¿Por qué nos cuesta tanto conectar en la era de la hiper conectividad? Las relaciones humanas, ¿son cada vez más efímeras? Estas son algunas de las preguntas que aborda María Victoria Gentile Gamond en su libro “Vínculos humanos y gente de mierda”, un título provocativo que plantea la paradoja contemporánea de vivir comunicados, pero en soledad. Gentile habla de los vínculos dañinos y de las personas poco empáticas, egoístas, abusadoras, manipuladoras, violentas y un largo etcétera. “La felicidad no es el éxito, ni el dinero, sino la calidad de nuestras relaciones cercanas”, asegura la autora, quien cree indispensable recuperar el arte de la conversación cara a cara para que los vínculos no se disuelvan en el vacío digital.
Gentile Gamond es cordobesa, aunque vive en Buenos Aires desde hace 28 años. Es magíster en Comunicación Institucional y licenciada en Ciencias de la Comunicación. El 7 de mayo, a las 18, presentará su libro, en el Palacio Ferreyra – Museo Evita, en la ciudad de Córdoba, después de presentarlo en la Feria del Libro de Buenos Aires.
—¿Hasta qué punto la tecnología se convierte en un obstáculo para la conexión emocional?
—Estamos en la época de mayor conectividad de la historia, pero mucha gente se siente muy sola y no sabe cómo conectar en las relaciones con otros. La rapidez de los cambios tecnológicos de los últimos 30 años ha modificado la construcción de las relaciones y la comunicación entre los sujetos y esto se ve reflejado en la decadencia de la efectividad de los vínculos humanos, la inefectividad en el uso de las aplicaciones de citas y la elección de lazos con avatares de inteligencia artificial, en reemplazo del humano. En la actualidad, las emociones y sentimientos están atravesados por la tecnología, la sustitución de una interacción cara a cara por una comunicación mediada por pantallas, constituye una dialéctica interactiva de protección y exposición, de visibilidad y ocultación.
—¿Cree que se están perdiendo las habilidades sociales básicas?
—Una habilidad social es la capacidad de gestionar las relaciones y construir redes sociales efectivas; se trata de un conjunto de comportamientos que engloba pensamientos, emociones y conductas que se presentan en la vida cotidiana y que permiten mantener relaciones. Estas habilidades se están olvidando en los adultos y están siendo difíciles para los adolescentes o jóvenes, a partir del uso de los celulares.
—Si la felicidad depende de los vínculos humanos, ¿por qué muchas personas eligen el aislamiento?
—La desconexión emocional es un mecanismo de defensa inconsciente para evitar ser lastimado o sufrir, en donde se deja de mantener el contacto social y con el mundo interior. Lamentablemente, se está viviendo una vida de desconexiones de los iguales, en una aparente compañía desde las mensajerías instantáneas y de las comunidades de las redes, y existe cierto desinterés en actividades compartidas y relaciones personales. Como consecuencia, se experimentan relaciones efímeras, livianas, líquidas y con altas exigencias; sexo fácil de obtener y, por eso, menos valorado, y poca responsabilidad emocional o empatía. Nadie se muestra vulnerable (porque puede ser un signo de debilidad) y cuesta sobrellevar las desilusiones de los desamores en una realidad descartable.
—¿Cree que se está perdiendo el arte de la conversación?
—Muchas personas no quieren tener diálogos incómodos, confrontar ideas y opiniones, lo cual conlleva a negociar, tampoco hay predisposición para conversar. Es frecuente hoy que los sujetos discutan y abandonen los grupos de WhatsApp, como si se pudiera poner delette a los asuntos más complejos y descartar las situaciones (...) Los sujetos se relacionan sin conectar, sin mirarse a los ojos, sin contacto físico y sin palabras emotivas. Como resultado, los temas profundos se vuelven cada vez más difíciles de tratar y compartir. No existen vínculos sin hablar. Hay que re-aprender a comunicar asertivamente, transmitir un mensaje claro sin reproches, peleas o descalificaciones al otro. Tener en cuenta cómo cuidar los sentimientos del interlocutor y no herirlo.
—Ahí aparecen las relaciones con entes de inteligencia artificial.
—Sí, incluso empiezan a aparecer vínculos afectivos con IA como sustitutos del contacto humano. En la actualidad ya existen relaciones con chat bots y robots y personas que se casan con novios virtuales. En estudios recientes, se ha observado que algunas personas desarrollan sentimientos románticos hacia entidades digitales.
—Volviendo a los vínculos humanos, ¿cómo nos conectamos con los demás?
—Los individuos usamos la intuición o el sexto sentido para elegir con quién conectar y a quién evitar: se puede coincidir, pero no conectar. Aunque a veces las personas se equivocan en la elección, siempre insisten en relacionarse y en seguir conociendo gente para conectar, porque lograrlo es mágico para el cerebro. Crear relaciones es agradable por algo muy concreto: los otros nos ayudan a sobrevivir y la vida tiene más sentido. La gente construye vínculos interpersonales basados en sentimientos afectivos, proyectos en común o intereses compartidos para lograr un desarrollo social en su comunidad (...) Lo cierto es que la felicidad son los vínculos. La capacidad para generar y mantener relaciones a largo plazo, con otras personas, es fundamental para el bienestar, la salud y vivir con cierta alegría. Tener una autoestima alta y ayudar a que otros la tengan, que se sientan valorados, es el éxito de los vínculos humanos.
—¿La ciencia lo confirma?
—La hipótesis de mi libro se basa en el estudio sobre la felicidad más largo del mundo, desarrollado por la Universidad de Harvard, y dirigido actualmente por Robert Waldinger, psiquiatra, psicoanalista y profesor. Ese trabajo que comenzó en 1938 y continúa hasta el día de hoy, llega a la conclusión de que lo único que a las personas las hace verdaderamente felices y las mantiene saludables son los vínculos y la calidad o profundidad que se generan en las relaciones cercanas en el transcurso de la vida; no así la fama, ni el dinero, ni el éxito laboral, como muchos pensarían.
“Vínculos humanos y gente de mierda”
340 páginas, Editorial Libero
Precio: $45.000
Se presenta el 7 de mayo, a las 18, en el Palacio Ferreyra – Museo Evita