El alto al fuego en Irán ha reforzado la percepción entre adversarios y la alianza de la OTAN de que la campaña del presidente Donald Trump contra el régimen de Teherán representa un revés estratégico, al fortalecer a China y Rusia mientras dilapida las fortalezas de Estados Unidos, según personas familiarizadas con el análisis en capitales de Europa y Medio Oriente.
Si bien Moscú y Pekín temen la superioridad militar y de inteligencia de EE.UU., han visto que no pudo forzar la capitulación de Irán, dijeron las personas. Las tensiones en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, que culminaron con la amenaza de Trump de abandonar la alianza, han dejado dudas persistentes sobre su compromiso con su defensa.
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El alto al fuego de dos semanas, mediado por Pakistán, también afectará la credibilidad de Trump como negociador y probablemente desincentivará aún más al presidente ruso, Vladímir Putin, de hacer concesiones en Ucrania, según las personas, que pidieron anonimato para hablar con franqueza sobre sus evaluaciones de la guerra llevada a cabo por su aliado.
“Aunque Irán ha sufrido enormes daños físicos y muchas pérdidas de vidas, emerge estratégicamente más fuerte”, dijo el exasesor de seguridad nacional del Reino Unido, Peter Ricketts. “El régimen ha sobrevivido. Ha demostrado el enorme apalancamiento que le da el control de Ormuz”.
Funcionarios en Europa advirtieron que los términos de cualquier alto al fuego duradero aún no se han acordado, aunque expresaron preocupación de que Irán pueda terminar siendo visto como el ganador estratégico pese a la muerte del líder supremo ayatolá Ali Jamenei y más de cinco semanas de intensos bombardeos por parte de EE.UU. e Israel.

“Definitivamente no es una victoria en el sentido de que Estados Unidos no ha alcanzado ninguno de sus objetivos militares”, dijo Dalia Fahmy, directora de Relaciones Internacionales de Long Island University, a Bloomberg TV. “De hecho, la guerra le ha costado a Estados Unidos mucho más de lo anticipado”.
Más radical
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica sigue en pie y probablemente podría volverse más radical y reconstruir rápidamente su programa de misiles, dijeron las personas. Teherán habría concluido que sus capacidades de drones son suficientes para generar problemas significativos a los países del Golfo y habría confirmado que su influencia sobre el estrecho de Ormuz puede desencadenar una crisis energética global que podría disuadir cualquier ataque futuro.
Aún no está claro hasta qué punto la guerra ha debilitado el programa nuclear de Irán y sus líderes podrían haber sido incentivados a retomar sus ambiciones de obtener la bomba, según diplomáticos europeos.
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Una incógnita clave es la influencia que Teherán podrá ejercer sobre el estrecho a largo plazo, dijo uno de los funcionarios, señalando con preocupación el lenguaje en el comunicado que anunció el alto al fuego, según el cual el tránsito se permitirá en coordinación con el Ejército iraní. Si logra dictar las condiciones de movimiento a través de la vía marítima o incluso cobrar peajes, Irán habría quedado en una posición más fuerte tras el conflicto, dijeron.
Irán quiere un control permanente sobre la vía marítima en adelante y una vez que termine la guerra, según una persona con conocimiento de las negociaciones que pidió no ser identificada debido a la sensibilidad de la información. Teherán buscaría garantizar que el paso por el estrecho durante la tregua sea seguro bajo la coordinación de sus fuerzas armadas para sentar las bases del esquema futuro, agregó la persona.
Los aliados de Estados Unidos también temen el impacto que el conflicto tendrá en la percepción de países de Medio Oriente, África, Asia y Sudamérica hacia Washington.
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En el Golfo, existe una especial preocupación entre algunos países porque sus peticiones iniciales a la administración Trump para que no siguiera adelante con el conflicto no fueron escuchadas, según personas familiarizadas con la postura. Además, los funcionarios del Golfo podrían ver como algo aún peor que el régimen de Teherán siga en el poder, añadieron, mientras la inquietud por la imprevisibilidad de Trump los impulsa a fortalecer alianzas en otros lugares.
Trump probablemente consideró su operación contra el presidente venezolano Nicolás Maduro como evidencia de que podía descabezar regímenes enemigos y ganar guerras rápidamente, pero esa idea quedó desacreditada por el conflicto en Medio Oriente, dijo otro funcionario.
En términos más amplios, la amenaza de Trump de destruir la civilización iraní dificultará que Estados Unidos se presente como una potencia hegemónica benigna, en contraste con Rusia y China, a quienes Occidente acusa regularmente de crímenes de guerra y abusos de derechos humanos, dijeron. Advirtieron que esto podría empujar a los llamados países “intermedios” hacia Moscú y Pekín, y que podrían requerirse años de diplomacia para revertirlo.

Rusia, Irán y China probablemente también reforzarán sus vínculos tras el conflicto, lo que hará aún menos probable que Estados Unidos logre su objetivo de fracturar esas relaciones, algo que en ocasiones se denomina un “Kissinger a la inversa”, en referencia al exsecretario de Estado.
La campaña contra Irán ha sido un “revés serio” para Trump, dijo Wu Xinbo, director del Centro de Estudios Estadounidenses de la Universidad Fudan en Shanghái, quien previamente asesoró al Ministerio de Relaciones Exteriores de China. “Cuando vaya a Pekín ahora, se sentirá frustrado y se dará cuenta de que China tendrá que desempeñar un papel aún mayor”, afirmó Wu, quien habló antes de que se anunciara el alto al fuego.
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Funcionarios se refirieron a las burlas hacia Trump en los medios estatales de Rusia y China como evidencia de cómo su manejo de la guerra probablemente será percibido por esos regímenes. El meme TACO —que significa “Trump Always Chickens Out”— ya no es solo un ataque político de sus opositores internos, sino ahora una conclusión geopolítica de los adversarios de Estados Unidos, dijo uno.
“Ha habido un enorme daño, costos económicos y humanos que aún no hemos calculado completamente”, dijo Sanam Vakil, directora del programa de Medio Oriente y Norte de África en Chatham House, a Bloomberg TV. “Las relaciones en la región han retrocedido, diría, una década o incluso dos”.
GZ