La NASA dio un paso fundamental en el desarrollo de la próxima generación de exploradores planetarios robóticos. El Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) completó con éxito una exigente prueba de campo con su nuevo prototipo avanzado: el Vehículo Explorador para la Navegación en Terrenos Extremadamente Inclinados, bautizado como ERNEST.
El robot completó un exigente trayecto de 26 kilómetros (16 millas) a través del desierto del sur de California, acumulando más de 37 horas de conducción distribuidas a lo largo de siete días. Lo más destacado del ensayo fue que ERNEST realizó la travesía de manera prácticamente autónoma, requiriendo una intervención mínima por parte de los ingenieros que supervisaban el experimento.
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El aprendizaje virtual al que se sometió ERNEST
El objetivo principal detrás del desarrollo de ERNEST, que comenzó en 2022 con fondos de investigación internos del JPL, es diseñar robots capaces de pensar por sí mismos y navegar por geografías complejas que dejarían atascados a los vehículos tradicionales. Para lograr este nivel de independencia, el rover fue sometido a meses de aprendizaje por refuerzo dentro de un entorno virtual.
En estas simulaciones digitales, el software ejecutó miles de horas de datos experimentales en apenas unos días. Tras superar una pista de obstáculos física en el Mars Yard del JPL, el prototipo fue enviado a las dunas californianas, donde demostró su capacidad para evaluar riesgos y trazar rutas seguras en tiempo real gracias a su programación a bordo.

Para simular con la mayor exactitud posible las complejas condiciones lumínicas de la Luna, el equipo de ingeniería evaluó el desempeño de ERNEST durante trayectos nocturnos y escenarios de baja visibilidad.
Las pruebas demostraron que los sistemas del rover están preparados para operar bajo una amplia gama de condiciones extremas. De acuerdo con Issa Nesnas, tecnólogo principal del JPL, estos ensayos resultan vitales para perfeccionar tanto el hardware de movilidad como el software de autonomía que se incorporarán en las futuras misiones espaciales de la agencia.
Un cambio de paradigma: suspensión activa para superar al sistema tradicional
La diferencia más radical de ERNEST respecto a sus célebres predecesores, como los rovers Perseverance u Opportunity, radica en su arquitectura y su sistema de tracción. Mientras que los vehículos anteriores confiaban en el exitoso sistema "balancín-bogie" de seis ruedas para distribuir el peso de forma uniforme mediante puntos de pivote abiertos, ERNEST rompe el molde con un diseño de cuatro ruedas y un chasis delantero equipado con dos articulaciones activas.
Esta suspensión especial le permite modificar su marcha de forma dinámica para imitar movimientos de deslizamiento, desplazamiento controlado y escalada de obstáculos. Además, al poder direccionar cada rueda de manera individual, el prototipo cuenta con la capacidad de desplazarse lateralmente.
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Esta evolución técnica no solo mejora el agarre en terrenos arenosos o empinados, sino que también incrementa notablemente la velocidad de desplazamiento. Con una longitud de 1,2 metros, ERNEST alcanzó velocidades de hasta 1 km/h en el desierto.
Si bien la cifra parece modesta en la Tierra, representa una velocidad muy superior a la de los robots que operan actualmente en el espacio; a modo de comparación, tras cinco años de misión en el Planeta Rojo, el rover Perseverance recién logró cubrir una distancia equivalente a una maratón (42,2 km). Los científicos e investigadores proyectan que este modelo servirá como base para construir plataformas de exploración mucho más grandes y veloces, capaces de adentrarse en regiones del sistema solar hasta ahora consideradas inaccesibles.
API/MSS