Los últimos datos difundidos por UNICEF, elaborados a partir de información oficial del Indec, mostraron una reducción de la pobreza infantil en Argentina. Para Martín Maldonado, investigador del Conicet, la medición de pobreza más utilizada en el país se basa únicamente en los ingresos monetarios de los hogares y no contempla otros factores que impactan directamente en la calidad de vida.
“Es un dato que genera cierto contrasentido porque va en contra de lo que muchas personas perciben. La sensación es que cada vez hay más pobreza, que hay más chicos en situación de vulnerabilidad y más dificultades económicas visibles en la calle”, afirmó.

Según explicó, la denominada pobreza por ingresos compara el dinero que percibe una familia con el valor de una canasta básica alimentaria compuesta por 52 productos. Si los ingresos superan ese umbral, el hogar queda fuera de la estadística de pobreza, independientemente de otros gastos esenciales. “Solamente mide si los ingresos monetarios alcanzan para pagar alimentos. No considera alquileres, transporte, salud, educación, combustibles ni servicios públicos”, señaló.
La crítica a los anuncios sobre la pobreza
“Ningún presidente puede sacar ni meter en seis meses a 14 millones de personas de la pobreza. La pobreza estructural tiene muchísimas dimensiones y no cambia de esa manera en tan poco tiempo”, sostuvo.
El investigador aclaró que este fenómeno no es exclusivo de la actual gestión nacional y recordó que estadísticas similares fueron utilizadas en gobiernos anteriores para mostrar avances o retrocesos sociales. A su entender, uno de los principales problemas aparece cuando existen fuertes cambios en los precios relativos de la economía.
“Cuando los precios de los alimentos suben o bajan muy rápido, la vara con la que se mide la pobreza se vuelve inestable y puede arrojar resultados que no reflejan completamente la situación social”, explicó.
Cuatro mediciones, cuatro resultados distintos
Según Maldonado, actualmente existen al menos cuatro indicadores considerados serios y confiables, pero cada uno mide aspectos diferentes de la realidad social. “Hay mediciones que dan 7%, otras 28%, otras 51% y otras 67%. La pregunta es cuál es la correcta. La respuesta es que todas son correctas porque miden cosas distintas”, afirmó.
El especialista explicó que algunas metodologías evalúan necesidades básicas insatisfechas, otras se enfocan en ingresos monetarios, mientras que otras incorporan variables vinculadas al nivel socioeconómico o a las condiciones generales de vida.
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Maldonado destacó especialmente la denominada pobreza multidimensional, utilizada por organismos internacionales y varios países de la región. A diferencia de la medición tradicional basada en ingresos, este sistema incorpora decenas de variables relacionadas con vivienda, educación, empleo, salud, acceso a servicios públicos, transporte, participación social y condiciones ambientales.
“Hoy la pobreza no se puede reducir únicamente al dinero que entra a una casa. También importa si la persona tiene trabajo formal, acceso a salud, educación, transporte, redes de contención y condiciones adecuadas para desarrollar su vida”, explicó.
Según indicó, mientras la pobreza por ingresos se determina a partir de una única pregunta sobre cuánto dinero recibe un hogar, las mediciones multidimensionales pueden incluir cientos de variables para construir un diagnóstico más amplio.
El desafío de interpretar los datos
“Es como preguntar qué examen es mejor: una radiografía, un análisis de sangre o una tomografía. Todos sirven, pero para medir cosas diferentes”, ejemplificó.
En ese sentido, remarcó que comprender cómo se construyen las estadísticas resulta clave para interpretar correctamente los datos y evitar conclusiones simplificadas sobre una problemática compleja que sigue siendo uno de los principales desafíos sociales de la Argentina.