Colombia inicia este viernes una nueva etapa política. Con la asunción de Abelardo de la Espriella como presidente para el período 2026-2030, el país experimenta uno de los cambios ideológicos más profundos de las últimas décadas: después de cuatro años del primer gobierno de izquierda de su historia, encabezado por Gustavo Petro, llega al poder un dirigente de derecha que construyó su campaña sobre la promesa de restaurar el orden, combatir el crimen organizado y reducir el tamaño del Estado.
Abogado penalista, empresario y figura mediática durante más de dos décadas, De la Espriella desembarca en la Casa de Nariño sin experiencia previa en cargos públicos, pero con un discurso que logró capitalizar el descontento de una parte importante de la sociedad con la gestión saliente, especialmente en materia de seguridad, economía y gobernabilidad.
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Su victoria frente al oficialista Iván Cepeda puso fin al ciclo político iniciado en 2022 con Petro y abrió una etapa que promete modificar desde la estrategia contra los grupos armados hasta la política exterior colombiana.
De abogado mediático a presidente de Colombia
Abelardo Gabriel de la Espriella Otero nació en Bogotá el 31 de julio de 1978 y creció en Montería, departamento de Córdoba. Estudió Derecho en la Universidad Sergio Arboleda y en 2002 fundó su estudio jurídico, De la Espriella Lawyers, que con el tiempo expandió operaciones a distintas ciudades colombianas y a Miami.
Durante años construyó notoriedad como abogado penalista al representar a empresarios, artistas, militares y figuras públicas en causas de alto perfil. Entre sus clientes estuvieron el empresario Álex Saab y David Murcia Guzmán, casos que volvieron a ocupar el centro del debate durante la campaña presidencial.

Además de su actividad jurídica desarrolló emprendimientos comerciales vinculados a la moda y al consumo e incluso incursionó en la música, construyendo una imagen pública que trascendió los tribunales.
Su ingreso a la política fue vertiginoso. En 2025 fundó el movimiento Defensores de la Patria, con el que se presentó como un outsider frente a los partidos tradicionales y consiguió reunir detrás suyo buena parte del electorado de centroderecha y derecha.
En la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2026 obtuvo más de 10 millones de votos y en el balotaje derrotó al candidato oficialista Iván Cepeda, lo que le permitió convertirse en el sucesor de Gustavo Petro.
El fin de la “Paz Total” y la apuesta por la mano dura
La principal diferencia entre De la Espriella y Petro aparece en la política de seguridad. Mientras el gobierno saliente impulsó la estrategia de “Paz Total”, basada en negociaciones con distintos grupos armados ilegales para intentar reducir la violencia, el nuevo mandatario sostiene que esa política fortaleció a las organizaciones criminales y debilitó la autoridad del Estado.
Durante la campaña defendió la idea de que “la paz no se negocia, se impone” y prometió reemplazar las mesas de diálogo por una estrategia de confrontación directa contra guerrillas, narcotraficantes y estructuras criminales.
Su programa contempla fortalecer las Fuerzas Armadas y la Policía, intensificar la lucha contra el narcotráfico, reactivar las fumigaciones contra cultivos ilícitos, construir cárceles de máxima seguridad y ampliar la cooperación militar con Estados Unidos e Israel. También anunció que los grupos armados deberán someterse a la justicia o enfrentar una ofensiva militar más agresiva.
El nuevo presidente sostiene que el Estado debe recuperar el monopolio de la fuerza y considera que la seguridad será la condición necesaria para reactivar la economía y atraer inversiones.
Las críticas a la gestión de Petro

El crecimiento de la inseguridad fue uno de los principales argumentos utilizados por la oposición durante la campaña. Los sectores críticos del gobierno de Petro sostienen que la política de negociación con las organizaciones armadas permitió el fortalecimiento de estructuras ilegales, mientras el país registró un aumento de la violencia en distintas regiones.
Durante la primera y segunda vuelta presidencial, PERFIL recorrió las calles de Bogotá y comprobó que esas preocupaciones también se reflejaban entre los ciudadanos. La inseguridad, la crisis del sistema de salud, la falta de empleo, las secuelas del conflicto armado y la polarización política aparecieron de manera reiterada en los testimonios recogidos antes de ambas elecciones, más allá de las diferencias partidarias.
A ese escenario se sumaron cuestionamientos por el incremento del déficit fiscal, las dificultades energéticas y la desaceleración de la inversión privada. Con ese diagnóstico, De la Espriella prometió un fuerte ajuste del Estado, reducción del gasto público y una agenda orientada a recuperar la confianza de los mercados.
Un programa económico con impronta liberal
En materia económica, el nuevo presidente propone un giro respecto del rumbo del gobierno anterior. Entre sus principales iniciativas figuran una reducción de hasta el 40% de la burocracia estatal, una baja de impuestos para empresas y emprendedores, la eliminación gradual de algunos gravámenes considerados distorsivos y una simplificación de las regulaciones para atraer inversiones.
También busca reactivar la exploración petrolera y gasífera, impulsar sectores como la infraestructura, el agro, el turismo y las nuevas tecnologías, además de facilitar el acceso al crédito para pequeñas y medianas empresas.
Su administración sostiene que la prioridad será recuperar el crecimiento económico y atraer inversiones privadas en un contexto en el que Colombia enfrenta un elevado déficit fiscal, inflación todavía alta y un escenario internacional complejo.
Una política exterior alineada con Occidente
Otro de los cambios más notorios respecto de Petro estará en la política internacional. Durante la campaña, De la Espriella manifestó su intención de fortalecer la relación estratégica con Estados Unidos e Israel y mostró afinidad con dirigentes como Donald Trump y Javier Milei.
Esa sintonía política quedó reflejada este viernes, cuando el presidente argentino viajó a Cali para participar de la ceremonia de asunción del nuevo mandatario colombiano, en uno de sus primeros gestos de respaldo internacional.

Al mismo tiempo anticipó una posición mucho más crítica hacia los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Entre las medidas anunciadas figuran el cierre de algunas embajadas y consulados para reducir gastos públicos, la reapertura de la embajada colombiana en Jerusalén y una revisión de la participación del país en distintos organismos internacionales.
La relación con Venezuela, uno de los grandes desafíos
La frontera de más de 2200 kilómetros entre Colombia y Venezuela seguirá siendo uno de los temas más delicados de la agenda regional.
Aunque De la Espriella mantiene una postura crítica frente al chavismo y sostiene que no existen condiciones democráticas plenas en Venezuela, su gobierno deberá preservar canales de diálogo para abordar cuestiones sensibles como la seguridad fronteriza, la migración, el comercio bilateral y la situación de ciudadanos colombianos detenidos en territorio venezolano.
Actualmente permanecen presos varios colombianos arrestados tras la crisis política venezolana posterior a las elecciones de 2025, un tema que será prioritario para la nueva administración. Al mismo tiempo, la asunción del nuevo mandatario coincide con el inicio de un proceso de diálogo entre representantes del chavismo y sectores de la oposición venezolana, impulsado con apoyo internacional y orientado a avanzar hacia una eventual transición política, la reforma de instituciones y la definición de un nuevo cronograma electoral.
Ese escenario obligará a Bogotá a equilibrar su postura crítica frente al régimen venezolano con la necesidad de mantener interlocución para atender los desafíos comunes que comparten ambos países.
Las críticas y los interrogantes que enfrenta su proyecto

Aunque De la Espriella logró canalizar el descontento de una parte importante del electorado, su llegada al poder también despierta fuertes cuestionamientos entre la oposición, organizaciones sociales y especialistas.
Uno de los principales reparos apunta a su estrategia de seguridad. De la Espriella propuso construir megacárceles, retomar las fumigaciones con glifosato, bombardear campamentos de grupos armados y crear frentes ciudadanos de seguridad. Sus seguidores sostienen que estas medidas son necesarias para recuperar el control territorial y enfrentar al crimen organizado, mientras que sectores de la oposición y organizaciones de derechos humanos advierten sobre el riesgo de abusos y restricciones a las libertades civiles.
También generan controversia sus posiciones en materia social. Durante la campaña manifestó su rechazo al aborto, defendió la denominada familia tradicional y prometió dar una “batalla cultural” basada en valores cristianos. Colectivos feministas y organizaciones LGBTIQ+ expresaron preocupación por la posibilidad de que su gobierno impulse iniciativas que limiten derechos conquistados en los últimos años.
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En política exterior también aparecen dudas. Su intención de cerrar embajadas y consulados, revisar la participación colombiana en algunos organismos internacionales y endurecer la postura frente a gobiernos como los de Cuba, Nicaragua y Venezuela es vista por sus partidarios como una forma de reducir gastos y reposicionar a Colombia junto a Estados Unidos y otros gobiernos conservadores. Sin embargo, sus detractores advierten que ese giro podría reducir los márgenes de diálogo diplomático y afectar espacios de cooperación regional.
A ello se suma que el nuevo presidente no contará con mayoría propia en el Congreso. Buena parte de las reformas estructurales que prometió durante la campaña deberán negociarse con otros bloques políticos, por lo que su capacidad para impulsar cambios dependerá tanto de los acuerdos parlamentarios como del respaldo social que logre mantener durante su gestión.
LB