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MODO FONTEVECCHIA
El editorial de Jorge Fontevecchia

Día 809: Un Congreso con peluca

El Gobierno se encuentra con fuertes dificultades económicas, cierre de empresas y un escenario de estanflación. Sin embargo, es sostenido por una hegemonía política y parlamentaria. ¿Cómo pasamos del “nido de ratas” al “congreso más reformista de la historia"?

Día 809: Un Congreso con peluca
Día 809: Un Congreso con peluca | CEDOC

Cuando Javier Milei asumió, con minoría en el Congreso, ningún gobernador y despreciando a la "casta política", muchos aventuraban un gobierno que chocaría con la división de poderes. No fue así. El Parlamento no sirvió como freno, ni adentro, donde el oficialismo negoció y logró alianzas para avanzar con sus reformas, ni afuera, donde las movilizaciones fueron cada vez menos numerosas. Incluso entre las filas libertarias la hipótesis era que las reformas macroeconómicas, aprobadas aprovechando la luna de miel de los primeros días, le darían la estabilidad económica necesaria para disciplinar a una “casta política” hostil a su gestión.

La paradoja es que, a dos años de asumir, es justamente al revés: el Gobierno se encuentra con fuertes dificultades económicas, miles de empresas que cierran, el país encerrado en una estanflación, y la estabilidad la obtiene, justamente, de haber logrado una hegemonía política y parlamentaria de la cual la economía es la principal amenaza, no el principal sostén.

Si en un primer momento el control parlamentario podía ejercerse gracias a una simpatía y apoyo popular, hoy parece más condicionado por el apoyo de Donald Trump y por el vacío que hay enfrente. Por el miedo de que, si Milei fracasa, no haya barrera de seguridad para la caída. ¿Cómo pasamos del “nido de ratas” al “congreso más reformista de la historia"? ¿Cómo ocurrió que el poder que debía ser el mayor obstáculo se convierta en el principal sostén del oficialismo?

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Milei inauguró su relación con el Congreso con un gesto simbólico disruptivo: hablar de espaldas al recinto y de cara a la plaza, mientras los legisladores seguían la ceremonia por pantallas. El mensaje fue claro: un presidente no se sentía parte del ritual político que representa el Parlamento, emblema de la “casta política”. El sustento de Milei era el voto popular y la opinión pública que rechazaba las gestiones que lo precedieron. La gran paradoja es que llegó al poder con un discurso antisistema y antipolítico, pero hoy exhibe un control político notable sobre el Congreso, basado en las tácticas clásicas de la política tradicional: la negociación.

La aprobación amplia de la reforma laboral simboliza ese proceso inesperado de construcción de poder: una oposición debilitada, un peronismo en retroceso y una Casa Rosada más dispuesta a negociar consolidaron mayorías que hace dos años parecían imposibles. Ese equilibrio entre épica antisistema y pragmatismo transaccional funciona como una especie de “división de tareas” en el mileísmo. Mientras el Presidente y sus comunicadores sostienen un discurso “incendiario” de batalla cultural para consolidar a su núcleo duro, su ala política, antes representada por Guillermo Francos, y hoy por Martín Menem, Karina Milei y Diego Santilli, operan con los mecanismos de la política tradicional, tejiendo alianzas.

Durante su primer año de gestión, esa distancia simbólica se tradujo en una retórica abiertamente confrontativa. Milei calificó al Congreso como “nido de ratas”, incluso incluyendo a bloques dialoguistas que colaboraron con leyes clave para el oficialismo. "Una vez que dejaste de ser cordero y te convertiste en un león no vas a volver a ser cordero. Y eso el 56% de los argentinos lo vio y se despertó. Y por la lógica del sistema electoral todavía no tenga (el Gobierno) esa representación en ese nido de ratas que es la Cámara de Diputados o el Congreso de la Nación", afirmó en 2024.

Pero la confrontación entre Milei y el Parlamento no comenzó cuando asumió la presidencia. El libertario ya causaba un gran escándalo en el recinto cuando La Libertad Avanza sólo contaba con dos diputados. En una sesión especial en la que se aprobó una resolución de repudio al atentado contra Cristina Fernández de Kirchner, Milei tuvo un cruce que fue viral con Cecilia Moreau por el uso del lenguaje, cuando se rehusó a decirle "presidenta", como ella solicitó.

En sintonía con esa lógica de confrontación, Milei gobernó en su primer tramo apelando con frecuencia a los DNU y al poder de veto presidencial para sortear su debilidad legislativa inicial. El ejemplo más emblemático fue el DNU 70/2023, que desreguló amplios sectores de la economía y modificó o derogó decenas de leyes, junto con el envío de la Ley Bases, cuyo contenido original debió fragmentarse ante la resistencia parlamentaria. También utilizó el veto total o parcial frente a leyes impulsadas por la oposición, como iniciativas de recomposición jubilatoria o de financiamiento universitario, argumentando la defensa del equilibrio fiscal.

Cuando la oposición logró bloquear recortes en áreas sensibles, como discapacidad, utilizó el término “degenerados fiscales” para atacar a quienes aprobaron normas como la movilidad jubilatoria y la recomposición salarial universitaria. “Tenemos un Congreso secuestrado por el kirchnerismo”, dijo el mandatario libertario tras el veto a la emergencia en discapacidad, en agosto pasado. Y en contraste, exaltó como “héroes” a los diputados que respaldaron sus vetos y los invitó a un asado en Olivos. “Agradezco a los 83 héroes que defendieron el equilibrio fiscal”, dijo en defensa del veto al aumento jubilatorio.

La tensión en el entorno del Parlamento no se limita a las bancas ni a las negociaciones: tras dos años de polarización, hasta cubrir la actividad legislativa se ha convertido en un foco de conflicto. En un video viralizado en redes, se ve cómo detienen a un camarógrafo frente al Congreso previo a la sesión de este jueves, mientras intentaba registrar escenas de una manifestación de ambientalistas en contra de la reforma de la Ley de Glaciares.

El episodio remite inevitablemente a lo ocurrido meses atrás con el fotógrafo Pablo Grillo, quien resultó gravemente herido mientras cubría una manifestación en las inmediaciones del Congreso, en un operativo que volvió a poner en debate los límites de la actuación de las fuerzas de seguridad y la protección del trabajo periodístico en contextos de protesta. La reiteración de estos hechos no es menor: expone que la conflictividad ya no atraviesa sólo la disputa política dentro del recinto, sino también las condiciones mismas en las que se ejerce el derecho a informar y a registrar lo que ocurre en la vida democrática.

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La Libertad Avanza nació con una marcada debilidad parlamentaria. Con menos de 40 diputados y apenas seis senadores propios, el oficialismo quedó obligado a negociar cada avance legislativo. Sin embargo, el apoyo de Trump en las elecciones de medio término, que dijo textualmente “si no votan a Milei los argentinos van a morir”, le permitió fortalecer su fuerza parlamentaria propia. Entonces, el discurso de Milei hacia el parlamento cambió. Ya no lo catalogó como un “nido de ratas”, sino como el Congreso más reformista de la historia”.

Como bien sintetiza el doctor en Ciencias Sociales Esteban De Gori en una nota para la Universidad de San Martín, desde 1880 han sido reiteradas las tensiones entre el Poder Ejecutivo, el Congreso y el poder federal, especialmente el de la provincia de Buenos Aires. Julio Argentino Roca asumió marcado por la amenaza de la rebelión porteña de 1880 y necesitó afirmarse frente a Buenos Aires para consolidar su autoridad. Hipólito Yrigoyen, al ceder la presidencia a Marcelo T. de Alvear, se replegó en la provincia para dejar en claro quién retenía el control del distrito clave. Juan Domingo Perón miró con recelo el peso político de Domingo Mercante en territorio bonaerense.

Raúl Alfonsín debió convivir con el liderazgo ascendente de Antonio Cafiero; Carlos Menem enfrentó la gravitación de Eduardo Duhalde; y Néstor Kirchner terminó chocando también con Eduardo Duhalde, su antiguo aliado. Más tarde, Cristina tensionó al máximo su vínculo con Daniel Scioli, exhibiendo su capacidad de condicionarlo desde el poder central.

En Estados Unidos, varios presidentes atravesaron ciclos de debilidad y fortalecimiento parlamentario: Ronald Reagan debió negociar con una Cámara demócrata; Bill Clinton enfrentó un Congreso opositor que impulsó su juicio político por escándalos sexuales; y Barack Obama pasó de mayorías propias que habilitaron la reforma sanitaria a un escenario de bloqueo republicano.

El caso de Trump durante su primer mandato (2017-2021) es paradigmático: comenzó con mayoría republicana en ambas cámaras, lo que facilitó reformas, pero tras las elecciones de medio término de 2018 perdió la Cámara de Representantes y enfrentó investigaciones y dos procesos de impeachment, algo que hoy lo asedia como un fantasma. En su segundo mandato iniciado en 2025, el escenario volvió a redefinirse. Con un Partido Republicano reordenado en torno a su liderazgo y una oposición demócrata que intenta reconstruir capacidad de bloqueo, llevando el sistema al límite con sus aranceles proteccionistas, hoy cuestionados por la Justicia, el tercer poder del Estado.

En Argentina, la Cámara de Diputados representa al pueblo de la Nación. Sus miembros se eligen proporcionalmente según la población de cada provincia y de la Ciudad de Buenos Aires, lo que la convierte en el ámbito más sensible a los cambios de clima político y opinión pública. Su ethos está marcado por la dinámica partidaria, la negociación intensa y la iniciativa política. Allí suelen nacer los proyectos de ley más ligados a la agenda coyuntural y al pulso electoral.

El Senado de la Nación Argentina, en cambio, representa a las provincias como sujetos políticos iguales dentro del federalismo: cada distrito elige tres senadores, sin importar su tamaño. Esa lógica le otorga un carácter más territorial e institucional, donde pesan los gobernadores y los equilibrios federales. Su ethos tiende a ser más conservador y moderador, pensado como cámara de revisión y contrapeso, con competencias clave como el acuerdo para designaciones judiciales y diplomáticas. En conjunto, Diputados expresa la voluntad popular en clave demográfica, mientras el Senado encarna la arquitectura federal y la estabilidad del sistema. Por eso es llamativo que en votaciones sensibles haya habido diputados que definieran su voto en función de su pertenencia provincial. Cuando la lógica de la Cámara debería indicar otra cosa.

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Es justamente la lógica de la “rosca parlamentaria”, y los casos históricos de corrupción, como la “ley Banelco” o los “diputruchos” durante el menemismo, motivos del desprestigio en el que se apoya Milei para tildar de “nido de ratas” o de “degenerados fiscales”, al poder del Estado que más debería representar todas las voces del pueblo. Cuando el Parlamento es presentado de manera sistemática como obstáculo, conspiración o guarida corporativa, su función de control y representación queda desdibujada y se instala la idea de que la política democrática es, en sí misma, un problema.

Pero hay quienes opinan que el daño que La Libertad Avanza ha hecho a la institución es todavía mayor, con los escándalos por la venta de candidaturas, al haber llenado el Congreso de gente ignorante y sin experiencia, o directamente de “gatos”, como dijo Elisa Carrió. "Ahora veo gatos sentados. Antes eran acompañantes, después fueron asesoras, y ahora están sentadas en las bancas. Por lo menos que se formen", sostuvo, con su humor característico.

Son varios los hechos que motivaron mayores críticas a los representantes parlamentarios de La Libertad Avanza. En primer lugar, el delirante proyecto que quería presentar Lilia Lemoine de renuncia a la paternidad. "Ya que las mujeres tienen el privilegio de poder matar a sus hijos y renunciar a ser madres entonces, ¿por qué los hombres por ley tienen que mantener una criatura? ¿Porque les dijeron que tomaban la pastilla? Hay muchas mujeres que se aprovechan de los hombres”, remarcó.

En uno de los tantos papelones que protagonizó Juliana Santillán, la diputada exhibió su desconocimiento sobre la Canasta Familiar en un programa de televisión. “La Canasta Básica de una familia de 4 miembros en mayo fue de $ 360 mil”, dijo en julio pasado. Sin embargo, el último dato del índice marcaba que su valor era de 1,1 millones de pesos para 4 integrantes, el triple de lo que dijo la legisladora.

La Cámara de Senadores aprobó este jueves el proyecto de reforma de la Ley de Glaciares
La Cámara de Senadores aprobó este jueves el proyecto de reforma de la Ley de Glaciares

Miguel Ángel Pichetto se convirtió en una de las voces más insistentes en defensa de la liturgia y la densidad institucional del Congreso. Con décadas de trayectoria parlamentaria, en varias ocasiones reivindicó el respeto por los reglamentos y la centralidad del debate técnico por sobre la espectacularización mediática, denostando el estilo “redes sociales” que a veces parece imponerse en los debates actuales.

Su postura remite a una tradición en la que el Parlamento funcionaba como espacio de negociación reservada, construcción de acuerdos y conducción política con jerarquía interna clara. Sin reglas compartidas, sin respeto por la palabra y sin cuadros formados, la deliberación democrática corre el riesgo de diluirse en la mera confrontación performática. "En mi época, cuando entré como diputado nacional en el año 1993, yo hablé en el segundo año. Había disciplina, ahí no hablaban todos, hablaban los que conocían del tema", dijo Pichetto.

Ayer, el Senado aprobó cambios a la Ley de Glaciares con 40 votos a favor, 31 en contra y una abstención, y ahora el proyecto quedó en manos de Diputados. El punto más controvertido habilita a las provincias a definir la autoridad de aplicación para identificar glaciares y áreas periglaciares, lo que para el oficialismo fortalece el federalismo y el dominio originario de los recursos, pero para la oposición debilita el rol técnico del IANIGLA y fragmenta los criterios ambientales.

Por otra parte, la aprobación de la reforma laboral volvió a demostrar que el oficialismo depende de la negociación clásica, alianzas tácticas y manejo fino de los tiempos. El ala política del gobierno, con Patricia Bullrich, Martín Menem y los operadores legislativos fue decisiva para reunir los votos, junto a Diego Santilli, Manuel Adorni, “Lule” y Karina Milei. Sin embargo, la experiencia posterior a la Ley Bases dejó una advertencia: cuando el Gobierno rompió puentes y se envalentonó, terminó aislado y con dificultades para sostener mayorías. Trump tuvo que salir al rescate a último momento para que el armado oficialista no colapse.

El Gobierno buscará este domingo en la apertura de sesiones ordinarias escenificar su hegemonía política y vender un relato de orden macroeconómico. Pero pese al dato de crecimiento del 1,8% en diciembre de 2025, la economía real muestra un deterioro marcado en sectores intensivos en empleo. En noviembre cerraron 892 empresas y, en los primeros once meses del año, más de 10.000; desde el inicio del Gobierno ya desaparecieron casi 22.000 compañías.

La caída no se limita a rubros considerados poco competitivos, como el neumático en el caso de Fate, sino que también alcanza a energía y tecnología. Incluso el cuentapropismo y el trabajo en plataformas, que habían amortiguado el impacto en el desempleo, empiezan a mostrar señales de saturación. El consumo debilitado y la pérdida de poder adquisitivo se reflejan en encuestas y en una baja de la confianza en el Gobierno.

Además, las consultoras privadas coinciden en que en febrero no se registraría una desaceleración significativa de la inflación tras el 2,9% de enero informado por el Indec. Las proyecciones oscilan entre 2,8% y 3%, lo que complica la meta oficial de perforar el 3% y acercarse a un índice mensual que comience con cero. El principal factor de presión sigue siendo alimentos y bebidas, con subas destacadas en carnes, pescados y verduras, mientras otros rubros muestran aumentos más moderados. La inflación núcleo continúa elevada, reflejando una inercia que dificulta una baja contundente en el corto plazo.

El “Congreso violeta” no nació de una épica refundacional sino de una combinación más cruda: debilidad opositora, miedo al vacío y una economía que todavía no estalla. Milei pasó de dinamitar simbólicamente el recinto a administrarlo con la misma rosca que juró destruir. El antisistema terminó necesitando del sistema; el outsider, de los operadores; el látigo, de la servilleta donde se anotan los votos. Y así, el Parlamento que era un “nido de ratas” mutó en sostén imprescindible de un poder que hoy depende más de su mayoría legislativa que de los indicadores económicos que prometía ordenar.

¿Pero qué pasa si la economía mileísta se agota? Un Congreso que se pintó de violeta por conveniencia puede desteñirse con la misma velocidad si el costo social se vuelve políticamente impagable. La hegemonía construida a fuerza de negociación y relato puede ser sólida mientras haya expectativa; cuando lo que crece son los cierres de negocios, la inflación y la caída del nivel de vida, el Congreso “más reformista de la historia” podría volver a convertirse en un obstáculo para los planes del Presidente.

Producción de texto e imágenes: Facundo Maceira

TV/ff