La Reserva Federal de Estados Unidos inicia este martes 15 de septiembre una reunión de dos días que puede volver a endurecer las condiciones financieras internacionales. Después de meses en los que el mercado discutía cuándo podrían comenzar a bajar las tasas, el escenario se dio vuelta: la principal hipótesis es ahora un aumento de 25 puntos básicos, mientras la inflación estadounidense sigue por encima de la meta, el petróleo supera los US$100 y los rendimientos de los bonos del Tesoro volvieron a escalar.
La decisión se conocerá mañana miércoles 16 de septiembre. Para la agencia internacional Reuters, los mercados asignaban este martes alrededor de 92% de probabilidad a una suba de un cuarto de punto, que llevaría la tasa de referencia al rango de 3,75% a 4%. Un sondeo de la agencia mostró además que el 85% de los economistas consultados espera ese movimiento.
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Pero el dato central probablemente no sea solamente qué haga la Fed esta semana. El foco estará puesto en qué anticipa para los próximos meses: si la suba es presentada como un movimiento puntual para contener el nuevo impulso inflacionario o como el comienzo de otro ciclo de endurecimiento monetario.
En ese sentido, Morgan Stanley modificó este martes su escenario y ahora espera dos aumentos de 25 puntos básicos, uno en septiembre y otro en diciembre.
El cambio refleja una visión cada vez más extendida entre inversores: el proceso de desinflación perdió fuerza y el shock energético puede prolongar las presiones sobre los precios.
Petróleo, inflación y empleo: el combo que complica a la Fed
La reunión encuentra a la Fed frente a una combinación particularmente incómoda. De acuerdo con un informe de GMA Capital, el IPC estadounidense de agosto avanzó 0,4% mensual y 3,4% interanual, mientras que la inflación núcleo fue de 0,3% mensual y 2,4% interanual.
Al mismo tiempo, el mercado laboral continúa mostrando fortaleza: durante agosto se crearon 162.000 puestos de trabajo y la tasa de desempleo permaneció en 4,1%.
A eso se agregó el salto del petróleo derivado de la escalada geopolítica en Medio Oriente. El Brent llegó a aproximarse a los US$110 y, pese a algunas correcciones, continúa por encima de los US$100.

Para GMA Capital, la combinación de empleo resistente, inflación persistente y petróleo elevado mantiene el balance inclinado hacia una política monetaria más restrictiva.
Por su parte, Ignacio Morales, CIO de Wise Capital, también advirtió sobre el efecto de los precios de la energía.
Según Morales, la aceleración en los costos industriales “renueva la cautela en los mercados globales” y agrega presión sobre la Reserva Federal al momento de decidir si vuelve a encarecer el costo del dinero.
Vale señalar que según la agencia Reuters, este martes 15 de septiembre el Brent cotizaba a US$107,35 por barril, con una suba de 1,58% en la rueda, mientras que el WTI estadounidense avanzaba 2,11%, hasta US$103,53. Y el dato llamativo es el salto que ha tenido el precio durante septiembre. Al comienzo del mes, la agencia había informado que el Brent cerraba en US$94,65 y el WTI en US$90,22. Tomando esos valores como referencia, hasta este martes el Brent acumuló un incremento de aproximadamente 13,4%, mientras que el WTI subió cerca de 14,8% en apenas dos semanas. Y esto ocurre después de que ambos ya hubieran trepado más de 4 dólares el primer día del mes por la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán.
El dato es por demás importante en la medida en que el petróleo se convirtió en una de las variables que más complican la posibilidad de que la Reserva Federal tolere la inflación sin volver a subir las tasas. Se sabe que un petróleo más caro se traslada al precio de los combustibles, transporte y costos productivos, dificultando que la inflación vuelva sostenidamente hacia el objetivo del 2% de la Fed. Además, aumenta las expectativas de tasas más altas durante más tiempo. Y ese movimiento ya se refleja en los bonos: el rendimiento del Treasury a diez años alcanzó este martes 5,0286%, su mayor nivel desde 2007.
El otro problema: el bono del Tesoro ya superó el 5%
Incluso antes de conocer la decisión de la Fed, el mercado financiero internacional ya está reflejando condiciones considerablemente más duras.
El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años superó nuevamente el 5%, su mayor nivel desde 2007, mientras que los rendimientos de largo plazo también permanecen bajo presión. Este martes, el Treasury a diez años operaba alrededor de 5,03%.
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Para GMA Capital, este movimiento mantiene elevado el costo del financiamiento global y dificulta el flujo de capitales hacia los mercados emergentes.
El rendimiento de los bonos estadounidenses no depende únicamente de la tasa de corto plazo de la Fed. También pesan las expectativas inflacionarias, el fuerte volumen de emisión de deuda y las dudas sobre la trayectoria fiscal de Estados Unidos. Reuters señaló que el Treasury a diez años atravesó el umbral del 5% por primera vez desde 2023 ante esa combinación de factores.
Para economías como la argentina, este punto resulta particularmente relevante.
Por qué una Fed más dura puede complicar a la Argentina
Una suba de tasas en Estados Unidos tiene varios canales de transmisión hacia la economía argentina.
El primero es el costo del financiamiento. Los bonos del Tesoro funcionan como referencia global de tasa libre de riesgo. Si un inversor puede obtener rendimientos cercanos al 5% en deuda estadounidense a diez años, exige una rentabilidad considerablemente mayor para asumir el riesgo de prestar dinero a países emergentes.
En el caso argentino, esto significa que aun cuando el riesgo país permaneciera sin cambios, una suba del Treasury aumenta el rendimiento total que debería ofrecer la deuda local para resultar atractiva.
Y el problema se amplifica si, paralelamente, un contexto internacional de mayor aversión al riesgo provoca también un aumento del propio riesgo país.
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La segunda vía es el flujo hacia los mercados emergentes. Tasas más altas en Estados Unidos vuelven relativamente más atractivos los activos en dólares y pueden provocar salida de capital de economías consideradas más riesgosas.
El tercer canal pasa por el dólar. Una Fed más restrictiva tiende, en términos generales, a sostener la moneda estadounidense y puede ejercer presión sobre monedas emergentes, aunque el comportamiento cambiario depende también de numerosos factores locales e internacionales.
Para la Argentina, que busca consolidar reservas, bajar el riesgo país y recuperar acceso al financiamiento internacional, una combinación de Treasuries al 5%, dólar fuerte y menor apetito por riesgo constituye un contexto externo bastante menos favorable.
El efecto no implica necesariamente una caída automática de bonos y acciones argentinas. El comportamiento de los activos locales seguirá dependiendo en gran medida de factores domésticos. Pero el escenario internacional eleva la vara: cuanto mayor sea la rentabilidad que ofrece Estados Unidos, mayor será el rendimiento requerido para asumir riesgo argentino.
Bitcoin también enfrenta su propia prueba
La decisión de la Fed llega además en un momento delicado para Bitcoin, otro activo especialmente sensible a las condiciones de liquidez internacional y al nivel de las tasas reales.
Según Alvin Kan, COO de Bitget Wallet, Bitcoin ya incorporó buena parte de la posibilidad de un aumento de 25 puntos básicos al mantenerse en la zona media y alta de los US$70.000.

El especialista considera que el principal riesgo no sería la suba de tasas en sí misma, dado que está ampliamente descontada, sino una sorpresa más restrictiva en el comunicado, en las proyecciones de tasas o en la conferencia de prensa del presidente de la Fed, Kevin Warsh.
Una señal de que habrá varias subas adicionales podría impulsar todavía más los rendimientos de los bonos y las tasas reales, una combinación negativa para Bitcoin y otros activos que no pagan intereses.
“El mayor riesgo de una nueva corrección surgiría de una sorpresa de tono más restrictivo”, explicó Kan.
El riesgo país subió a 490 puntos por la caída de los bonos argentinos
La posición de los inversores ya muestra mayor cautela. Según los datos aportados por Bitget Wallet, los ETF de Bitcoin al contado en Estados Unidos registraron salidas netas por aproximadamente US$463 millones durante la última semana, mientras la criptomoneda encontró soporte en torno de los US$76.000.
Este martes Bitcoin volvía a sentir la presión global: Reuters reportó una caída superior al 2%, mientras la combinación de petróleo caro, suba de los rendimientos estadounidenses y expectativas de mayores tasas golpeaba a buena parte de los activos de riesgo.
Para Kan, después de conocerse la decisión de la Fed habrá que observar especialmente dos variables: si vuelven a subir los rendimientos de los bonos estadounidenses y si Bitcoin consigue sostener la zona de US$76.000.
Con un aumento de un cuarto de punto prácticamente incorporado en los precios, la reacción de los mercados dependerá en buena medida del mensaje que acompañe la decisión.
Un escenario relativamente benigno sería que la Fed subiera la tasa pero explicara que el movimiento responde al deterioro reciente de los datos y que las próximas decisiones dependerán de la evolución de inflación, actividad y empleo.
El escenario más adverso para los mercados emergentes según los analistas sería que Warsh convalide la idea de que la inflación requiere varias subas adicionales.
Reuters señaló que los futuros de tasas ya llegaron a incorporar alrededor de cuatro aumentos hasta julio de 2027, una señal del profundo cambio de expectativas que atravesó el mercado durante las últimas semanas.
La Argentina mirará esa discusión desde una posición especialmente sensible. Con los rendimientos estadounidenses nuevamente en torno del 5%, cada señal de una Fed más restrictiva aumenta el costo de oportunidad de invertir en activos locales y dificulta el objetivo de reducir sostenidamente el costo del financiamiento.
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