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ECONOMIA / un yacimiento clave
domingo 26 mayo, 2019

Milagro productivo y descontrol en el "boom Vaca Muerta"

PERFIL recorrió la explotación de YPF en Neuquén, donde la producción de petróleo salta al 50% anual. Preocupación por muertes de operarios y confusos incendios.

por Jairo Straccia

Pozos. Pablo Bizzotto, de YPF. Equipo de perforación y la pantalla donde se opera el “taladro”. Foto: GENTILEZA YPF

Primero, un grupo de geólogos define en qué punto de Vaca Muerta, una roca gigante del tamaño de Bélgica ubicada a 3 mil metros de profundidad, está la mejor concentración de petróleo desparramado hace millones de años como entre los poros de una esponja.
Luego, llega un equipo de perforación alquilado por unos 30 mil dólares el día a empresas estadounidenses: mechas gigantes de un diámetro un poco más ancho que el de una botella de vino que taladran las 24 horas. Un técnico de unos 30 años que trabaja 14 días en el yacimiento y 7 descansa, a cambio de 90 mil pesos por mes, monitorea las variables desde una torre en el lugar a través de pantallas táctiles.

Al llegar al fondo, la mecha increíblemente dobla a 90 grados y sigue perforando. Desde una oficina a algunos kilómetros, una mezcla de geólogo con nerd techie mueve con un mouse la punta del taladro que va rompiendo la piedra por el largo similar al de la avenida 9 de Julio entera. Cuando terminan y levantan campamento, llega el equipo de “fractura (fracking) y estimulación”, que inyecta enormes caudales de agua y arena para que, con la extrema presión que generan más tarde, brote desde las entrañas de la tierra un líquido con la consistencia del detergente que lleva petróleo, claro, más agua y algunos gases.

Por una maraña de oleoductos llegará a la planta de tratamiento de crudo, la petecé, donde se dejará el hidrocarburo apto para su venta a las refinerías, en las que más tarde se transformará en el combustible que usted le pone al auto en la esquina de su casa. Desde que los geólogos marcaron el puntito en el que hacer el primer agujero, habrá pasado no menos de un año.

derrame vaca muerta
La provincia de Neuquén multó a YPF por $ 33 millones el año pasado, por un derrame que anegó casi 50 hectáreas.

Auge. Haber conseguido que ese procedimiento inverosímil que se desarrollaba solo en Estados Unidos y Canadá sea posible y rentable en la Argentina es un logro de la petrolera estatal YPF a lo largo de los últimos seis años. Prácticamente un milagro si se cuentan las devaluaciones, crisis y cambios de gobierno en el medio. “Acá, donde están hoy, hace seis años no había nada”, dice Pablo Bizzotto, vicepresidente de upstream de la empresa, en un gran complejo de la gerencia no convencional de YPF, en una recorrida con periodistas a la que fue invitado PERFIL.

Hoy funcionan en Neuquén 623 pozos solo de YPF, algunos en sociedad con grandes firmas multinacionales como Chevron, Schlumberger o Petronas. La producción de este crudo de toda la industria rondará los 50 millones de barriles al año, cuando en 2014 eran menos de la mitad.  El costo de producirlo, por avances tecnológicos, producción local de insumos como la arena (que antes venía de China) y acuerdos con los gremios bajó 60%. Y la perspectiva de los técnicos es que en cinco años más, sumando nuevas áreas, surja la producción equivalente “a otra YPF”.

El yacimiento creció en los últimos seis años, atravesando dos gobiernos

El sueño mil veces repetido de la joya energética que salvará a la Argentina de su escasez de dólares se sostiene detrás de la apuesta de YPF, que invirtió 10 mil millones de dólares desde el arranque y este año sumará otros 2 mil millones más. Para ponerlo en perspectiva: Tecpetrol, del Grupo Techint, el otro gran jugador, está volcando casi la misma suma pero en cinco años para extraer el gas, aunque ahora atraviesa un litigio con el Estado por subsidios.

Caos. Semejante movimiento económico concentrado en 24 mil kilómetros cuadrados conlleva también el caos, el sálvese quien pueda y la muerte: la población de Añelo, el revolucionado pueblo cabecera del yacimiento, multiplicó por cuatro su población desde 2012, de 2 mil a 8 mil habitantes. Las cifras oficiales dicen que llegan veinte familias por día a instalarse. No hay asfalto entre el aeropuerto y la zona de explotación, adonde se llega después de dos horas y 90 kilómetros de ripio. En las horas pico puede haber largas colas de camiones con máquinas monstruosas, o toneladas de arena, mientras camionetas 4x4 juegan al límite para sobrepasarlos. En los palos de luz hay carteles de lotes en venta por doquier y las inmobiliarias también sacan petróleo: construyen casas para operarios y llegan a obtener cuatro veces la renta de Puerto Madero.

En apenas 36 horas en la provincia, se escucha la historia de algún derrame y hay noticias de dos incendios. Uno en las oficinas de una empresa del yacimiento Entre Lomas, en Catriel. Otro más grande, y con más polémica, en un basurero en el Parque Industrial de Añelo. ¿Son restos de petróleo? Aclaran que son bolsas de plástico. La preocupación ambiental no aparece entre los pobladores, pero llega de ONGs. Greenpeace ha denunciado el mal tratamiento de los residuos sólidos, y los opositores al fracking ponen el énfasis en el abuso del agua. “Es el 1% del río Neuquén”, dicen en YPF. El viernes llegó una movilización de ambientalistas al centro de la capital de la provincia, aunque el lema era contra el cambio climático.

 

 Una nube de contratistas con nombres como Ensig, Pecom, Clear Petroleum o Nabors, que operan para las grandes compañías, toman empleados bajo condiciones en las que se ha vuelto habitual que pierdan la vida, algo que no pasa en ninguna parte del mundo.

En los últimos quince meses, ocho trabajadores murieron, denuncia el Sindicato de Petroleros Privados, que conduce Guillermo Pereyra, aliado del gobierno nacional en la confección de “la agenda”, la palabra clave que resume los cambios agregados al convenio petrolero para bajar costos de producción. “Ningún incidente tuvo que ver con la adenda o la explotación no convencional”, aclara Bizzotto, que el lunes pasado encabezó una reunión de empresas con el gremio para discutir si seguirá habiendo pernocte en los yacimientos o si cambiará la jornada laboral. “Tuvimos una serie de fatalidades que ocurrieron en distintas operadoras y en diferentes disciplinas, por lo que indudablemente tenemos que hacer algo como industria de manera distinta”, admite. “Tenemos que hacer un trabajo para certificar las competencias mínimas de la gente que hoy está trabajando”, agrega.

Tras las últimas dos muertes, a principios de mayo, Pereyra aseguró en un comunicado que habían “pecado de prudencia y permisividad para acompañar el crecimiento” y subrayó: “Si el precio que tenemos que pagar para la explotación de hidrocarburos es la vida de un compañero, desde ya decimos que el proyecto Vaca Muerta ha fracasado”.

 

*Desde Neuquén


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