MODO FONTEVECCHIA
Bienestar y salud

Pacho O’Donnell: "Hay una gran negación del paso del tiempo y una industria detrás de eso"

El autor del libro "La nueva vejez: ¿La mejor edad de nuestras vidas?", reflexionó sobre los prejuicios culturales que tenemos y las claves para vivir plenamente la que es, actualmente, "la etapa más larga de nuestra vida".

Pacho O'Donnel
Pacho O'Donnel | Télam

Pacho O’Donnell está presentando actualmente su libro “La nueva vejez: ¿La mejor edad de nuestras vidas?”, trabajo en el que reflexiona acerca de su experiencia de vida, los prejuicios culturales sobre “ser viejos” y las claves para tener una vejez plena. “Saber que tenemos 90 minutos nos hará tratar de dar lo mejor de nosotros en el campo de juego”, expresó en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) y Radio Amadeus (FM 91.1).

Pacho O’Donnell es escritor y médico especializado en psiquiatría y psicoanálisis. Además, fue secretario de Cultura de la Nación entre 1994 y 1997, y de la ciudad de Buenos Aires entre 1983 y 1986. En su gestión se crearon instituciones tan importantes como el Inca y el Instituto Nacional del Teatro. Además, fue legislador de la ciudad de Buenos Aires del 2002 al 2003, senador nacional entre 1998 y 1999, y embajador en Bolivia (1993-1994) y en Panamá (1992-1993).

Viejismo

¿La vejez es la mejor edad de nuestras vidas?

Habría que plantear el hecho de que la vejez, en este momento, es la etapa más larga de nuestra vida. Es más larga que la adolescencia, la infancia, la juventud, y tan larga como la adultez, debido a la sobrevida, a la extensión de la vida que ha logrado la ciencia.

En ese sentido, deberíamos estar preparados para hacer algo con esa etapa de nuestra vida. Hasta hace poco, era que uno se jubilaba y después esperaba la muerte.

Tengo 82 años. Si suponemos que la vejez empieza a los 60, tengo 22 años de viejo, es un montón de tiempo. Lo que yo planteo en el libro es que hay que desechar la visión discriminatoria que supone que la vejez es una etapa dura y oscura, que ve a los viejos como enfermos, solitarios, deprimidos, discapacitados.

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Hay que ver la vejez como una etapa creativa, erótica, dinámica. Eso es una cuestión de quitarse de encima los prejuicios culturales, el viejismo.

Yo, gracias a Zoom, tengo la posibilidad de entrevistar aproximadamente 40 premios Nobel por año. De medicina debo entrevistar 4 o 5. Todos coinciden en que este siglo va a ser el siglo del fin de la enfermedad, ya que cada semana se descubre, por ejemplo, una cura a un cáncer que era incurable.

Además, la inteligencia artificial coloca en proyección geométrica los avances de la medicina. Eso va a, probablemente, colocar la vida promedio en unas décadas, quizás, hasta el doble de la esperanza de vida actual. ¿No habrá que correr los parámetros que tenemos para determinar las edades?

Fijate vos que, cuando Cervantes habla del Quijote, habla de un “viejo de 50 años”. Yo soy un ejemplo de la ciencia sobre la supervivencia.

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A mis 63 años, en 2004, fui diagnosticado con una insuficiencia cardíaca severa. Es una enfermedad grave, que tiene una supervivencia de cinco años promedio, y aquí estoy, con 82 años.

Es decir que, el planteo no es tanto que la vejez se prolonga porque es una vejez sana, la vejez inevitablemente trae aparejados problemas de salud.

Pacho O’Donnell
Pacho O’Donnell

Ha habido congresos que plantean hasta la posibilidad de llegar a la inmortalidad, que a través de la inteligencia artificial, los diagnósticos genéticos, el reemplazo de órganos,  puede llegar un momento en que la vida humana se extienda indefinidamente, y lo dicen con mucha seriedad y buenos argumentos.

Fijate un detalle: le dicen amortalidad, no inmortalidad, porque no es un don divino. La inmortalidad no puede evitar que te mueras por un balazo o por un accidente automovilístico.

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¿Es distinta la vejez para el hombre que para la mujer?

En la mujer es más complicado, porque es doblemente discriminada, como mujer y como vieja.

Fijate que estoy utilizando las palabras viejo, vieja, vejez, con mucha naturalidad, porque justamente, el prejuicio hacia la vejez hace que sean palabras incómodas. Es la palabra que tiene más sinónimos en el diccionario. Muchos más que niño o que joven.

La mujer, muchas veces, ha cedido durante su vida el manejo de las situaciones de la realidad al esposo, se ha ocupado de tener hijos y cuidarlos, y luego, cuando llega a ser una persona mayor, y con mucha frecuencia viuda, porque hay muchas más viudas que viudos, se encuentra desvalida ante la situación de la realidad, y eso es complicado.

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Pablo Corso: En otra entrevista contaste que, después de tu diagnóstico grave, tuviste un redescubrimiento de tu cuerpo. ¿Ese redescubrimiento fue producto de tu propia experiencia? ¿de hacer ejercicio? ¿Hubo investigaciones de estudios que potenciaron esa impresión?

Exactamente. El médico que me atiende, el doctor Marino, un excelente especialista, me recomendó hacer gimnasia para fortalecer las partes del corazón que estaban sanas

Sufrí un proceso adictivo. Me enganché con la gimnasia, sigo enganchado apasionadamente, sobre todo por los efectos casi milagrosos. Te cambia el cuerpo, te baja el colesterol, te regulariza la presión arterial y el azúcar. Te da más dinamismo, mayor capacidad intelectual. Te fortalece el sistema inmunológico.

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Hay una serie de ventajas que hacen que uno saque la conclusión de que no hacer gimnasia, en todas las edades, pero sobre todo en la vejez, tiene efectos tan negativos como fumar o drogarse.

Eso tiene que ver con un prejuicio. Se supone que la vejez es pasiva, que el viejo es inactivo. Hay un dicho en mi libro que dice “no es que no te mueves porque eres viejo, sino que eres viejo porque no te mueves”.

La importancia de la actividad física y de la actividad mental, que también es muy importante desarrollarla en las personas mayores. Está comprobado que demora y hasta puede impedir el Alzheimer.

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Me quedé pensando en esta idea de la amortalidad. Esto cambiaría toda la filosofía. El libro canónico de Heidegger habla del “ser para la muerte”. Los humanos, a diferencia de los animales, sabemos que somos finitos, la amortalidad cambiaría toda la percepción y todos los valores del humano.

Mi amigo Eurnekian, con 91 años, me acusa de aburrido y viejo, y está siempre proponiendo cosas nuevas. Él entrena con Cooper. Empezó a entrenar en los ‘70, cuando se empezó a hablar de footing y running, algo que era novedoso. Hace una hora de natación y entrenamiento en el gimnasio por día. Evidentemente, ahí hay una fórmula que vos mismo estás comprobando.

Pero además, vos, con tu doble condición de psiquiatra y escritor, sería lindo un libro de ficción que hable cómo cambiaría la subjetividad y el psicoanálisis con la amortalidad, cuando Heidegger pase a ser obsoleto.

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Borges reflexiona sobre la inmortalidad, y dice que le quitaría sentido a las cosas. Incluso hace un chiste, que, a la larga, todos escribiríamos La Ilíada alguna vez.

La idea es saber que somos finitos, lo cual negamos. Hay una gran negación del paso del tiempo, y hay grandes industrias sobre esto: las operaciones estéticas, los tratamientos rejuvenecedores, las arrugas se extirpan, las canas se pintan. 

Pero es muy importante saber que el partido de fútbol dura 90 minutos. Tenemos 90 minutos para hacer goles, buenos pases, quitarle la pelota al rival. Saber que tenemos 90 minutos nos hará tratar de dar lo mejor de nosotros en el campo de juego.

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Esa era la tesis de Heidegger. Yo le regalé Ser y Tiempo a Eurnekián. Un amigo, Facundo Manes, me decía “vos estás loco”. Pero, por el contrario, la idea de Heidegger era que la conciencia de finitud nos hace vivir más plenamente. Saber que la vida tiene límite hace que se viva con más intensidad.

También está el concepto de “la nada” de Sartre. Si la vida es la nada, azarosa, pensar que salimos de un espermatozoide entre 150 millones que salen en cada eyaculación. Uno de ellos se abraza al óvulo, y ese somos nosotros.

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Fijate el nivel de azar de la vida. Entonces, esa nada que planteaba Sartre, nos obliga a hacer algo digno de la vida, darle algún sentido. Y mientras seamos capaces de darle algún sentido, seguramente tendremos una mejor vejez.

La mejor vejez está intrínsecamente relacionada con una mejor vida, con una vida capaz de haber sido coherente con uno mismo, de haber podido cambiar cuando fue necesario, de haber podido cumplir con los objetivos, festejar el deseo propio sin confundirlo con el deseo social o con el deseo de otro.

FM JL