Fortunato Mallimaci advirtió sobre el desafío de la Iglesia católica en China: elegir obispos junto al Partido Comunista
En diálogo con Jorge Argüello en Efecto Mariposa, Fortunato Mallimaci reflexionó sobre el pacto entre el papa Francisco y Xi Jinping para la designación de obispos en China.
El sociólogo Fortunato Mallimaci analizó el histórico acuerdo entre el Vaticano y el Partido Comunista Chino para la designación conjunta de obispos en China, una decisión que calificó como una verdadera osadía dentro de la historia reciente de la Iglesia católica.
En diálogo con Jorge Argüello en el programa Efecto Mariposa por Canal E, el investigador (que vivió cuatro años en África recorriendo distintas experiencias educativas y religiosas) reflexionó también sobre las transformaciones que atravesó la institución desde mediados del siglo XX hasta la actualidad.
El acuerdo con Xi Jinping y el Partido Comunista Chino
Mallimaci comparó la decisión del papa Francisco de firmar un acuerdo con Xi Jinping con otros pactos históricos que la Iglesia mantuvo en contextos de fuerte tensión política. "Lo discuto mucho, lo reflexiono mucho con mis colegas, como el acuerdo con Napoleón del Papa de aquella época", señaló, en referencia al pacto que la Santa Sede firmó tras la Revolución Francesa.
Según explicó, aquel antecedente histórico permitió que sacerdotes que habían adherido a la Revolución y otros que se habían opuesto llegaran a un entendimiento común con el Vaticano sobre quiénes ocuparían los cargos eclesiásticos. El acuerdo actual con China, sostuvo, sigue una lógica similar.
Un desafío para los católicos de Asia
"Que el Partido Comunista Chino y la curia romana con Francisco hayan aceptado que los nuevos obispos son elegidos de común acuerdo es una enorme osadía", afirmó Mallimaci. Para el investigador, esa decisión representa a la vez un fuerte desafío para los católicos chinos y para buena parte de la feligresía asiática.
El giro del Concilio Vaticano II
Consultado sobre qué cambió más en las últimas décadas (si la Iglesia o el mundo), Mallimaci ubicó el punto de inflexión en el Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1963, cuando entre 3.000 y 4.000 obispos de todo el planeta se reunieron para redefinir el rumbo de la institución.
Según explicó, hasta ese momento la Iglesia partía de una verdad ya establecida en los textos sagrados para aplicarla a la práctica cotidiana. A partir del Concilio, ese esquema se invirtió: pasaron a ser los "signos de los tiempos" y "el reino de Dios hacia el futuro" los que orientan la interpretación religiosa.
"Esto que parece simple es un giro copernicano para la Iglesia católica", definió Mallimaci, al referirse a ese cambio de paradigma que todavía condiciona el modo en que la institución se relaciona con las transformaciones sociales y políticas del mundo actual.
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