viernes 07 de octubre de 2022
OPINIóN Psicología

¿Crisis de los 40? ¡Por favor!

La mayoría de la gente deja de sentirse joven a los 40 (en la Argentina, a los 46). Y a los 60 comienza a sentirse vieja. En el medio, la más famosa de las crisis existenciales.

16-08-2022 12:35

En 1984 el grupo alemán Alphaville presentó su álbum Forever Young, con la canción del mismo nombre que aún escucho en las “radios de clásicos”. El estribillo dice: “Forever young, I want to be forever Young” (“Siempre joven, quiero ser joven por siempre”). Sin duda, algo imposible porque, en determinado momento, dejamos de ser jóvenes y, entonces, entramos en la “crisis de los 40” o de la “mediana edad”.

Antes que nada, un dato estadístico. Según un relevamiento mundial realizado en 2019 por Worldwide Independent Network of Market Research, la mayoría de la gente deja de sentirse joven a los 40 (en la Argentina, a los 46). Y a los 60 comienza a sentirse vieja. En el medio, la más famosa de las crisis existenciales.

Al cumplir 48 años, en 1965, el psicoanalista canadiense Elliott Jaques le puso nombre y apellido al fenómeno. “A los 35 años la persona alcanza la plenitud de la vida y observa ante sí un trayecto en declive que concluye con la muerte. Esto produce una crisis: un período de angustia y depresión”, escribió este verdadero aguafiestas de la vida.

El problema está en cómo afrontar este momento de inflexión que puede durar unos cuantos días o ¡unos cuantos años! Como dice Deepak Chopra, la mayoría de la gente prefiere mirar televisión en lugar de enfrentar sus problemas. Aquí sucede algo parecido.

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Ante una serie de síntomas inequívocos de que la juventud quedó atrás —desde la aparición de las canas hasta la menopausia, pasando por el “nido vacío” o la necesidad de cuidar de nuestros padres, el repertorio es vasto—, mucha gente decide hacer lo mismo que ante otros problemas. Evitarlos.

Por ejemplo, vestirse como un adolescente, teñirse las canas o injertarse pelo, hacerse fanático del running y del gimnasio o ser adicto a las cirugías. También hay quienes echan todo por la borda: abandonan a su cónyuge y salen a la caza de una “pareja trofeo” (más joven, obvio), cambian su auto de gama media por otro de alta gama y hasta pueden caer en la bebida y en las drogas.

Este estereotipo, alimentado por el cine (Belleza americana lo retrata de manera excepcional), existe, afirma el psicólogo y psicoanalista empresarial Douglas LaBier. Pero agrega que muchos de sus pacientes aprovechan la crisis para hacer cambios productivos. Porque las soluciones descritas son como tomar aspirina para combatir el cáncer.    

Lo admito: un divorcio puede llevar a una etapa de mayor felicidad, pero también puede dejarte más solo que un perro solitario. Cambiar de trabajo o profesión puede ser una buena opción, pero, cuidado, porque conseguir empleo a los 40 o 50 es una verdadera odisea. 

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Los terapeutas son de gran ayuda para quienes desean resolver la crisis en serio. Aquí rescato algunos consejos de la psicóloga española Cristina Agud Mañé: abandonar la impulsividad y meditar las acciones; valorar lo que se hizo e ir hacia nuevas metas (alcanzables, agrego); abandonar los clichés, porque no todos sentimos lo mismo y, sobre todo, entender que lo de “juventud, divino tesoro” es solo un dicho.

Los adolescentes y jóvenes también sufren, aunque, es cierto, a los 20 nos sentimos inmortales. Los dejo, porque ahí pasan de nuevo la canción y no puedo evitar escucharla: “Forever young, I want to be forever Young”.