo subsidios, pero aún no tienen respuesta.  “Nosotros queremos seguir trabajando y en ningún momento pensamos 'ponemos un colegio y nos hacemos millonarios’”. 

“En nuestra escuela tenemos muy en cuenta el ser humano y más al ser que al tener, por eso también, entre paréntesis, somos un colegio sin subvención, que podría aumentar la cuota mucho más de lo que la tenemos. Sin embargo, no lo hacemos porque sabemos que le rompemos el bolsillo a la familia”, aclaró.

“Irse de nuestro colegio es difícil porque vienen muchos pibes desde el maternal, no son un número, conocemos la historia de cada uno y ellos conocen la historia del colegio”, manifestó Saperi.

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Por el lado de las familias, Sol Bonaiuto, madre de un niño de 12 y otro de 10 que desde el jardín maternal asisten a dicho colegio, contó a PERFIL: “Cuando mis hijos se enteraron de la posibilidad de cierre se pusieron a llorar”.

“Estamos muy tristes, no podemos ni pensar en el cierre, cuando mis hijos se enteraron de la posibilidad fueron un mar de lágrimas y el más grande dijo, ‘mami, ¿yo qué hago sin mi colegio?’”, agregó.

Además, Bonaiuto aseguró que “la institución es una familia, autoridades, padres y estudiantes son parte de la propuesta educativa. La única con orientación en arte de la zona”.

En este contexto, Saperi afirmó: “Nosotros tenemos becas, tenemos muchas bonificaciones, pero no damos más. No podemos ayudar más de lo que lo hacemos porque no recibimos tampoco ninguna ayuda y estamos tratando de continuar a costas de seguir perdiendo”.

LR