miércoles 17 de agosto de 2022
MODO FONTEVECCHIA INTERPRETACIÓN RACIONAL DEL MUNDO

Una nueva excursión a la mecánica cuántica

En Helgoland, su último libro, el italiano Carlo Rovelli explica con maestría los conceptos fundamentales (y las derivaciones filosóficas) de una teoría revolucionaria.

En el verano de 1925 el joven físico Werner Heisenberg decidió refugiarse en Helgoland, una isla alemana en el Mar del Norte, para estudiar una idea que lo perturbaba. Después de pasar noches enteras sin dormir y de trepar riscos inaccesibles para buscar claridad, llegó a una conclusión desconcertante.

Contra la creencia generalizada, los electrones de los átomos no se movían en órbitas continuas y predecibles, sino en “saltos” entre órbitas. Sólo se podría inferir su ubicación a través de una serie de tablas que indicaban posiciones posibles. Así nació el concepto de “salto cuántico”, y con él la mecánica cuántica, llamada a revolucionar nuestra concepción del mundo.

Al descubrimiento de Heisenberg se fueron sumando los aportes de mentes brillantes como Niels Bohr, Max Born, Erwin Schrödinger y el propio Albert Einstein, este último muchas veces desde una visión escéptica, que sin embargo ayudó a enriquecer la comprensión de las ideas más disruptivas de la teoría. Entre ellas, que una partícula pudiera estar en más de un lugar al mismo tiempo, o que el observador de un fenómeno fuera capaz de modificarlo con su mera presencia.

Carlo Rovelli

En Helgoland (Anagrama), el físico italiano Carlo Rovelli trasciende las derivaciones más extravagantes de la física cuántica -como los universos múltiples o paralelos- para sumergirse en sus implicancias más sutiles y profundas. La propuesta es abrazar la indeterminación para abrir una interpretación relacional del mundo: nosotros, los demás y todos los objetos que nos rodean no existen en una materialidad fija sino en los cruces, azarosos o no, que experimentamos con ellos.

“La mejor descripción de la realidad que hemos encontrado es la formulada en términos de sucesos que tejen una red de interacciones”, escribe Rovelli. “Los «entes» solo son efímeros nodos de esta red. Sus propiedades no se determinan hasta el momento en que se producen estas interacciones y solo en relación con otra cosa: cada cosa solo es lo que se refleja en las otras”. Un objeto que no interactúa y que no es observado es como si no existiera. Las consecuencias son conmovedoras e inquietantes, pero vale la pena indagar en el misterio.

JL PAR