La caída del riesgo país a niveles cercanos a los 500 puntos básicos —el mínimo en siete años— funciona como una señal clave para entender el momento económico que atraviesa el país.
Para el economista Aldo Abram, este indicador no debe analizarse de forma aislada. “El riesgo país en realidad es como un termómetro: no tiene valor en sí mismo, lo que importa es lo que refleja”, explicó a Canal E.
Según el economista, cuando la Argentina atraviesa crisis profundas, los inversores se alejan. “Cuando el país está muy enfermo y muestra un futuro negro, los inversores dejan de querer poner sus ahorros acá”, afirmó, recordando que el historial de defaults y reestructuraciones forzadas deterioró durante años la confianza en los bonos soberanos.
Más confianza, más financiamiento
El escenario cambia cuando mejora la percepción sobre el futuro. “Cuando la gente empieza a tener más confianza, demanda más bonos del Tesoro argentino”, señaló Abram. Esa mayor demanda reduce la tasa de interés y achica la brecha con los bonos estadounidenses, lo que se traduce en mejores condiciones de financiamiento.
Para el economista, esta dinámica es positiva porque permite sostener el crecimiento. “Cuanto más baja el riesgo país, más financiamiento tiene la Argentina para invertir, producir, generar empleo y crecer”. En ese contexto, también destacó el regreso de provincias y grandes empresas al mercado de capitales.
Reformas estructurales y empleo
Sin embargo, Abram advirtió que aún faltan cambios clave para consolidar la tendencia. “La reforma laboral es necesaria para generar empleo privado formal, que viene cayendo hace décadas”, sostuvo. Sin esos cambios, alertó, el crecimiento económico no se traducirá en más trabajo de calidad.
También remarcó la necesidad de una reforma tributaria y previsional. “Necesitamos discutir una verdadera federalización de la recaudación y de los impuestos”, afirmó, aunque reconoció que el Gobierno avanza en la baja gradual de la presión impositiva a medida que mejora el resultado fiscal.
Inflación, reservas y tipo de cambio
En materia de precios, Abram anticipó una inflación del 2,6% para enero y un sendero descendente. “La inflación va a seguir desacelerándose porque ya se absorbió la mayor parte de la depreciación del peso”, explicó. Incluso proyectó índices por debajo del 1% mensual hacia fin de año.
Sobre el dólar, señaló que la intervención del Banco Central como comprador tendrá impacto moderado. “El tipo de cambio va a subir un poco, pero lo importante es que la emisión acompañe la mayor demanda de pesos”. De sostenerse este esquema, concluyó, la Argentina podría volver a una inflación anual de un solo dígito.