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MODO FONTEVECCHIA
indultos menemistas

La historia poco conocida de los indultos de Menem a militares y Montoneros

Ceferino Reato reconstruye cómo Menem superó su rencor y transformó la presión de los Montoneros en política de Estado.

20240717 Montoneros
Montoneros | CEDOC

Los indultos de Carlos Menem a militares y Montoneros suelen contarse como un gesto de reconciliación general, pero detrás de esa narrativa hay nombres, estrategias y curiosidades que rara vez salen a la luz en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190). Ceferino Reato, periodista e investigador, reconstruye en su libro Pax menemista los detalles de cómo los ex guerrilleros fueron los que promovieron los perdones presidenciales y cómo Mario Montoto, histórico referente de los Montoneros y hoy empresario de seguridad, se convirtió en intermediario clave de aquella decisión.

Ceferino Reato es licenciado en Ciencias Políticas, escritor y periodista. Dirige la revista Económica Fortuna. De 2005 a 2010 fue editor jefe del diario Perfil. Antes se desempeñó como redactor de política nacional en Clarín, asesor de prensa en la embajada argentina ante el Vaticano y corresponsal de la agencia internacional de noticias ANSA en San Pablo, Brasil. Entre sus últimas obras se destacan Padre Mujica (2024), su investigación sobre el asesinato del sacerdote Carlos Mujica y el uso político de su figura. También publicó Masacre en comedor en 2022, que relata el atentado de Montoneros a la Policía Federal en el año 1976. Ahora presenta su última obra, Pax menemista, libro que explora la historia secreta de los indultos de Carlos Menem a militares y montoneros.

Leí ayer con atención una parte del capítulo que publicó La Nación, donde Mario Montoto aparecía como el artífice de aquellos indultos, que además muestran que es al revés: no fueron los militares los que lo pedían, sino que, casualmente, quienes los pedían eran los guerrilleros. Me gustaría que nos cuentes, con tus palabras y para nuestra audiencia, esa parte de la historia argentina que no es tan conocida.

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Sí, hasta yo pensaba que eran los que habían sido los militares los que le habían pedido a Menem, los carapintadas, pero también los otros que no eran cara pintada y estaban presos por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, que le habían pedido que los indulte, pero no fue así. Fueron los montoneros, ni siquiera en la campaña interna del peronismo, cuando los montoneros deciden apoyar a Menem, estoy hablando de 1988, sino que eso venía de mucho antes. Había habido ya documentos de los ex montoneros reciclados como una corriente de dentro del peronismo, donde decían: “Miren, nosotros en este país ha habido una guerra civil intermitente. Lo mejor es dejar el pasado atrás, procurar una solución política que puede ser una amnistía o un indulto”. Ellos apoyaron a Menem con la promesa de Menem de que les iba a beneficiar con este perdón presidencial, como finalmente hizo.

Montoto, que hoy es un gran empresario en seguridad, en defensa, era el apoderado de Firmenich, también padrino de sus hijos, es decir, una persona muy, muy cercana a él, muy de confianza, y fue el negociador con Menem. Integró, digamos, la cúpula de campaña de Menem, especialmente en la interna contra Cafiero, contra Cafiero. Después, claro, era el caballo de Menem y entonces cambió toda la cúpula y ya era el candidato favorito porque el peronismo se perfilaba como ganador frente al radicalismo. Pero lo cierto es que no fueron los militares, sino los ex montoneros los que fueron con la idea del indulto a Menem.

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También es interesante esa parte que vos contás en el libro donde Menem inicialmente reacciona negativamente porque tenía mucho rencor por la cantidad de años preso que lo tuvieron los militares, primero en el barco Los 33 Orientales y después en Las Lomitas. ¿Cómo creés vos que Menem procesó el odio secundarizado frente a la oportunidad política?

Y Menem era una persona muy especial, como vos lo conocés bien. Tenía un particular sentido del bien y del mal. Sus partidarios consideran que él nunca tuvo odio. Montoto dice, y es la fuente que yo uso en el libro, que sí, que al principio le costó digerir esa idea, pero que rápidamente lo hizo. A Menem yo no le puedo preguntar porque ha fallecido lamentablemente, pero en realidad esa revelación la hizo el periodista Claudio Saboya en el diario Clarín ya en el 2011, cuando Menem estaba vivo, por cierto. Claro, no pudo citar la fuente de Montoto porque le habló de off the récord, era el 2011, pleno kirchnerismo.

Pero quiero decir, probablemente lo que dice Montoto sea cierto y haya sido esa la reacción original de Menem. Pero lo interesante es que Menem tardó muy poco tiempo, un par de horas, para digerir eso, porque ya en el acto de campaña de Punta Alta, es decir, dos horas después de que Montoto le sugiriera esa apertura hacia los militares, ya en el acto asimiló todas las palabras que Montoto le había dicho en el hotel dos horas antes. Había reaccionado en el hotel mal, diciendo: “No, me tuvieron preso, no me dejaron ir ni siquiera al velatorio de mi mamá. No me pidas eso, Mario”. Y después cambió con las mismas palabras, con los mismos argumentos que Montoto le había deslizado dos horas antes. Es decir, hay un gran sentido de la oportunidad política.

Menem era un hombre con una ética del poder. Sus partidarios y su hermano Eduardo Menem y todos dicen que nunca sintió odio y demás, le agregan esa faceta. Otros críticos dicen: “No, lo que pasa es que los montoneros le pusieron mucho dinero en la campaña y es un pago el indulto”. En fin, hay distintas lecturas. Lo cierto es que Menem hace los indultos a sugerencia de montoneros. Lo cierto es que también él estuvo cinco años detenido por los militares y él creía que con eso bastaba para el perdón presidencial a los militares.

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Tengo un testimonio que se puede sumar, que me parece coincidente con el de Montoto, de que no sé si odio, pero él tenía resentimiento por la detención que había pasado, que es cuando yo estoy asilado en la embajada de Venezuela. Él era amigo del embajador, que era de origen árabe, el embajador venezolano, y le permite que venga a visitarme, cosa que normalmente en un caso así no está permitido.

Él había intercedido con el embajador, así que el embajador se lo permitió y las primeras palabras fueron: “Yo sé lo que es esto, yo sufrí mucho en Las Lomitas”. O sea, lo primero que le salió a mí en ese momento que lo conocí, estando yo asilado en una embajada, es que él sentía profundo dolor por lo que producían en aquellas personas que eran disidentes. Así que lo primero que le salió fue su detención en Las Lomitas. Así que me resulta verosímil lo que te cuenta Montoto y creo que al mismo tiempo lo que marca es la capacidad de Menem de colocar lo conveniente por arriba de su propio deseo, ¿no?

Otra historia interesante es supuestamente el apoyo de Kadafi que le dio a la campaña y luego cómo lo traicionó porque no le convenía, y el enojo de Kadafi, que se lo transmitió a Cavallo en una reunión que tenían con Kadafi. Menem no se animó a ir y Cavallo cuenta que Kadafi los insultó de arriba abajo porque se había colocado una cantidad de dinero en la campaña y luego Menem no cumplió. Es decir, no es que cumplió por el dinero. Me da la sensación de que a Menem le venía, era funcional, porque Alfonsín representaba el juicio a los militares. Por lo tanto, Cafiero, que había quedado pegado con Alfonsín, él le gana a Cafiero siendo lo contrario a Alfonsín. Entonces esto era continuar con esa idea de diferenciarse de Alfonsín. ¿Te parece plausible esta hipótesis?

Sí, yo creo que sí. Es muy valioso el testimonio ese de cuando él te va a visitar, cuando estabas asilado. Agrego una cosa que me sorprendió mucho, me lo contó el coronel Igounet, que fue el edecán durante siete años de Menem, en un momento. Claro, el que ordena su traslado a Las Lomitas, porque según dijo el mismo ministro del Interior, Arguindegui, que era muy duro, dijo: “Lo mando a Las Lomitas porque es verano y es el lugar donde más calor hace en la Argentina. Si fuera invierno, lo mandaría a Ushuaia, probablemente”. Bueno, lo manda a Las Lomitas, ahí está. Era difícil estar en Las Lomitas en ese tiempo para cualquiera, para él también.

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Y después, sobre Arguindegui, por ejemplo, Iguinet me cuenta que en un momento lo llama la hija de Arguindegui, que estaba casada con un militar amigo de Iguinet, compañero de promoción, y le dice: “Mire, yo trabajo acá en la Municipalidad de Buenos Aires, en la Dirección de Museos. El intendente, que era Carlos Grosso, se enteró de mi parentesco y me mandó al archivo, no sé dónde, en La Boca. Me gustaría recuperar mi puesto”.

Le dice Igounet a Menem y Menem ordena que lo llame a Grosso. En aquel momento el intendente era, digamos, un funcionario más, lo nombraba el presidente, y le dice que por orden del presidente la hija de Arguindegui vuelva a su lugar. Es decir, eso no tenía ninguna necesidad de hacerlo. Eso lo destaco porque hay que ser magnánime, creo yo, siempre, y más en la victoria política. En estos tiempos donde no hay magnanimidad, también me gustaría, porque estoy viejo y estoy pensando siempre que el tiempo pasado tal vez fue mejor que el presente, la magnanimidad en política es algo que siempre hay que elogiar.

La reflexión que me produce es que la vida solo de Montoto es una vida de película, porque una cosa es transformarse de ser la mano derecha de Firmenich en una persona capitalista, pero otra no es simplemente eso, es gozar de la credibilidad de los servicios de inteligencia israelí, por lo tanto estamos hablando de los servicios de inteligencia norteamericanos, en un área tan escabrosa como la seguridad, la venta de armas. Me gustaría una reflexión tuya sobre Mario Montoto.

Sí, Mario Montoto, Marito para los amigos, admiradores. Es una persona muy sorprendente. Es una persona ciertamente fascinante, por todo lo que decís vos. Es muy amable. Como fuente es extraordinaria, porque que quiera aparecer con nombre y apellido yo creo que es algo bueno para los lectores, porque, como decís vos, tiene muchas cosas, vivió muchas cosas y es importante que las quiera transmitir. Yo todavía no terminé de conocerlo porque él me dio dos entrevistas, yo siempre hago más de una entrevista por las dudas, y es una persona fascinante, difícil de conocer, pero muy respetada. Es el presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Israelí. Persona muy importante, muy valorada por todos los gobiernos de Israel. También lo mismo con Estados Unidos.