La reunión entre Xi Jinping y Donald Trump en Beijing la semana pasada no pudo alcanzar acuerdo sobre el contenido de un comunicado conjunto. Si bien la Casa Blanca publicó sus conclusiones y algunos miembros de la delegación hicieron referencias a los temas de los encuentros, la ausencia de una declaración marca las dificultades para consensuar las posiciones entre ambos países a pesar de la gravedad de la situación en Medio Oriente, la guerra en Ucrania y las discrepancias sobre el comercio bilateral.
La referencia del presidente Xi a la “Trampa de Tucidides” dejó en claro la posición de China en el ámbito internacional como potencia en ascenso disputando la hegemonía de los Estados Unidos que representaría la potencia en decadencia. Esta escenografía se completa con la visita del Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, durante los primeros días mayo, y el viaje del presidente Vladimir Putin en esta semana para conmemorar la firma del Tratado de Cooperación del 16 de julio de 2001. Las coincidencias parecieran exceder los problemas de agenda.
Irán y China firmaron el 27 de junio de 2021 un Acuerdo de Integración Estratégica Integral por 25 años que prevé inversiones por 400 mil millones durante ese período en los sectores de energía, petroquímica e infraestructura a cambio de un precio especial para la compra de petróleo. La relación con Rusia tiene connotaciones especiales a partir del comunicado conjunto del 4 de febrero de 2022 denominado “Sobre las relaciones internacionales en una nueva era y el desarrollo sostenible global” donde ambos se comprometen a una cooperación sin límites.
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La visita de Donald Trump fue un intento de establecer diálogo para especificar áreas de cooperación, pero la definición de Xi y los encuentros con Putin y Araghchi indican la determinación de China de ubicarse como “el interlocutor” sin ceder en sus pretensiones de convertirse en la potencia hegemónica. Cabe recordar los esfuerzos para aparecer como referente en Medio Oriente promoviendo el acercamiento entre Irán y Arabia Saudita en 2023 y la convocatoria a las facciones palestinas en Beijing donde se firmó la Declaración sobre el fortalecimiento de la unidad palestina el 23 de julio de 2024 con la presencia de Al Fatah y Hamas. China mantiene una actitud ascética por no llamarla cómplice sobre la invasión de Rusia a Ucrania mientras promueve con Brasil una “conferencia” para poner fin a la guerra al margen de Estados Unidos y los países europeos.
Si bien el comunicado de la Casa Blanca y las declaraciones del Secretario Marcos Rubio afirman que ambos mandatarios comparten el criterio de evitar que Irán posea armas nucleares y la libre navegación por el paso de Ormuz rechazando el cobro de un recargo por considerarlo aguas internacionales, las reuniones de Wang Yi y Abbas Araghchi en Beijing y el Acuerdo Estratégico Integral indican una afinidad política que hacen dudar de las verdaderas intenciones de China. El debilitamiento de los Estados Unidos se inscribe en las aspiraciones de China.
Xi utilizó la frase “estabilidad estratégica constructiva” para definir la relación entre ambos países que fue recogida por Trump en el comunicado de la Casa Blanca con el agregado “sobre la base de transparencia y reciprocidad”. La vaguedad de la definición sumado al añadido de Washington revela que la reunión no ha podido despejar la desconfianza sobre las intenciones del anfitrión.
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Esta es la segunda reunión entre ambos líderes. Nada indica que el diálogo entre dos naciones de regímenes políticos antagónicos y que compiten por la hegemonía tiene posibilidades de transcurrir por carriles armoniosos. Desde su llegada al poder, Xi ha sido consistente en desafiar y promover el aislamiento de los Estados Unidos; la coexistencia no forma parte de su formación marxista. Por el contrario, mientras Xi permanezca en el poder habrá menos diálogo y más conflictos.
Economista. Exembajador. Consultor del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI)