El secuestro de más de $80 millones en el interior de un Volkswagen Tiguan que tenía pedido de captura y se encontraba desde hacía meses en una playa de estacionamiento del centro de la ciudad de Córdoba depara capítulos intrigantes.
Apenas se comienza a desentrañar la historia, aparece un nombre conocido: el de Juan Cruz Vera Peusso, detenido actualmente en el complejo penitenciario de Bouwer e imputado por estafas. Juan Cruz es hijo de Miguel Vera, el arrepentido condenado por la financiera ilegal CBI Cordubensis, y sobrino de los dueños de la empresa líder en insumos eléctricos Peusso.
La investigación que lo mantiene en prisión está radicada en la Fiscalía de Delitos Complejos a cargo de Valeria Rissi. Por estos días de feria, interviene el fiscal Matías Bornancini.
En paralelo, la fiscal del Distrito I, Celeste Blasco, encabeza la pesquisa sobre el dinero secuestrado. ¿Quién fue el último usuario del auto? ¿Por qué dejó el efectivo en el interior del vehículo casi abandonado en la playa de calle Salta al 300? ¿Cuál es el origen de los fondos?
Por el momento esos interrogantes forman parte del misterio.
Lo que sí pudo reconstruir Perfil CÓRDOBA es por qué el auto tenía pedido de secuestro y quién figura como titular.
La Tiguan 2.0 secuestrada la semana pasada con una cifra millonaria aparece en los registros del automotor a nombre de Gustavo Segura.

Fuentes con acceso al expediente contaron a este medio que, en un asado que compartió con su amigo Miguel Vera y su hijo Juan Cruz en diciembre de 2024, comenzó la negociación por la camioneta. Cerraron trato.
Segura habría recibido de Juan Cruz un pago inicial, le habría entregado el vehículo y dejó pendiente la transferencia del dominio hasta que cancelara el monto total.
Entre enero y febrero de 2025, la camioneta quedó involucrada en una causa federal por drogas en Paso de Los Libres, Corrientes. Por figurar como dueño del auto, Segura fue detenido y a los tres días recuperó la libertad. Meses después resultó sobreseído y desvinculado de la causa narco. Así lo señalaron personas de su entorno.
Estos detalles figuran en la declaración que prestó en el expediente a cargo de la fiscal Rissi.
Según las fuentes consultadas, Segura explicó que antes de ser detenido por el episodio en Paso de los Libres recibió una llamada telefónica de Liliana Peusso -una de las socias de la empresa - para pedirle que “por favor se comunicara con una persona para entregarle los papeles para poder transferirla”. En ese diálogo le habría pasado el contacto. El teléfono de Segura también fue secuestrado y en su interior figuraría quién es el último usuario del vehículo, o al menos la persona a quien se la habría vendido Juan Cruz Vera Peusso.
La patente KVU764 de la Tiguan continúa hoy a nombre de Segura.
En síntesis, la secuencia que fue posible reconstruir indica que Vera Peusso habría revendido la camioneta sin papeles; que el nuevo comprador exigía la documentación y por eso una de las dueñas de la empresa se comunicó con Segura para pedírselos.
El viernes pasado este medio procuró obtener la identidad de la joven que entregó las llaves del vehículo a la policía para que lo abrieran. El dato es clave para conocer quién fue el último poseedor del auto.
El jefe policial que realizó el operativo de secuestro del dinero eludió dar más precisiones porque la causa ya está judicializada y la fiscal Blasco respondió que es un expediente de una fiscalía de Delitos Complejos y rige el secreto de sumario.
La incógnita radica hoy en quién tuvo en último término el auto, qué uso le dio, qué vínculo tuvo con una banda narco investigada en Corrientes, por qué dejó “guardada” la cifra millonaria hallada y qué origen y destino tenían esos fondos que quedaron atrapados cuando la Justicia dispuso la custodia permanente del auto.
Las presuntas estafas bajo investigación
Antes de la negociación de la camioneta, aparentemente Vera Peusso habría defraudado a numerosas personas.
Según la Fiscalía de Valeria Rissi, entre junio y diciembre de 2024, comenzó a captar fondos para una supuesta inversión financiera.
A sus clientes, la mayoría conocidos y sus allegados, les ofrecía hacer trabajar el dinero a cambio de ganancias extraordinarias, que oscilaban entre el 3,5% y el 7% semanal. En realidad no los invertía, sino que los dólares que captaba los usaba luego para pagar los intereses, aparentando ganancias genuinas.
Cada semana, los inversores obtenían la ganancia del dinero entregado, pero nunca retiraban el capital y permanecían en el engaño. En su discurso de venta, mencionaba la intervención de la empresa Peusso SA.