Con el calendario 2026 ya en marcha, el escenario cordobés se prepara para un período de intensidad política. El politólogo César Murúa, profesor de análisis político de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), asegura que continuará esta dinámica a la que define como de “montaña rusa” y de “vigilancia permanente” en el círculo rojo.
En diálogo con Perfil Córdoba, el director del Copec describe un escenario donde el oficialismo provincial acelera su gestión para blindarse ante la crisis, mientras que la oposición, con herramientas institucionales inéditas, busca todavía saldar sus fracturas internas para construir una alternativa sólida en un clima de ansiedad e incertidumbre.
— ¿Qué se puede esperar en materia política para este 2026?
— Una continuidad del vértigo que tuvimos durante estos últimos dos años. Venimos de una montaña rusa, independientemente de las circunstancias o de si era un año electoral o no. La conversación política, principalmente en el ámbito público y en el círculo rojo, se ha vuelto muy intensa. Hasta cuestiones que son circunstanciales se han vuelto tremendistas; hay mucha ansiedad por encontrar pequeñas señales o vaticinios del futuro.

— ¿A qué atribuye esa ansiedad constante en la lectura política?
— Está dada por la aparición de Javier Milei. Como nadie pudo prever su ascenso, hoy todos estamos en una situación de “que no nos pase de nuevo”. Hay un temor generalizado a fallar en la lectura política y eso nos mantiene a todos en puntas de pie.
— ¿Esta urgencia se siente por igual en la provincia y en los municipios?
— Hay distintas urgencias. Los que tienen mayor capacidad de agenda son los oficialismos y cada uno maneja horizontes temporales diferentes. El oficialismo provincial mira hacia abril de 2027 y el nacional hacia octubre de 2027. Además, resta ver qué pasará con las PASO: si se eliminan definitivamente o solo se suspenden, como ocurrió el año pasado. Al tener tiempos distintos, van a manejar urgencias distintas. Por cómo terminaron el año, veo con más urgencias al oficialismo provincial.
— ¿Por qué?
— Por los desafíos que tiene adelante y por su propio estilo. Martín Llaryora asienta sus estrategias en la gestión, ese ha sido históricamente su fuerte y la gestión lleva tiempo; no son golpes de efecto comunicacionales. Los cambios que ha hecho van en la línea de darle dinamismo a su administración. El mérito de Llaryora es intangible: haber logrado sostener la gestión, haber podido mantener un nivel de obra pública por momentos muy destacable; y también el sistema educativo, todo esto en un contexto de fuertes recortes por parte del Gobierno nacional, lo cual es muy meritorio. Sin embargo, a la ciudadanía tal vez le cueste destacar estos logros, por eso el oficialismo tiene la urgencia de generar resultados que se sientan para que luego se transformen en un capital electoral favorable.
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— ¿Cómo analiza el rol de la oposición en este escenario?
— La oposición está en una situación atípica. De la misma manera que el oficialismo vivió su propia crisis por el enfrentamiento con el Gobierno nacional y el recorte de subsidios, la oposición cuenta con activos como una fuerte presencia en la Legislatura y el control del Tribunal de Cuentas. Sin embargo, en la Legislatura no le ha ido del todo bien, por aliados circunstanciales del oficialismo o por sus propias divisiones internas. Solo logró un freno en el Código de Convivencia, pero fue algo que no logró la oposición, sino la Iglesia. Han tenido herramientas inéditas para confrontar y lo han hecho con una suerte dispar.
— ¿Cuánto de lo ocurrido en Córdoba en las legislativas del 2025 se puede proyectar hacia las ejecutivas del 2027?
— Hay dos temas grandes para intentar comparar. Primero, el nivel de la elección: una legislativa nacional frente a una ejecutiva provincial marca una diferencia de entrada. La segunda es que dirigentes como Rodrigo de Loredo, que no compitieron en octubre, van a jugar fuerte en 2027 y en una elección que se defina por centésimas, su rol es vital.
— En definitiva, ¿cómo se reparte la agenda para este año?
— La agenda del oficialismo es la gestión para que luego sea una agenda de campaña. La de la oposición es la construcción política, que es compleja e intangible. Deben ver si hilvanan algo más consistente en la Legislatura, donde hasta el radicalismo está dividido. Sus herramientas actuales, videos y frases rimbombantes, no son del todo efectivas; principalmente hay que ver cómo votan sus legisladores. Los intendentes deloredistas, cuando tengan que pagar aguinaldos en julio, ¿cómo se van a comportar?
Es difícil construir confianza cuando no paran de tirarse indirectas sobre quién será el candidato a gobernador. Y, por otro lado, la gran pregunta en la oposición es quién será el arquitecto en el armado. ¿Luis Juez mantendrá su coalición con los libertarios independientemente de los espacios que le den? ¿Qué incentivos tienen los libertarios para ceder lugares? No sabemos quién va a tener “la lapicera” para construir una coalición que contenga a todos. Y al mismo tiempo resta preguntarse qué pasará con el espacio de Natalia de la Sota. Por eso, una de las grandes preguntas será ver cómo se conforman las coaliciones.