viernes 02 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS palabras

En el circo de la jura

10-12-2021 23:55

Somos palabras hasta que nos desmientan –y también se desmiente con palabras. Estamos en todas partes donde haya humanos buscándole la vuelta al sentido de la vida, que a veces es único, doble, o no necesariamente lo tiene. De todas maneras, no pueden librarse de nuestra presencia, el ostracismo es para las ostras. Cada vez que las personas abren la boca, nos apilamos en la punta de sus lenguas, trampolín emocional y en ocasiones pensante, y de allí nos lanzamos al mundo, creando realidades, provocando guerras, desparramando culpas, agradecimientos; dilapidando excusas, esbozando pasiones… En tanto seres de lenguaje, a las personas les determinamos la vida. Circulamos como las células, incluso hay quienes afirman que “el lenguaje es un virus”. A pesar de ellos, somos las herramientas simbólicas de sus descubrimientos. Renovadas en los intercambios sociales, la mejor de las veces nos enriquecemos, aunque la repetición parece socavar nuestra proliferación significante. La gente suele dice lo mismo de otra manera, la originalidad es trampa de sensaciones nuevas. Igualmente, no tenemos más remedio que acomodarnos a las lenguas que incitan nuestro decir. Claro que no es lo mismo dichas que escritas… La voz nos da vuelo, timbres y tonalidades, cadencias, humores. Pero en lo escrito se juega nuestro arraigo, la letra es la firma de los tiempos, raíz de los frutos del habla. 

Un escritor y filósofo escribió su autobiografía titulándola Las palabras, seguro de encontrar en ellas la composición de su destino. Pero nuestra naturaleza es traviesa, no siempre es fácil rastrear las huellas de lo que significamos. Además muchos creen que dicen lo que en realidad nosotras les decimos…

Esta semana fuimos protagonistas de un acto que alborotó la oralidad. La jura de los diputados en el Congreso Nacional. Salimos estampadas en todos los diarios, dimos letra a cientos de memes, nos repitieron en todos los medios. Suele ocurrir, la palabra imprevista, aunque la repudien, siempre tiene más prensa. 

Por lo general, al Congreso, y a esta ocasión en particular, solo van dos de nosotras: “Sí” y “juro”. Las demás palabras asisten en silencio, por si hubiese que ornamentar la ceremonia. Por su parte, los discursos descansan de tanta campaña (algunas de nosotras quedamos exhaustas, vaciadas de significado por un buen rato).

Sin embargo este año resultó distinto. Copioso, pródigo, ¿excesivo? La cuestión es que los diputados se dieron una panzada con nosotras como nunca… Hablaban efusivos, punzantes. Se los veía muy a gusto estipulando convicciones. ¿Habrán ensayado frente al espejo, couchers, maridos o mujeres, mascotas voluntarias? ¿Nos convertiremos en predictivos de las exposiciones públicas? ¿Será que se confunde lo ideológico con lo público?

En todo caso, es la primera vez que contamos con semejante preludio. Y si bien llovieron críticas, también se festejó lo inusual, ya que antes del estricto “sí, juro” (con solo tres vocales para alternar la acentuación de lo que se pone en juego en dicho juramento), varios se lanzaron a discurrir, pronunciándose vivamente. Desde el clásico “hay que echar al FM de la Argentina”, el fuera de lugar “por las víctimas del terrorismo”, un inesperado “no más presos por plantar”, “por la juventud peronista”, “por Alfonsín”, “por el lenguaje inclusivo”, incluso algunas de nosotras aparecimos estampadas en remeras.  

La campaña partidaria se revitalizó en el mismo acto de la promesa.   

Ya semanas atrás, una de nosotras, de las miles de palabras vacantes y dispuestas a irrumpir, desconcertó al Congreso: “chocotorta”, y vino acompañada con otra de heladería “Maracuyá”. Nadie suponía que dichos términos protagonizarían una insólita disputa entre diputados.

Un personaje de Voltaire parece tenerlo claro: “el hombre nació para vivir en las convulsiones de la inquietud más que en el letargo del aburrimiento”. Como dijo otro escritor argentino, “hablar es uno de los accidentes más comunes”. 

Así es, aunque de jura se trate, a las palabras nos impulsa el exabrupto.

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