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Lo hizo de nuevo

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Gobernadores. Recibieron una novedosa convocatoria en el mensaje presidencial. | cedoc

Cuando la política clásica esperaba una afrenta sin vuelta atrás o algún tipo de rendición en pos de gobernabilidad, el Presidente desorienta y mantiene su rumbo, acelera levemente en las curvas y le pasa otra vez a la dirigencia que lo mira de reojo la responsabilidad para que decida si quiere seguir siendo “casta”, estatus que se abandona al abrazar las imposiciones de las fuerzas del cielo.

Lo hizo a su modo, claro, en la estelaridad de su discurso nocturno ante la Asamblea Legislativa, por cadena nacional y con algo más de 50 puntos de rating. Menos que la Selección, más que lo que puede concitar cualquier político.

En ese estilo Milei, la mayor parte de la hora y cuarto que duró su alocución predominaron sus conceptos tradicionales y distorsionados respecto a los por qué del declive argentino y de cómo revertir la caída. También reiteró que recibió la peor herencia de la historia, como hacen todos los nuevos mandatarios.

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Aunque sin novedad, volvió a conectar con una demanda social en reclamo de mayor austeridad pública. Allí englobó el uso de aviones privados o sanitarios de los gobernadores presentes; el anuncio del cierre de la agencia Télam; la ficha limpia para funcionarios, ex funcionarios y candidatos; el cese de las jubilaciones especiales para presidentes y vices; el recorte de las asesorías legislativas y la restricción en la duración de los mandatos sindicales, entre otras medidas.

Esas propuestas le permitieron intentar disimular el mínimo tiempo que le dedicó al impacto en el bolsillo que tienen las primeras medidas del Gobierno. “Paciencia y confianza”, se limitó a pedirle a la sociedad.

Milei y los gobernadores aceleran hacia el abismo

Pero la mayor novedad fue la convocatoria a los gobernadores de suscribir el Pacto de Mayo, en Córdoba, en torno a diez puntos de enunciación muy abarcativa sobre políticas de estado sostenibles en el tiempo. “Nos cagó”, comentó en reserva uno de los destinatarios.

Aunque fue presentada por Milei como una generosa oferta para que los “traidores” y “extorsionadores” se resarzan de sus pecados, en lo político vuelve a exponer a los gobernadores a que lo tomen o lo dejen, sin medias tintas. Y con condicionantes: antes deben garantizar que el mega DNU 70 permanecerá vigente y que será aprobado el proyecto de ley ómnibus. Apenas una zanahoria, como es rediscutir los fondos coparticipables.

En otra mojada de oreja, el Presidente dijo que en la construcción de ese Pacto de Mayo con los mandatarios el Gobierno será representado por el Jefe de Gabinete y los ministros del Interior y de Economía. Así desatiende otro reclamo de las provincias: hablar directamente con Milei.

Desatendió cualquier tipo de dependencia: reafirmó que avanzará igual en ese rumbo con o sin respaldos provinciales. Tras el apoyo inmediato por redes de Mauricio Macri, los mandatarios del extinto sello de Juntos por el Cambio se apuraron en aplaudir la idea del Pacto. Se descuenta el rechazo de muchos peronistas, empezando por el bonaerense Axel Kicillof.

Fueron sin embargo más reticentes los legisladores, en especial los dialoguistas. El rostro de la mayor parte de ellos fue evitada durante la transmisión oficial, que prefería detenerse en las jóvenes barras de la militancia libertaria en los palcos y en la figura del asesor premium Santiago Caputo, clave para el discurso presidencial. Los representantes del peronismo en el Senado y Diputados jamás fueron visibilizados por las cámaras de la TV Pública. Ay la libertad.

A nadie sorprendió el ninguneo legislativo de Milei al Congreso, teniendo en cuenta los antecedentes lejanos y cercanos de esa relación.

Durante los dos años que estuvo en la Cámara de Diputados, participó menos de lo mínimo imprescindible, como cuando junto al kirchnerismo votó a favor de la eliminación de la cuarta categoría del Impuesto a las Ganancias que impulsó Sergio Massa, en plena campaña electoral. Cero proyectos de ley. Cero participación en alguna comisión. Utilizó la banca como trampolín político para su carrera presidencial, que incluyó el sorteo mensual de su dieta.

La despreocupación de Milei por lo legislativo se extendió al armado de las listas en cada uno de los distritos. Esa tarea se la delegó a personajes (como Sebastián Pareja y Carlos Kikuchi) luego desplazados, que se nutrieron no sólo políticamente de sectores del peronismo subterráneo y conformaron boletas carnavalescas. Ahora se arrepienten. Por eso a Eduardo ‘Lule’ Menem, desde la secretaría General de la Presidencia de Karina Milei, le ha sido encomendado un armado nacional más consistente con vistas a las legislativas del año próximo.

Sentado en el sillón de Rivadavia, el desprecio de Milei hacia el Poder Legislativo se multiplicó desde el primer día. Aún se recuerda su discurso presidencial inaugural en las escalinatas del Congreso, a espaldas de las dos cámaras.

Los ignoró con el mega DNU 70 y los expuso con el proyecto de ley ómnibus de las Bases, un mamotreto que terminó desactivado tras recortes, marchas, contramarchas y desatinos que expusieron las torpezas del oficialismo. También de alguna oposición.

Ese fiasco fue aprovechado por la hábil comunicación libertaria para subrayar un aspecto clave del relato oficial: ellos (legisladores y gobernadores) son la casta, no quieren perder sus privilegios y nos impiden gestionar según el mandato que brindó la mayoría del electorado.

Intrigas e internas crecientes

Curiosamente, o no tanto, tanto el ministro de Economía, Luis ‘Toto’ Caputo, como el propio Presidente han insistido con que el programa económico del Gobierno tiene total independencia del Congreso. Sin ir más lejos, Milei volvió a repetir ese concepto en un reportaje que le brindó al Financial Times esta semana.

Convendría que el jefe de Estado sea mejor aconsejado. O que escuche los consejos. Días atrás la vicepresidenta Victoria Villarruel se reunió a solas con el asesor premium Caputo. El motivo formal fue la preparación de la Asamblea Legislativa del viernes, de cuya organización fue protagonista la directora de Ceremonial del Senado, Soledad Etcheverry, quien permanece en el cargo pese a que fue nombrada por Cristina Kirchner e integra La Cámpora. Premio a la eficiencia.

Durante ese encuentro, Villarruel le ratificó a Caputo una información que circula por los pasillos de la Casa Rosada desde hace dos semanas: que de no mediar una negociación con las provincias por los fondos que reciben, en la cámara Alta será rechazado el mega DNU vigente. Un aroma similar comienza a olfatearse en Diputados.

Resulta improbable que el asesor Caputo y la vice Villarruel hayan conversado en torno a una versión inquietante que se ha echado a rodar desde ciertas usinas vinculadas al peronismo. Se trata de la posibilidad que en el Congreso se activen de manera preliminar mecanismos para intentar iniciarle juicio político al Presidente. Algo que contempla la Constitución Nacional, que nunca se puso en práctica en los 40 años de democracia ininterrumpida y que causaría una convulsión de imprevisibles consecuencias.

Acaso sea una amenaza extrema e impracticable más (como la que lanzó el gobernador Ignacio Torres respecto a frenar la producción de petróleo y gas), pero debería tomarse en cuenta a la hora de decidir si se escala la tensión entre dos de los tres poderes del Estado. Tal vez el anunciado Pacto de Mayo atempere los ánimos belicosos de los dos lados. Jugar con fuego puede resultar algo más que peligroso.