Durante más de cinco décadas, distintos bares, boliches y espacios culturales fueron puntos de encuentro para la comunidad LGBT+ en Córdoba. Piaf Disco, Somos, Beep Pub, Hangar 18 y Zen Disco, entre otros, no sólo marcaron la historia de la noche cordobesa, sino que también funcionaron como espacios de sociabilidad, expresión artística y construcción de comunidad.
La historia de la noche LGBT+ local tiene al menos 50 años y estuvo atravesada por diferentes momentos políticos, sociales y culturales. Según señala la antropóloga e investigadora de las escenas drag en Córdoba, Daniela Brollo, estos espacios permitieron “sostener prácticas y vínculos incluso en los períodos de mayor hostilidad” hacia la diversidad sexual. Para Brollo, los antecedentes no se encuentran únicamente en los boliches, sino también en “fiestas privadas y bares donde podían desarrollarse performances y encuentros, aunque durante las décadas de 1970 y 1980, estas prácticas estuvieron condicionadas por la dictadura, por la persecución policial y por una moral sexual que muchas veces las condenó”.
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Uno de los primeros espacios que se encargó de resguardar a la comunidad en esos años de represión fue Akies. Un boliche que funcionó entre 1975 y 1985 en una casa de barrio San Vicente. Su dueña, Marcela Juárez, “conocida también como ‘La Pochocha’, es una figura muy recordada porque habilitó escenas y escenarios donde estas prácticas fueron posibles”, destacó Brollo y agregó que fue posible mapear estas escenas a partir de trabajos realizados por otras colegas antropólogos e investigadoras (Gustavo Blázquez, Ana Laura Reches Peressotti y Lucía Tamagnini) que derivó en la conformación del proyecto Escenas Transformistas.
Piaf y Somos
Con el regreso de la democracia, la noche LGBT+ cordobesa atravesó una nueva etapa de expansión. Inaugurada en 1983, Piaf Disco se convirtió en uno de los espacios más recordados de la ciudad. El boliche tuvo distintas ubicaciones a lo largo de sus años de funcionamiento. “Comenzó en La Rioja y Santa Fe, luego se trasladó al Pasaje Comercio, cerca de La Cañada, y posteriormente llegó a barrio San Martín, donde continuó hasta 2010, atravesando distintas renovaciones”.

Un año después de la apertura de Piaf, en 1984, apareció Somos, otro lugar de encuentro de la comunidad cordobesa. Su propietario fue Eugenio Cesano, quien posteriormente estuvo detrás de otros espacios recordados, como Mixer y Planta Baja. En estos lugares no sólo había música y baile. También se organizaban “fiestas de disfraces, celebraciones, concursos y distintos eventos que permitían fortalecer los vínculos entre quienes frecuentaban estos espacios”, explicó Brollo.
Beep Pub y Hangar 18
En 1994 abrió Beep Pub, un espacio que Brollo considera “parte de la renovación de la noche cordobesa”. Un año después, en 1995, comenzó a funcionar Hangar 18, otro de los lugares que quedaron asociados a la historia LGBT+ de la ciudad. “Hangar tuvo una particular importancia para las expresiones artísticas. Según narran las propias artistas, hasta ese momento, los shows en los boliches estaban fuertemente vinculados al transformismo y a la imitación de grandes figuras o divas del espectáculo”.
Durante los ‘80 y ‘90, algunas de estas performances se centraron en representar, a partir de la caracterización o la personificación, a las divas de la música, el cine o el teatro como Liza Minelli, Marilyn Monroe o Madonna. En Córdoba comenzaron sus carreras artistas como Antara Wells, Jenny Mckenna, Pachy Negui, María Laura García, Fernanda Salomón, Tamara Show y Jandry", mencionó la antropóloga.

“En la década de 1990, y particularmente en Hangar, empiezan a circular otras formas estéticas asociadas al drag”, sostiene la profesional. Esta nueva expresión artística era vinculada mayormente a nuevas estéticas, coreografías y referencias culturales internacionales, especialmente el pop y la música electrónica
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Es necesario comprender la importancia histórica de estos lugares, que no sólo funcionaban como espacios de entretenimiento, sino que en los períodos en los que las personas de la comunidad eran reprimidas por las condiciones sociales, familiares o políticas, los boliches funcionaban también como espacios de pertenencia. “La noche tiene eso de espacio de diversión, pero también, en momentos de mayor hostilidad para la comunidad LGTB+, era como espacio de encuentro”, explicó.
Una escena que salió de la noche
La historia más reciente muestra una expansión del drag hacia espacios que exceden los boliches. “En los últimos 15 años cambió muchísimo la sociedad y el lugar que ocupan las artistas drag y transformistas en Córdoba y desde aproximadamente 2015, se multiplicaron tanto las propuestas como los espacios donde se desarrolla esta escena”, explica Brollo.
Según la antropóloga, la expansión estuvo vinculada a las transformaciones sociopolíticas de las últimas décadas, como la sanción de las leyes de ampliación de derechos civiles (Ley de Identidad de Género y Ley de Matrimonio Igualitario) y la creciente movilización política LGTBIQ+, pero también a otros aspectos puntuales como las industrias culturales y la circulación de producciones internacionales como RuPaul’s Drag Race, que contribuyeron a ampliar los públicos y el consumo de esta expresión artística. Ese crecimiento también alcanzó al teatro, los centros culturales, museos y otros espacios por fuera de la noche. “Que se configure una escena y que el drag ocupe un lugar central fue algo percibido como novedoso para ciertos públicos en relación a estos espacios culturales”, explica.

En ese proceso, Brollo destaca el protagonismo de distintos colectivos y propuestas surgidas en Córdoba, entre ellos “Tarde Marika Maricas, Dragmáticas, Entre Piernas Noches de Club, que tuvieron especial presencia desde 2017”. La expansión, además, llevó al drag hacia espacios no convencionales para la noche, como ocurrió con actividades en museos y propuestas vinculadas a la UNC.
En ese recorrido, los boliches fueron fundamentales, primero como espacios de encuentro y refugio, después como escenarios para el transformismo y finalmente como lugares donde el drag pudo consolidarse como una expresión artística con identidad propia. Piaf, Somos, Beep Pub, Hangar 18 y Zen Disco forman parte de esa historia, pero no son solamente nombres de antiguos locales nocturnos. Son parte de una memoria colectiva construida alrededor de la posibilidad de encontrarse, divertirse, expresarse y reconocerse en una ciudad donde, durante décadas, esos espacios no estaban disponibles.