Córdoba se ubica en el primer lugar del país en un indicador que empieza a preocupar a economistas y funcionarios: la insatisfacción laboral. Según un informe de la consultora OTES, el 54,2% de la fuerza de trabajo provincial atraviesa hoy una situación de vulnerabilidad ocupacional, 23,3 puntos por encima de la media nacional, que se ubica en 31,1%.
La cifra, llevada a números concretos, representa a 456.000 cordobeses. Y ahí aparece el dato que más llama la atención de los especialistas: la desocupación formal —8,8% según las estadísticas oficiales— explica solo una parte mínima del problema. De ese universo de afectados, apenas 74.000 personas están desempleadas. Las restantes 382.000 ya tienen un trabajo, sea formal o informal.
El empleo ya no alcanza
El informe de OTES pone en jaque una idea instalada en el debate público: que generar más puestos de trabajo resuelve la crisis de ingresos. La realidad cordobesa muestra otra cosa. El problema central ya no pasa por conseguir un empleo, sino por la calidad de ese empleo y el poder adquisitivo que genera.
Tres fenómenos convergen al mismo tiempo: el avance del empleo precario, salarios reales que siguen por debajo de los valores de 2023, y una salida sostenida de trabajadores del sector manufacturero, tradicionalmente el que mejores remuneraciones ofrecía en la provincia.
A la par, la tasa de actividad marca récords históricos: cada vez más cordobeses salen a buscar trabajo para reforzar el ingreso familiar, en un contexto donde un solo sueldo ya no cierra las cuentas del hogar.
Comercio y construcción, los más golpeados
Los números sectoriales grafican la profundidad de la crisis. El sector Comercio acumula una caída del 17,8% desde noviembre de 2023, mientras que la construcción, medida a través de UOCRA, retrocede 11,8% en el mismo período.
La comparación se vuelve más dramática si se toma como referencia noviembre de 2015: el sindicato mecánico SMATA exhibe una contracción del 53,7%, y Comercio, del 33,3%. El derrumbe sostenido en los rubros metalúrgico y automotriz —motores históricos de la economía cordobesa— explica buena parte de la pérdida de poder adquisitivo que hoy empuja a miles de familias a sumar horas extra o a endeudarse para sostener un nivel de vida que hace pocos años daban por garantizado.