La industria de la construcción atraviesa un momento de fragilidad, con signos dispares según la región y una marcada incertidumbre que condiciona la recuperación. Gerardo Antonio Fernández fue contundente al describir el escenario actual: “la industria en su conjunto hoy está trabajando a un 50 de su capacidad”, reflejando un nivel de actividad aún muy por debajo de su potencial.
El dirigente explicó que la caída en la obra pública impacta directamente en el sector: “todo aquello que estamos acostumbrados a ver como obra de cercanía ha empezado a tener procesos de relentización”. Esta desaceleración se traduce en menor producción y caída en la facturación, afectando especialmente a las economías regionales.
Un mapa desigual y una recuperación incompleta
Fernández describió una Argentina fragmentada en términos productivos. Mientras algunas zonas como CABA, Córdoba, Santa Fe y Neuquén muestran cierta estabilidad, otras provincias sufren caídas superiores al 50%. En ese contexto, advirtió sobre una lectura engañosa de los promedios: “la compensación te queda un promedio ponderado engañoso”.
También cuestionó el optimismo sobre ciertos sectores dinámicos como la minería o el petróleo: “ese sector que les va muy bien, no derrama en el resto como sí derrama la industria de la construcción”. Según explicó, estas actividades están altamente concentradas y no generan un efecto expansivo significativo en el conjunto de la economía.
A pesar de algunos indicadores macroeconómicos positivos, el impacto en la vida cotidiana es limitado. Fernández remarcó: “no hay macro sin micro”, subrayando que la mejora en los números generales no se traduce en alivio para las pymes ni para los trabajadores.
Incertidumbre, política y freno a la inversión
Uno de los principales problemas que enfrenta el sector es la falta de confianza. Fernández lo sintetizó con claridad: “hoy día el privado no se está animando a invertir”. La incertidumbre económica y política lleva a que muchos opten por resguardar sus ahorros en lugar de destinarlos a proyectos productivos.
En ese sentido, señaló que la política tiene un rol determinante: “la política tiene una incidencia mucho más significativa de lo que cualquiera podría desear”. La falta de previsibilidad y los cambios bruscos en el rumbo económico generan cautela en empresarios e inversores.
El impacto también se siente en las empresas y los trabajadores. Según el dirigente, muchas firmas han tenido que desprenderse de activos para sobrevivir: “han tenido que vender dólares, vender un departamento, vender una máquina”. Al mismo tiempo, los empleados enfrentan salarios que ya no alcanzan, evidenciando un deterioro en el poder adquisitivo.
Pese al diagnóstico crítico, Fernández dejó una puerta abierta al optimismo: “estamos seguramente muy cerca” de una recuperación, siempre y cuando se consoliden condiciones de estabilidad y confianza. Sin embargo, advirtió con realismo: “la foto de hoy no es buena”.