La cifra es potente: el 53,1% de los argentinos está de acuerdo con que el peronismo ya no representa a la sociedad argentina actual, un diagnóstico que no se limita a un sector ideológico puntual, sino que atraviesa edades, regiones y experiencias de voto.
El dato, que pertenece a uno de los últimos trabajos de la consultora Zuban Córdoba en 2025, no sólo interpela a la principal fuerza política del país durante las últimas décadas, sino que también ayuda a explicar un fenómeno clave del presente: por qué el gobierno de Javier Milei mantiene un núcleo de apoyo relevante aun cuando la percepción económica personal (el famoso “metro cuadrado”) empeora. La respuesta no está tanto en la adhesión al rumbo libertario, sino en la ausencia de una alternativa legitimada.
Imposible saber a ciencia cierta si Martín Llaryora leyó el citado estudio, pero si no lo hizo parece estar interpretando muchos de los datos que allí figuran y ya ha comenzado a surfear la ola violeta que en Córdoba viene pegando parejo (desde el 2023 Milei y sus candidatos lograron cuatro victorias resonantes). Por eso, el gobernador avanzó no sólo con cambios en el gabinete y con designaciones clave en el Poder Judicial de Córdoba, con el foco puesto en 2027, sino también con una defensa a ultranza del cordobesismo que incluye a ministros, secretarios y mandos medios del gobierno.
La narrativa busca “dejar de lado” los 27 años que el peronismo lleva en el poder para concentrarse exclusivamente en esta gestión: los anuncios muestran las obras de los últimos dos años en la Provincia y ya no figura ‘gestión Llaryora’ como sello, sino que se destaca que esas obras “pertenecen a los cordobeses”. Menos De la Sota y Schiaretti y más cordobesismo. “No se trata de tirar a nadie por la ventana, pero hay que ser pragmáticos”, dicen allegados al mandatario.
Nadie puede sorprenderse por este “giro” de Llaryora. De hecho, cuando le ganó la elección a Luis Juez por tres puntos en el 2023, esa misma noche sostuvo: “Hay una generación que se retira y otra que ingresa, por eso no hay más 24 años (de gobierno)”. Lo dijo con Schiaretti parado a pocos metros y también con varios de los integrantes del “partido cordobés”, dirigentes del PRO y la UCR, hoy convertidos al cordobesismo.
Lo que quieren evitar a toda costa en el gobierno es que a Córdoba llegue la ola antiperonista que se percibe en algunos distritos. “Por ahora, lo que se ve es un marcado antikircherismo, pero que en Córdoba no se percibe porque los K nunca fueron una opción real acá, más allá de alguna elección presidencial puntual donde arrasó Cristina”, refiere un analista político que suele realizar encuestas en Córdoba.
Los cambios en el gabinete, que podrían continuar durante este mes, apuntan a robustecer la administración provincial pero también a tener a tener mayor visibilidad en la Capital. Está previsto que para este año sean 12 las áreas que se mantendrán con jerarquía de ministerio, por lo que se convertirán en secretarías las carteras de Ambiente y Desarrollo Humano, lugares que ocuparon Victoria Flores y Liliana Montero. A eso, hay que sumar la designación de Marcelo Rodio en Cultura.
“Raúl Sansica se seguirá ocupando de los temas que tienen que ver con la política cultural, mientras que Rodio va a ser el encargado de estar presente en los más de 200 festivales que se realizan en el interior provincial, muchos de ellos durante la temporada de verano. Militar el cordobesismo en todo momento y en todas las áreas.
Un desgaste que excede la coyuntura
La pérdida de representación del peronismo no es exclusivamente electoral, ni responde únicamente a su última gestión nacional. Se trata de un proceso más profundo, vinculado a la desconexión entre dirigencias, discursos y demandas sociales reales. Incluso entre votantes no libertarios aparece una percepción extendida de que el peronismo ya no logra expresar ni ordenar el malestar social, un rol que históricamente supo ocupar. La fragmentación interna, la superposición de liderazgos y la dificultad para ofrecer un horizonte común contribuyen a ese diagnóstico y es justamente ahí donde pretende diferenciarse Llaryora.
De hecho, en el último tiempo, el gobernador llevó adelante una “agenda liberal”, que incluyó un achique en la cantidad de ministerios y agencias y la presentación del presupuesto 2026 (“un plan histórico de reducción de impuestos”), lo que fue criticado por la oposición por considerarlo “demagogo”. “Con La Libertad Avanza compartimos electorado”, sostuvo Llaryora en un streaming, alejándose de las polémicas.
En el Centro Cívico le reconocen méritos a Milei, pero ponen de relieve que, en las últimas elecciones, particularmente, su figura surgió como una opción por descarte. “No estamos bien con Milei, pero es peor que vuelva el kirchnerismo”, fuer el pensamiento de muchos votantes.
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Justamente, el estudio de Zuban Córdoba revela que, aunque casi la mitad de los encuestados afirma estar peor económicamente que con el gobierno anterior, el presidente conserva niveles de competitividad electoral significativos. La explicación es política: la crisis de representación del peronismo deja sin canal institucional a buena parte del descontento, que no encuentra una traducción automática en una oposición sólida. El resultado es un escenario de polarización imperfecta, donde el oficialismo resiste más por debilidad ajena que por fortaleza propia.
Otro dato del que toman nota en el Panal es que, en los segmentos jóvenes, la identificación con el peronismo es aún más débil, “asociada a una visión del pasado que no dialoga con sus trayectorias laborales, culturales y simbólicas”. En los mayores de 45 años, en cambio, el desgaste convive con una nostalgia de representación: el recuerdo de un peronismo que supo articular expectativas y ordenar conflictos, pero que hoy aparece desdibujado. En ambos casos, el resultado es el mismo: desafección política.
Por eso, desde el gobierno de Córdoba aseguran que es momento de salir a la calle y para eso era necesario renovar algunos puestos clave, con dirigentes de 40/45 años que logren conectar con la gente y hablen de los problemas cotidianos.
Llaryora no quiere sorpresas como la que padeció el domingo 26 de junio de 2023, cuando le terminó ganando a Luis Juez por sólo tres puntos. “Nos levantamos todos tranquilos porque pensábamos que era un paseo y al mediodía caímos en la cuenta que podríamos perder. Nunca lo vi tan enojado a Martín como ese día. Todos sabemos que eso no puede pasar el año que viene”, dice un ministro que ya milita el modelo Llaryora para evitar sorpresas.