El gobernador de Córdoba y el intendente Daniel Passerini, encabezaron la inauguración del altonivel de Valle Escondido, una obra que, además de su impacto vial, se inscribe de lleno en la narrativa política de gestión que el cordobesismo intenta sostener.
Passerini: "Milei no va a ser reelecto, este proyecto ya fracasó"
No se trata de cualquier intervención: el distribuidor vial responde a un reclamo sostenido de los vecinos del noroeste, afectados durante años por congestionamientos, demoras y riesgos en uno de los accesos más utilizados hacia la ciudad. La eliminación del semáforo sobre la avenida Ejército Argentino (Ruta E-55) y la conexión directa con República de China apuntan a ordenar un tránsito que venía desbordado por el crecimiento urbano.

Pero el dato que el oficialismo no dejó pasar es el financiero. La obra fue ejecutada por la empresa Caminos de las Sierras y demandó una inversión de 16.500 millones de pesos, financiados por el Gobierno de la Provincia de Córdoba.
En otras palabras: recursos propios en tiempos donde la obra pública nacional prácticamente desapareció del mapa.

Ahí aparece la clave política. Passerini remarcó el “trabajo en equipo” con la Provincia, mientras Llaryora consolida una línea discursiva que busca diferenciarse del escenario nacional: Córdoba como isla de gestión, obra y empleo frente al ajuste. La infraestructura, en este caso, funciona como argumento tangible.
Desde el Ministerio de Infraestructura, el mensaje bajó a tierra. El titular del área, Fabián López, destacó que la obra ya muestra una descongestión marcada en horas pico, lo que refuerza la idea de eficiencia en la ejecución. Menos promesa, más resultado medible.
El altonivel forma parte de un paquete más amplio de intervenciones estratégicas —junto a los de Malvinas Argentinas y Ruta 36— que buscan mejorar accesos clave a la ciudad. En términos políticos, el oficialismo no solo inaugura una obra: intenta construir una narrativa de continuidad, planificación y autonomía financiera.

En definitiva, una intervención que resuelve un problema concreto para miles de vecinos, pero que también llega con un mensaje implícito: en Córdoba, incluso sin el empuje nacional, la obra pública sigue siendo bandera.