La desilusión se respira en cada rincón del Reino Unido tras la caída ante la Selección Argentina en las semifinales del Mundial, pero la Corona decidió procesar el golpe con una buena cuota de humor y malta. Lejos de los protocolos estrictos, el rey Carlos III protagonizó una escena completamente descontracturada durante una visita oficial en la región de Dorset. Con una pinta en la mano y la sonrisa intacta de la reina Camila a su lado, el monarca soltó una ironía que despertó las carcajadas de los presentes: admitió que la eliminación futbolística convertía a la jornada en "un buen día para ahogar algunas penas".
El distendido momento tuvo lugar en la histórica fábrica Hall & Woodhouse Badger Brewery, ubicada en Blandford. Las autoridades reales arribaron a las instalaciones para dar inicio a las celebraciones por los 250 años de esta cervecería independiente fundada en 1777, que hoy produce más de nueve millones de pintas anuales y gestiona cerca de 140 pubs en el sur inglés. Fue allí donde Carlos III, luego de tirar él mismo una copa de ale ámbar (una de las variedades más populares de la firma), lanzó su cómico comentario en clara referencia al 2 a 1 sufrido en Atlanta, Georgia.

El guiño real en la cervecería fue la continuación de un mensaje de apoyo que el propio Carlos III había emitido a través de sus redes sociales minutos después de finalizado el partido. Buscando levantar el ánimo de un equipo que rozó la clasificación a su primera final mundialista en seis décadas, el monarca había expresado sus condolencias al plantel: "Aunque hoy los Three Lions se están lamiendo las heridas, siguen siendo el orgullo de una nación y se levantarán de nuevo", escribió la máxima autoridad británica.
Mientras tanto, en el seno de la familia real el tono fue mucho menos agradable. El príncipe Guillermo, actual patrono de la Federación Inglesa, expuso su tristeza públicamente a través de un mensaje en el que se declaró "abatido". En su publicación, el heredero al trono felicitó al plantel por el torneo realizado y los instó a "mantener la cabeza alta", confirmando que su previsto viaje a Estados Unidos quedaba cancelado, ya que no tiene previsto asistir al choque por el tercer puesto. Por su parte, la princesa Ana también hizo alusión a la derrota desde Tailandia.
La frustración británica también quedó reflejada en los increíbles números de audiencia: más de 24 millones de espectadores siguieron el encuentro a través de la BBC, transformándolo en la emisión más vista del año en todo el Reino Unido. Semejante expectativa chocó contra los goles agónicos de Enzo Fernández y Lautaro Martínez, que revirtieron la historia en un duelo donde Inglaterra se aferró a la mínima ventaja conseguida.
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La dura autocrítica de Harry Kane
Lejos de los brindis reales, en el vestuario de "Los Tres Leones" el clima era de pura desazón. Harry Kane, el capitán y máxima figura del seleccionado, no esquivó la responsabilidad y lanzó una autocrítica sobre el desarrollo del encuentro. El delantero del Bayern Múnich reconoció que el planteo inicial funcionó, pero que la actitud del equipo cambió por completo tras el gol de Anthony Gordon en el inicio del complemento.
Según la visión del goleador, el retroceso fue letal. "Una vez que nos pusimos 1-0 arriba, simplemente nos aferramos al resultado. A este nivel, no es suficiente", sentenció Kane. El capitán explicó que, tras ponerse en ventaja, el equipo fue incapaz de mantener la presión alta que había caracterizado su juego durante la primera mitad, cediéndole el control total de la pelota y el terreno a la Selección Argentina, lo que derivó en los goles del seleccionado albiceleste.
"El mensaje era que siguiéramos atacando y marcáramos otro gol. Obviamente, una vez que marcaron sus dos goles, el objetivo era encontrar algo, pero podríamos haber recuperado el control del partido", admitió el delantero. Ahora, Inglaterra deberá enfrentar a Francia este sábado en Miami para definir el tercer puesto; un compromiso que el propio DT inglés, Thomas Tuchel, definió como un duelo que "ninguno de nuestros jugadores ni ninguno de los franceses quiere jugar".
TC/MSS