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signo de época

Debate ausente

Prisionera del acontecimiento, la política abandonó discutir el fondo de la crisis.

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De Bates. | Pablo Temes

La política nacional, y global, se despliega en un espacio público en el que sobresale más el acontecimiento que sobre las configuraciones económicas,  sociales y culturales que determinan el perfil de la Nación. Los aspectos estructurales determinantes permanecen ocultos u omitidos o ausentes en la praxis concreta de la política. Ese nivel es rescatado por la abstracción discursiva; en que lo estructural es nombrado, solo nombrado, en el quehacer político.

La coyuntura es una condensación, que comprende aspectos visibles, e inmediatos y procesos de largo plazo que la atraviesan. El universo de sucesos que caracterizan a la modernidad en esta etapa hace que la opinión pública sobresalga como sujeto por el énfasis puesto en lo fenoménico. La opinión colectiva, sobrealimentada por la catarata comunicativa, pone su mirada estanca sobre la punta del iceberg. Sospecha que hay una masa abajo, pero ignora el volumen y la composición de la misma.

El acontecimiento es prisionero de la contingencia, y esto es lo que las encuestas capturan, mientras la política, en general, ha abandonado el debate sobre el fondo de la crisis. Es cierto que esta ausencia de debate sobre lo estructural no es una particularidad argentina; pero, la particularidad está en la ventaja de contar con los beneficios de los recursos naturales y su capital social, dentro de un capitalismo que no ha logrado realizarse. La declinación que desde hace años sufre la economía y la sociedad merecería el compromiso con un debate y reflexión profunda. El arco ideológico supone que hay interpelaciones desde sectores que naturalizan la matriz del régimen económico (es el orden económico en occidente desde hace seis siglos), y la ética individualista. Hay otros que sienten la necesidad de reformar; o aún de terminar con él régimen. Pero, no hay duda que la época determina más la posibilidad reformista que revolucionaria.

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Ese debate sería indispensable, pero la política no quiere; más por parte de un oficialismo y oposición que están inundados por la coyuntura. Hay rastros de lo estructural detrás de los acontecimientos, pero el enfoque de las soluciones son cortoplacistas empujados, además, por el cronograma electoral que tiene, dos años, como intervalo promedio. La urgencia de obtener resultados y continuar gobernando tropieza con el veto de la opinión pública que hace su balance en términos más pragmáticos que ideológicos. Resulta absurdo suponer que el paradigma populista o neoliberal pueda desplegarse en plenitud en cuatro años de gobierno.  

La política profesional usa el espacio legislativo para las políticas particulares o a través de los medios (en realidad, es excesivo hablar de debate en los medios) sobre el déficit fiscal o la hidrovía; por ejemplo, sin detenerse sobre la revelación que se está discutiendo sobre el capitalismo, se debaten políticas más o menos ajustadas al modelo económico dominante o variaciones del mismo. Cuando surgió el problema de Vicentin, lo que estaba en juego no era solamente el destino de una empresa en situación de quiebre afectando a privados y a la banca pública, también se ponía en juego el flujo de creencias de vecinos de la empresa, del empresariado y el arco político. No es casual, que los que se oponían a la intervención de la empresa, elevaran sus voces denunciando el avance del “comunismo”, más allá de la desmesura de lo dicho revela un concepto existente. Esto se había anticipado en las escaramuzas que rodearon la 125 en el 2008. Es decir que uno de los contenidos cualitativos emergentes en el campo de la oposición tiene que ver con la defensa de un modelo, el actual, denunciando los intentos de aquéllos que quieren “venezualizar”, otra desmesura,  nuestro país.

La oposición de Juntos más los libertarios no se hace cargo de la versión “argentina” del capitalismo, que supone una presencia  del Estado condicionando al mercado.     

Entienden que el funcionamiento debe ser reparado, pero no anulado o cancelado. Se basa en un sistema global exitoso frente a un sector político populista progresista o de izquierda que se extiende desde la lucha contra la versión “salvaje” a la destrucción del mismo.

Gran parte del apoyo del empresariado al ex presidente Macri tenía por objeto lograr un desarrollo de las fuerzas productivas, a partir de una lluvia de inversiones, reestableciendo la potencialidad de los mercados; y ganándole la porfía al populismo. Terminó siendo un fracaso, inclusive  para buena parte de sus propios apostadores, sobre todo colisionando contra la clase media.

Hay una agenda posible del debate ideal que nunca ocurrirá. Algunos ítems son subsidiarios de la matriz económica y social; tales como: el circuito de generación de pobreza, el pacto fiscal, la deserción escolar; los contenidos pedagógicos de la educación media y superior, la articulación entre educación y trabajo, las políticas sobre energía; la inflación, ubicación en el concierto internacional y regional; el dilema entre mercado interno o exportación, etc.  

Los sectores de centroizquierda e izquierda, son los más afectados por la profundidad de la crisis mundial del socialismo real frente a la expansión de la democracia liberal, el capitalismo y el individualismo. Sin vaticinar, por ahora, el final del capitalismo, se puede señalar la posibilidad de una alternativa para coexistir y competir con la modalidad tradicional de creación de riqueza. Nos referimos a las formas productivas asociativas (cooperativas, mutuales), y las pymes que deberían considerarse una vez que la política las integre a su horizonte:  por ahora, no está entre las prioridades. Esta ausencia ocurre mientras no se detiene la concentración económica y extranjerización de las principales empresas argentinas.

Los acontecimientos expresan lo superestructural y también los reflejos de lo estructural. Está vigente la utopía política de superar el día a día, y establecer un debate sobre los mecanismos determinantes de la realidad. Sería una ingenuidad suponer que vaya a haber unanimidad en el debate, pero sí es posible pensar en detener la declinación de la cual, la política; es la principal, no única, responsable.

*Sociólogo. Analista político. En Twitter: @rrouvier