Venezuela está atravesando su transformación política más profunda en décadas. Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas de élite estadounidenses el pasado 3 de enero y su posterior traslado a Brooklyn, Delcy Rodríguez asumió la presidencia interina del país. Pero la figura clave en este nuevo tablero no es ella, sino su hermano, Jorge Rodríguez.
Reelecto como presidente de la Asamblea Nacional, emerge como el arquitecto de la estabilidad interna y el interlocutor clave ante la Casa Blanca de Donald Trump.
El éxito de esta convulsionada transición descansa, en gran medida, en una relación personal y pragmática que maduró en la sombra: el vínculo entre Jorge Rodríguez y Richard Grenell, el actual Enviado para Misiones Especiales de los Estados Unidos.
El “puente”. Richard Grenell no es un diplomático convencional. Conocido por su estilo directo y su lealtad absoluta a Trump, fue el encargado de gestionar los hilos más delicados de la política exterior estadounidense hacia Caracas.
A diferencia de los “halcones” de Washington, Grenell cultivó un canal de comunicación directo con el chavismo pragmático, personificado en Jorge Rodríguez. La conexión entre ambos no es nueva; se ha forjado a través de encuentros discretos que desafiaron los protocolos diplomáticos tradicionales.
A finales del primer mandato de Trump, en 2020, Grenell y Rodríguez mantuvieron una reunión secreta en Ciudad de México. El objetivo inicial era negociar una salida pacífica de Maduro, un encuentro que en su momento fue visto con escepticismo por el Departamento de Estado, pero que sentó las bases de su confianza mutua.
Con el regreso de Trump al poder en 2025, los encuentros se intensificaron. Se reportaron reuniones “a pie de avión” en islas del Caribe y visitas de Grenell al Palacio de Miraflores, donde fue recibido por el binomio de los hermanos Rodríguez.
En el contexto actual, esta “extraña amistad” ha facilitado que la transición liderada por Delcy Rodríguez cuente con un margen de maniobra que otros sectores del chavismo, como los vinculados a Diosdado Cabello, no poseen.
Cambios en el chavismo. La estructura de poder en Venezuela se reorganizó en torno a los hermanos Rodríguez. Mientras Delcy ejerce la jefatura del Estado con el respaldo de sectores militares y el reconocimiento táctico de Washington, Jorge mantiene el control legislativo y la mesa de negociaciones.
Este entendimiento dio sus primeros frutos públicos este jueves. Jorge Rodríguez anunció la excarcelación de presos políticos, tanto venezolanos como extranjeros, una medida que se interpreta como un gesto de buena voluntad hacia la Administración Trump para consolidar la legitimidad del gobierno interino de su hermana.
La relación Rodríguez-Grenell representa una apuesta por el realismo político: la aceptación mutua de que la estabilidad de Venezuela requiere interlocutores que, aunque ideológicamente opuestos, sean capaces de cumplir acuerdos.
“Nosotros practicamos la diplomacia de paz... el que toque la puerta, siempre le abriremos”, argumenta con pragmatismo Jorge Rodríguez, subrayando que el diálogo con enviados como Grenell es el camino para evitar un conflicto civil tras la caída de Maduro.
La gran incógnita para los próximos meses será si este eje podrá resistir las presiones de los sectores más radicales en ambos países y si culminará en un proceso electoral plenamente reconocido que ponga fin a la crisis.
En Estados Unidos, el rival declarado de Grenell es el jefe de la diplomacia, Marco Rubio, quien se adjudica la caída de Maduro y se postula para pelear el lugar que dejará Trump. En Venezuela, el de Rodríguez es Diosdado Cabello, quien logró mantenerse en el cargo a costa de jugadas políticas.