El rebote reciente del tipo de cambio no respondió a un shock externo ni a un giro brusco en las expectativas. El movimiento se gestó en el mercado de pesos y tuvo como punto de partida la reciente licitación del Tesoro, que alteró un equilibrio que parecía firme en el corto plazo.
Al no convalidar instrumentos a tasa fija y no absorber el total de los vencimientos, se liberaron pesos al mercado. Esa mayor liquidez presionó a la baja las tasas cortas y redujo momentáneamente el atractivo del carry trade.
El impacto se sintió rápidamente en el mercado. La baja de las tasas cortas redujo el incentivo para permanecer en pesos. En ese contexto, parte de esos pesos encontró cobertura en el mercado cambiario, lo que explica el rebote reciente del tipo de cambio desde mínimos.
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No se trata de un quiebre estructural, sino de la sensibilidad propia de un esquema que depende de la absorción monetaria y del diferencial de tasas.
El diagnóstico pone el foco en la mecánica del esquema actual. Durante las últimas semanas, la estabilidad cambiaria se sostuvo en tasas reales positivas y en la capacidad oficial de absorber liquidez. Ese combo permitió que el carry trade volviera a ganar terreno: vender dólares, posicionarse en instrumentos en pesos y capturar el diferencial.
Pero la dinámica reciente dejó una señal. El equilibrio no es automático ni estructural, sino dependiente de decisiones tácticas. Mientras el Gobierno mantenga tasas reales positivas y capacidad de absorber liquidez cuando sea necesario, la estabilidad puede sostenerse. Pero la dinámica de los últimos días muestra que el equilibrio es más frágil de lo que aparenta.

Sensibilidad expuesta
El rebote, entonces, no implica un cambio de régimen, pero sí expone la sensibilidad del esquema financiero. Cuando la tasa deja de ofrecer el mismo premio y la liquidez se expande, el mercado ajusta posiciones con rapidez. En un contexto donde el carry trade es protagonista, la estabilidad depende menos del nivel del dólar y más de la coordinación fina entre tasas, absorción monetaria y expectativas.
La señal quedó clara: el esquema puede sostenerse, aunque exige precisión. El rebote no cambió el régimen, pero expuso la sensibilidad del equilibrio actual: cuando la tasa afloja o la liquidez se expande, la reacción es inmediata. En ese contexto, cada licitación cuenta. El rebote no desarma el esquema, sino que recuerda que la estabilidad depende de decisiones tácticas.
*Economista y director de Asesoría Financiera
LM