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COLUMNISTAS / opinion
sábado 29 septiembre, 2018

Más fácil era dejar a Sturzenegger

Como la economía es credibilidad, lo que hizo el Gobierno el 28 de diciembre fue un suicidio económico.

por Jorge Fontevecchia

CAPUTO CAPUT. Ex presidente del Central y Lagarde, del FMI. Foto: na
sábado 29 septiembre, 2018

La economía es credibilidad; como el Gobierno la perdió, ahora deberá esforzarse mucho más para recuperarla. El plan anunciado de emisión cero es del Paleolítico de la economía, como una convertibilidad. Obviamente, si durante un año no se imprimiera dinero, la inflación caería drásticamente y hasta podríamos estar votando en octubre de 2019 con una inflación mensual de solo un tercio de la actual y que proyectada a los doce meses siguientes fuera de 17%, lo que se esperaba para 2018 en diciembre de 2017. Pero para eso hace falta déficit cero además de tasas de interés por las nubes durante cierto tiempo.

No hay política económica sin credibilidad y el Gobierno la gastó el 28 de diciembre 

Mucho más fácil hubiera sido no hacer el 28 de diciembre pasado la fatídica conferencia de prensa en la que el Gobierno anunció que quería más inflación, y cumplir con la baja de déficit fiscal que se requería para que se cumplieran las metas de inflación. Pero a aquel Dujovne de diciembre una inflación mayor lo ayudaba a alcanzar su meta de déficit con menos esfuerzo porque le licuaba costos. Y no fue casual que lo hicieran después de aprobar el Presupuesto.

Como a veces los déficits o superávits gemelos, los cumplimientos de las metas hubieran venido juntos: si se cumplían las metas de déficit, iban a cumplirse las metas de inflación. Pero en un hecho inédito en el mundo, un gobierno salió a anunciar solemnemente que quería más inflación haciendo que las expectativas de una inflación del 17% para 2018 (nunca 10%) y de un crecimiento de más de 3% se pasaran a pronósticos de crecimiento neutro e inflación del 25% y, meses después, de caída del producto bruto e inflación de 45%. Como la economía es credibilidad, lo que hizo el Gobierno el 28 de diciembre fue un suicidio económico.

Obviamente, las consecuencias de la sequía, el aumento de la tasa de interés en EE.UU. y la guerra comercial de Trump con China hubieran empeorado el resultado que en diciembre 2017 se esperaba para 2018, pero muy distinto hubiera sido enfrentar la tormenta con una tripulación más creíble que con un barco sin timón.

Por no querer cumplir con la reducción del déficit fiscal en 2018 que requería la política de metas de inflación, ahora la reducción tendrá que ser mucho mayor, habiendo destruido un cuarto de la riqueza de todos los argentinos. Lo mismo que con “la bomba” de las Lebacs: para reducir a la mitad los 900 mil millones de pesos de deuda que había en ellas hace poco más de cien días, cuando asumió Caputo en el Banco Central, se emitieron pesos que obviamente pasaron al dólar, aumentando el precio del dólar y la inflación, como cuando el remedio es peor que la enfermedad. Lo que había hecho el Banco Central con las Lebacs era comprar en 2017 dólares a 17 pesos que tenía en sus reservas y podría haberlos vendido a 28, el precio del dólar cuando asumió Caputo, en lugar de a 40 pesos dos meses después o a 44, cuando llegue al techo de la banda. Escandalizaba la tasa de interés del 40% anual de las Lebacs, pero ahora se legitimarán tasas de interés en los bancos del 60% y esperemos que, cumpliendo la promesa de no emitir, no llegue a 80% en algún mes.

Viendo lo sucedido, más fácil hubiera sido para Macri dejar a Sturzenegger y echar a quienes se le oponían en el equipo económico del Gobierno porque hoy también se quedó sin Luis Caputo y sin sus dos vicejefes de Gabinete. Extraño, porque quienes lo conocen bien dicen que éste es el verdadero Macri y que se entendía mejor con Sturzenegger que con los otros economistas. De hecho, Dujovne presentó su renuncia hace dos semanas y simultáneamente Macri recibió a Melconian (más severo aún con la reducción del déficit fiscal y mucho más enfrentado que  Sturzenegger al trípode de los vicejefes de Gabinete y Marcos Peña), generando todo tipo de conjeturas sobre el ofrecimiento de sustituir al ahora todopoderoso Dujovne.

Qué paradoja: el humilde Dujovne, que se adapta a lo que sea mandado, a aumentar la inflación en diciembre de 2017 relajando el esfuerzo del Estado para cumplir su meta de déficit fiscal, y ahora a ser el más estricto instrumentador del déficit cero, terminó acumulando el poder de todos los que fueron quedando en el camino: Quintana, Lopetegui, Sturzenegger y Caputo.

Y qué otra paradoja: el Gobierno, que había ganado todas las elecciones desde que Macri se presentó a jefe de Gobierno de la Ciudad en 2007, invicto durante una década, gracias a su capacidad de construir narraciones, dividir a la oposición y convencer a los votantes, termina enfermando de su propia medicina: la comunicación.

Pero la vida se construye siempre con paradojas porque si no las hubiera, todo el tiempo el futuro sería lineal y predecible. Aunque luego se pueden explicar a posteriori: casualmente por ser humilde, Dujovne pudo sobrevivir en una guerra de egos, donde los demás contendientes fueron aniquilándose entre sí. Y el gigantesco error de comunicación del Gobierno del 28 de diciembre y los posteriores como consecuencia solo pueden cometerlos quienes están muy acostumbrados a acertar: “se muere de éxito”, sostenía Peter Drucker, el gran filósofo de la administración, porque se cae más fuerte desde más alto.

Caputo trajo al FMI para poder irse él, seguro de que no habrá default en los bonos que él emitió

La actualización del 3% mensual de la banda de flotación del dólar es contradictoria con la decisión de no emitir y hasta mínimamente con la estacionalidad de la demanda de dinero. Al no lucir como una “tablita” sostenible en el tiempo, tampoco genera mucha certidumbre cambiaria. Se desprende que durante octubre a 44 pesos el Banco Central tiene autorización del Fondo Monetario Internacional para vender “todos” los dólares, otro 10% de devaluación de 40 a 44. Menos mal que el Fondo Monetario vino a ayudarnos a detener la turbulencia cambiaria cuando el dólar se había disparado a 28.

Otra paradoja: quien trajo al Fondo Monetario Internacional, Luis Caputo, ahora se fue y nos lo dejó. Eso sí, se fue una vez que aseguró que los bonos argentinos que él emitió no van a defaultear, aunque todo lo demás empeore.


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