En clave 2027, Rodrigo de Loredo decidió acelerar su armado con un doble movimiento que ordena —y tensiona— el tablero opositor en Córdoba: un despliegue territorial para recorrer todos los departamentos y la consolidación, bajo presión externa, de “La Liga”, un núcleo duro de 70 intendentes radicales que lo respaldan como candidato a gobernador.
El primer gesto de esa avanzada se concretó en Río Primero, donde el exdiputado puso en marcha una gira para cubrir todo el mapa cordobés antes del mundial. La hoja de ruta de los próximos días incluye Villa María, cabecera del departamento General San Martín, y luego San Justo, territorio del gobernador Martín Llaryora. No es un dato menor: cada escala también mide fuerzas con el peronismo en su propio terreno.
En su entorno aseguran que los tiempos se ajustarán para cumplir ese objetivo y que habrá una segunda ronda tras la competencia mundial. Pero el propósito de fondo es otro: reconstruir volumen territorial y retomar contacto con la agenda social. “No va a hablar de los problemas de la política, sino de los problemas de la gente”, repiten, en un intento de correrse de la rosca sin salir de ella.
En ese marco, De Loredo volvió a fijar posición sobre la ingeniería opositora. “Tenemos que estar todos juntos”, insistió, al tiempo que ratificó su candidatura: “Voy a ser candidato a gobernador el año que viene”.
Asimismo, redobló la apuesta con la idea de una interna abierta para ordenar un eventual frente amplio. “No se le puede tener miedo a que la gente ordene a la oposición”, planteó. Sin embargo, la propuesta choca con el eje Gabriel Bornoroni – Luis Juez, donde advierten que la UCR “no forma parte” del esquema violeta y rechazan que intente fijar reglas. La disputa por el liderazgo opositor está en marcha.
Pese a esa barrera, el núcleo deloredista insiste en que la unidad es la única vía para derrotar al PJ. “Si uno gana y los otros acompañan, le ganamos”, repiten, mientras advierten que el oficialismo juega a bloquear ese acuerdo. “El peronismo está gastado, ya no tiene ideas para Córdoba”, lanzó De Loredo, endureciendo el tono de campaña.
En medio de la interna opositora, el exdiputado quiere construir poder propio. Ahí entra “La Liga”, el grupo de intendentes que se alinearon detrás de su candidatura. Ese músculo territorial —clave para cualquier aspiración competitiva— está bajo una presión creciente que, según la UCR, apunta directo a desarmar ese esquema.
Ese tablero ofrece dos salidas para los jefes territoriales. Por un lado, confluir con el PJ en Hacemos Unidos por Córdoba o saltar hacia La Libertad Avanza. “Hay una persecuta”, sintetizan en el radicalismo. En paralelo, reconocen la advertencia libertaria: “Si te quedás en el radicalismo, te ponemos un candidato para arrastrarte”. La disputa ahora es territorial y con costos concretos.
Frente a ese escenario, en el deloredismo no descartan responder con la misma lógica. “El que se va y traiciona un proyecto, gratis no se la va a llevar”, deslizó un interlocutor. Aun así, buscan evitar una implosión interna, descartan una “caza de brujas” y relativizan los pases. “Por ahora es por goteo”, dicen. También rechazan la idea de arrastre automático: “Los votos son de la gente”.
Una reunión muy dura
El vínculo con la Provincia suma tensión en este contexto. La reunión entre el Foro de Intendentes radicales y el ministro de Gobierno, Manuel Calvo, en el Centro Cívico, expuso un clima áspero tras más de 70 días sin diálogo.
Según reconstruyó Perfil Córdoba, fue el intercambio más duro desde la llegada de Llaryora, con pases de factura al armado deloredista. Del otro lado, los intendentes descargaron reclamos por demoras en fondos, caída de recursos y el impacto de la crisis en las finanzas locales.
Hubo un gesto para descomprimir: la Provincia destrabó pagos —cerca de mil millones de pesos por acuerdos federales— y prometió asistencia para municipios que no puedan afrontar sueldos y aguinaldos. Pero la tensión no se disipó.
Los intendentes reclamaron previsibilidad, cuestionaron las deducciones en la coparticipación —que en algunos casos reduce a cero los recursos— y propusieron crear por ley un Fondo Complementario de Obras de Infraestructura (Focom). “Necesitamos una distribución justa”, plantearon.
En la lectura política, ese vínculo financiero funciona como palanca de condicionamiento sobre los jefes territoriales que sostienen a De Loredo. La presión sobre “La Liga” también se juega en la caja.
Herida abierta
La relación con Luis Juez sigue atravesada por una herida abierta desde 2023. Los reproches por la derrota —a apenas tres puntos— siguen activos. En el juecismo sostienen que las decisiones de De Loredo dañaron el armado; en su entorno responden que “fue Rodrigo quien dio el paso al costado” para habilitar a Juez. “El radicalismo le jugó limpio: abrimos los comités, trabajamos y dimos todo”, se escuchó en Río Primero. Esa herida persiste, aunque se convive con pragmatismo en los ámbitos parlamentarios.
En la Unicameral, la oposición sostiene una agenda común contra el peronismo, pero con intensidades distintas. El juecismo endurece su perfil con denuncias en la Justicia —no acompañadas por la UCR— y críticas directas a la gestión, mientras el radicalismo busca no quedar pegado a una lógica de confrontación permanente a pedido de sus intendentes.
En el Concejo Deliberante, en cambio, apareció una señal de convergencia. El apoyo del juecismo al proyecto radical para eliminar la Guardia Urbana —una de las banderas de De Loredo— fue leído como un gesto político. “Coincidimos en el diagnóstico”, dijo Martín Juez, incluso proponiendo transferir recursos a la Policía. En el bloque que comanda Elisa Caffaratti anticipan que insistirán con la iniciativa.
Señales
En paralelo, De Loredo empieza a filtrar sus propuestas para instalar en agenda. Además de eliminar la Guardia Urbana —“más gasto, cero seguridad”, cuestionó—, impulsa subir la edad de retiro policial y mejorar salarios para aumentar la presencia en la calle, aunque el PJ ya le bajó el precio. Son definiciones que, junto con el despliegue territorial, buscan darle volumen a su candidatura.
Con este escenario, apuesta a consolidar poder propio sin bajar la idea del frente no peronista. “Estamos abiertos a charlar”, dijo un deloredista. Mientras tanto, el referente radical se concentra en su escudería propia, apalancado en “La Liga” y en una campaña que busca cubrir cada rincón de la provincia antes de que el calendario electoral termine de ordenar las piezas.