INTERNACIONAL
masivas manifestaciones contra el ice

Minnesota bajo fuego: la fractura política de una nación

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Detenido. Choques entre la policía y los manifestantes. | AFP

El reciente tiroteo ocurrido en Minneapolis, Minnesota, ha dejado de ser únicamente una tragedia local para convertirse en el epicentro de una crisis institucional y social que amenaza con desestabilizar el tejido político de los Estados Unidos.

Lo que comenzó como un incidente de violencia armada derivó en un enfrentamiento directo entre autoridades estatales, locales y el Gobierno Federal, exponiendo una nación profundamente dividida sobre los límites del Poder Ejecutivo, la seguridad pública y los derechos civiles.

El detonante. Los hechos ocurridos en las últimas horas en Minnesota, marcados por la intervención de agentes federales del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y la posterior escalada de violencia, reabrió heridas que nunca llegaron a cicatrizar en la ciudad.

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Este jueves, todo EE.UU. se vio conmocionado con el video tomado por un peatón en el momento en que un agente del ICE disparó y mató a Renee Nicole Good, una estadounidense de 37 años. La grabación se viralizó en millones de pantallas de dispositivos móviles.

La muerte de civiles en contextos de operativos federales fue el catalizador de protestas masivas que se han extendido desde San Diego hasta la costa este, pero es en Minneapolis donde la tensión ha alcanzado niveles críticos.

Los medios estadounidenses remarcan que este tiroteo no es un evento aislado. Se produce en un contexto de creciente militarización de las ciudades estadounidenses, una política impulsada desde la Casa Blanca que busca proyectar “ley y orden”, pero que, según líderes locales, solo ha logrado sembrar “caos y desconfianza”.

La fractura política se manifiesta con mayor crudeza en el choque entre el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, y la administración central.

Frey, un demócrata opositor a Donald Trump, acusaron al Gobierno Federal de utilizar a las fuerzas de seguridad como herramientas de intimidación política. “No están aquí para generar seguridad; están desgarrando familias y causando desesperación”, sentenció el mandatario local, en un tono que refleja la ruptura casi total de la cooperación entre los distintos niveles del Estado.

Esta resistencia no es meramente retórica. Minnesota se ha convertido en el campo de batalla de una disputa constitucional sobre hasta dónde puede llegar el brazo federal.

Mientras el gobierno central justifica el despliegue de agentes armados como una respuesta necesaria a la criminalidad, los críticos lo ven como una “excusa para mostrar fuerza” y consolidar un control centralizado que ignora las particularidades y necesidades de las comunidades locales.

Polarización. El análisis del entorno político muestra que este tiroteo ha sido instrumentalizado por ambos bandos de la grieta estadounidense.

Por un lado, los sectores más conservadores exigen una mano dura inquebrantable, vinculando la seguridad nacional con la represión de la protesta y el control migratorio estricto. Por otro lado, los sectores progresistas y defensores de los derechos civiles denuncian una deriva autoritaria que utiliza la violencia institucional para silenciar la disidencia.

La radicalización de los discursos ha llegado a tal punto que eventos trágicos son procesados de inmediato a través de un filtro partidista. Ya no existe un consenso sobre los hechos básicos; lo que para unos es una “operación legítima de seguridad”, para otros es un “ataque injustificado contra la población”. Esta divergencia en la percepción de la realidad es, quizás, la muestra más clara de la fractura política en la primera potencia mundial.